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martes, 30 de marzo de 2010

La Vía del Tantra

A veces me pregunto por qué se preocupará tanto la gente por aquello del sexo...
Je.., ¡jejejeje! Obviamente, estoy de coña.

En realidad, el término "tantra" referido a la sexualidad ocupa sólo un pequeño 10% de esta disciplina... La meta prioritaria del auténtico tántrico es la transformación interior; sí, sí: ese tipo de transmutación espiritual que a no todo el mundo gusta, que no todo el mundo alcanza porque conlleva tanto trabajo interno, y que pertenece a los nunca suficientemente explorados dominios de la astrológica Casa 8.

He conocido a gente enredada en un "tantrismo" un poco de andar por casa, imbuído de aparatosos y complicados rituales pseudo-mágicos, a los que no sé si les habrían prometido el oro y el moro con respecto a ver fuegos artificiales o a sentir ascender a la Kundalini a lo bestia por medio del sexo.

Será por mi Saturno en Tauro y en la 8.., pero a mí todas esas cosas me dan un poco de dentera.

El tantra es algo muy diferente a eso de darle rienda suelta a la libido. ¡Radicalmente distinto!

Por no hablar de los "enteradillos": los que van diciendo por ahí "es que a ésa le hacen falta 20 polvos", etc... Ésos son legión.., como los demonios.

El Tantra es un método para la evolución de la conciencia, y aporta técnicas para que dicha transformación sea posible. Algunos de estos métodos, todo hay que decirlo, no están absolutamente carentes de riesgo. Otros, lejos de resultar "hedonistas", como todo el mundo cree, son puramente ascéticos o de estricto autocontrol.

El verdadero seguidor de las doctrinas del tantra, a pesar de que acceda a las mieles del disfrute, mantiene dentro de lo posible una conciencia clara, impidiendo cualquier automatismo, y rompiendo las vías de la mecanicidad.

El sexo es enemigo de la mecanicidad y del automatismo... Para dedicarse a eso, señores, mejor lo dejamos para otro día, que es peor el remedio que la enfermedad. Yo prefiero permanecer en absoluta y rigurosa abstinencia que dedicarme a practicar el sexo como el que abre una lata de mejillones.

En última instancia, la persona que practica el tantra aprende a no dejarse condicionar por los acontecimientos externos ni por los internos (psiquis), puesto que todo en la vida y en la auténtica realidad es un puro estado de conciencia, y nada más. El tántrico se autoimpone la gigantesca tarea de modelar (que no reprimir) su mente, y de obtener una apertura de su Visión. El tántrico no se evade: acepta. No rechaza: incorpora. Cualquier evasiva, cualquier renuncia, cualquier desconexión en materia de sexo es asesina del Ego y de la psique.

Yoga, meditación, consciencia, acontecimientos externos e internos, contemplación, acción y disfrute: éstas son las herramientas de la Vía del Tantra. Este camino existencial huye del apego, busca el equilibrio, despliega la libertad, se ejercita en el amor consciente y vive la pasión a plenitud. Despierta, así, la fuente más poderosa de energía que puede alcanzar el ser humano, la cual consigue elevar la mente y el espíritu hasta los niveles más altos. Y no sólo trabaja con la pasión amorosa o sexual, por cierto, sino con todo tipo de pasión.

Enraizada en la oscuridad, camino para la iluminación: así es el Tantra. Todo consiste en transmutar, como el todopoderoso Shiva, el veneno en néctar. Como dice Ramiro Calle, "ganar el paraíso por asalto, con intrepidez, es la vía del tántrico". Como dice asimismo el personaje central de su relato "El faquir" (que por Dios, desde aquí os recomiendo encarecidamente), "la vida hay que tomarla toda ella".., y dejarnos de estupideces, añadiría yo.

Que para eso estamos aquí, y no precisamente para flagelarnos.

¡Besotes!


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