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viernes, 15 de noviembre de 2013

De dragones, aguas, granadas y sierras...

      
 
Hay veces en la vida en las que uno tiene que detenerse y ponerse, literalmente, a cubierto... Tengo clientes que se encuentran en una situación muy crítica al respecto, y siempre les digo lo mismo: detente, guárdate, cúrate, cuida de ti. Así es: uno tiene primero que velar por sus propios intereses. Espiritualmente, no hay obligación más grande en esta vida que la de estar sano (física, mental, espiritualmente). Y si hay algo que nos enferma, provenga de dónde provenga, tenemos que detenernos, observar qué está ocurriendo, y proveer los medios necesarios para la curación.
 
Por eso no he escrito en el blog hasta hoy. He seguido trabajando, obviamente, pero a otros niveles. Los últimos eclipses, Mercurio retrógrado, la cuadratura entre Plutón y Urano.., han sido, de alguna manera, demasiado para mi.
 
Ahora que he recuperado el pulso y la vitalidad (porque hay veces en que me someto a tales límites, que caigo en el riesgo de ponerme verdaderamente enferma), quiero hablaros de esos dos colgantes que veis en la foto de más arriba. El de la izquierda es una piedra que se denomina "Sangre de Dragón". Todavía estoy investigando de qué está compuesta, puesto que existe muchísima confusión al respecto. Hay gente que asegura que es cinabrio sobre serpentina, mientras que otros afirman que se trata de una variedad de jaspe. No he encontrado todavía la verdad, pero la encontraré :-)
 
Lo importante de esta piedra es que apareció poco después de un curioso pensamiento que tuve en mi mente... Estuve cuatro días en Lanjarón, provincia de Granada: un lugar magnífico por sus aguas, de propiedades mineromedicinales. Acabé allí a causa de toda una serie de curiosas coincidencias, de una conjunción de sincronías y de grandes dosis de buena suerte. Y por Dios que lo agradezco, ¡porque lo necesitaba! Dos días más en el estado en el que estaba de nervios, estrés, ansiedad y tristeza, y no sé qué hubiera sido de mi.
 
Pero tengo junto a mi alma, pegado como una auténtica lapa y sirviéndome como aliado, al Dios de la Transmutación y el Renacimiento, al enigmático Plutón.., y soy capaz de regenerarme en un fin de semana y volver a ponerme en pie, si es preciso, si es necesario: y lo es, tened por seguro que lo es. ¡Este corazón no se deja tumbar tan fácilmente!
 
Me metieron en una especie de sarcófago lleno hasta el borde del agua ferruginosa (roja como la sangre por el hierro que contiene) del manantial de El Salado, durante aproximadamente media hora... Es un agua de tales características que te recomiendan que te bañes desnudo, porque colorea de tal forma el bañador, que puede volverlo inservible. Así que me metí desnuda en el tanque, con el agua hasta el cuello. Cuando estaba allí sumergida, me sentí extraña, rarísima, rodeada de hierro por todas partes. Ese hierro que muchas veces me había atacado (eso pensaba yo), ahora lo estimaba como completamente curativo. Sentí su fuerza y su poder regenerativo, vital, creador, fortalecedor. Inmediatamente, se me ocurrió la idea que os digo: "esto es ni más ni menos como la leyenda de Sigfrido, que se bañó en la sangre del dragón para alcanzar la inmortalidad". ¡Y luego, al día siguiente, apareció la bendita piedra, que por cierto me regalaron y ahora mismo llevo al cuello!
 
Dicen que la piedra Sangre de Dragón (ya sea cinabrio, ya sea jaspe) trata el dolor de todo tipo (físico, mental, espiritual), y que activa la circulación. También otorga coraje a los indecisos, y se dice que contiene una fogosa energía que lo llena todo de vitalidad y fuerza. Está relacionada con todo lo que crece y se expande, y por este mismo motivo está también indicada para aquellos que quieren iniciar un negocio.
 
El otro colgante, el de plata, también me lo regalaron :-)... Como podéis ver es una fruta, una granada (ya que las Alpujarras, donde estuvimos, se encuentran en esta provincia española, que obtiene su nombre precisamente de estos frutos, que allí son muy comunes). La última vez que estuve en Granada sufrí un accidente de esquí y me rompí la rodilla derecha. Así que no las tenía todas conmigo a la hora de ir a hacer montaña a esta zona. ¡Pero lo hice! Subí a un pico que teníamos pendiente desde hacía mucho: La Alcazaba (3371 metros), una "dama de hierro" (como yo la llamo) de espectaculares vistas desde su cara norte, y la cual me enseñó dos cosas, a saber: que soy mucho más fuerte de lo que me imagino, y que la distena y la estaurolita (dos de los minerales más abundantes por la zona) me vienen a mi bien.., ¡muy bien!
 
El simbolismo de esta fruta, la granada, es muy antiguo y complejo... Incluso los masones lo han tomado como eje principal de algunos de sus misterios más arcanos. Algunos dicen que los primeros en venerar las características de estas frutas fueron los sacerdotes egipcios, pero yo estoy segura de que viene de mucho más atrás, de más antiguo (se sabe que los jardines colgantes de Babilonia estaban plantados con granados, entre otras múltiples especies)... Sin embargo, el mito más conocido por todos es el de los misterios de Eleusis, basados en torno a la leyenda de Deméter (la diosa de las cosechas) y su hija Perséfone, que fue raptada por el dios del Inframundo, el mítico Hades, con el cual la joven estableció lazos indelebles, sin saberlo, al comer el fruto rojo de la granada. En este sentido la granada representa el casamiento, la fertilidad y la afectividad, y funciona como una verdadera "amalgama afectiva", creadora de lazos indisolubles. Este fruto de simbolismo complejo actúa como un puente entre la luz y las tinieblas, el bien y el mal, la sabiduría y la ignorancia, la vida y la muerte, o la virtud y el pecado.
 
Al fin y al cabo, dicen que todo es una elección. ¡Una simple, llana y certera elección!
 
Muchos pueblos han visto en la granada un símbolo del amor, de la fertilidad y de la prosperidad. Los griegos afirmaban que el primer granado fue plantado por la diosa Afrodita, mientras que en Java está asociado a ciertos ritos relacionados con el embarazo. En China, aún hoy se ofrece una granada a los recién casados, como auspicio de una descendencia numerosa, mientras que en el Islam se considera que el granado es uno de los árboles del Paraíso. En Roma era tradicional que las novias llevaran un tocado de ramas de granado, mientras que para el cristianismo es símbolo de la Pasión y la Resurrección. España es uno de los pocos países del mundo que contiene una fruta de granada en su escudo, en referencia al reino nazarí de Granada, hoy en día desaparecido obviamente...
 
Os recomiendo desde aquí daros un pequeño homenaje en la forma de un viajecito, si podéis, y acercaros a las Alpujarras granadinas en cuanto mejore el tiempo... Lo digo porque sus altas sierras, de perfiles destacados e interminables desniveles, sólo son accesibles para los pastores y los montañeros más avezados en invierno. Pero siempre tendréis la opción de bañaros en las aguas medicinales de Lanjarón, comer sus riquísimos guisos alpujarreños, visitar pueblos emblemáticos en los que el tiempo parece haberse detenido, como Bubión, Capileira o Pampaneira, y disfrutar de la hospitalidad de sus tranquilas gentes.
 
¡Un besote, buen fin de semana!
 
 

lunes, 11 de abril de 2011

Plutón retrógrado: "Touching the void"

Estaba yo pensando qué me iba a deparar la retrogradación de Plutón, que es un planeta (planetoide, que dicen algunos) que me afecta bastante... Pues señor, señor, que la cosa no ha sido tan tremenda como yo me planteaba. Se trata de su última acometida, antes de que se largue con viento fresco a hacer su curro a otros lares más propicios.., que a mi ya me ha puesto la cabeza del revés, y estoy hasta las mismísimas de aguantarle durante casi 5 años.

En fin: a mi lo que me ha traído la retrogradación del enano es una bonita toma de conciencia. Toma de conciencia sana, ¿eh?.., sobre lo que requiere mi vida en estos momentos, sobre lo que verdaderamente quiero, y sobre lo que quieren los demás. Resulta que yo respeto sobremanera los deseos de los demás.., pero nunca me había preocupado de desarrollar los propios. Menuda tontería, ¿eh? Pues como se lo cuento, oigan.

El caso es que ayer vi por fin una fabulosa película que, a la manera de un documental, describe pormenorizadamente un suceso real, durante una escalada a no sé qué puñetero pico del Perú. Se trata de dos tipos de 21 y 25 años, que se meten en un berengenal de tres pares de demonios. Es una escalada en hielo, efectivamente, pero en un infierno helado más bien. Ambos integrantes de la cordada las pasan canutas, hasta que durante el descenso, sucede el accidente. Uno de los dos se parte una pierna, y en estas condiciones, y a seis mil metros de altitud, la supervivencia de ambos queda preocupantemente comprometida.

El amigo sano decide intentar bajarle, hasta que desgraciadamente, otro accidente precipita a su compañero de la pierna fastidiada hasta el vacío, dejándolo colgado fuera de su vista y de su oído. En tales circustancias, el hombre aguanta lo que puede hasta que, viendo en peligro su propia supervivencia, decide cortar la cuerda del compañero, que cae en una sima de glaciar cuyo aspecto podéis ver aproximadamente en esa fotografía tan mala.

A partir de ahí, la peli-documental se convierte en una angustia viva. Es un descenso plutoniano a los infiernos por parte de los dos supervivientes. El que ha cortado la cuerda se debate en un marasmo de intensas dudas sobre si hizo bien, en un maremágnum de horribles sentimientos de culpa, e incluso le cuesta arrancar y alejarse del lugar del suceso durante unos días.., y afortunadamente, eso resulta vital para el otro montañero: el de la pierna jodida. Porque lo de ése, sí que no tiene nombre. Me río yo del otro tipo que tuvo que cortarse un brazo, una pierna o no sé qué, para salir de la roca que lo aprisionaba. Lo de éste es casi peor, por más largo, por más intenso, por más cruel y despiadado, si cabe.

Primero, el tío se sumerge en una desesperación espantosa, cuando se encuentra atrapado, con una pierna rota, colgando de una cornisa que va a dar a una sima sin fondo, y sabiendo que su compañero ha cortado la cuerda, y posiblemente ya haya bajado al campo-base. Posteriormente, el colega tiene que luchar contra su propio miedo a la muerte, al tomar la decisión de bajar aún más por la sima, ya que no puede subirla con una pierna rota. Al final encuentra un agujero para salir, y entonces viene la segunda parte: el agónico descenso por la espalda del glaciar, y posteriormente, por una pedrera infernal por la que apenas puede caminar sobre su pata sana. Las escenas son sobrecogedoras, ponen los pelos del punta.

El hombre sólo cuenta con su propia voluntad para poder sobrevivir. Sin comida, sin agua, después de cuatro días de un dolor insoportable en la pierna rota, solo en mitad de la nada, sin gafas, con las manos medio congeladas, no comprendo cómo este individuo pudo finalmente sobrevivir, sino es a consecuencia de un milagro.., una especie de premio a su voluntad de hierro, porque el colega lo que no hace, es detenerse nunca.

Así es: el ejemplo más claro y bestia que yo haya visto de esa máxima que recetan en los libros de auto-ayuda, y que consiste en "vivir el presente". El protagonista dice que en todo momento piensa que se va a morir sin remedio, pero que aún así se concentra en cubrir distancias cortas, de unos 20 minutos cada vez, y ésos son los pequeños retos que se impone; nada más. Pero gracias a eso, consigue ir recorriendo, arrastrándose o a la pata coja, increíblemente y contra todo pronóstico, la distancia que le separa del campo-base, donde ni tan siquiera sabe si siguen sus compañeros esperándole.

La película acaba con el tipo sumido en una especie de estado de conciencia alterado por la deshidratación, el hambre, el agotamiento y el trauma de la pierna rota. Oyendo voces, tirado por el suelo, delirante, haciéndose sus propias necesidades encima, llorando, riendo y balbuceando cosas inconexas; según sus propias palabra, sometido a un estado en el que ya no eres nada, en el que has perdido cuanto posees, en el que no sabes de dignidad ni de egos. ¡Precisamente lo que hace Plutón, desposeyéndote de todo para que seas capaz de hacer, en definitiva, una criba y desechar sin culpabilidad lo que te sobra!

En fin, el desenlace no puede ser más plutoniano: el tío acaba cayendo en el sumidero de las aguas fecales del campo-base, y ahí ya pierde casi del todo el conocimiento y la voluntad, desplomándose al borde de la muerte. Pero en ese momento es donde le encuentra precisamente el colega, el que cortó la cuerda, que iba a marcharse de aquel páramo infernal al día siguiente. Y sorpresivamente, como ya dije, en contra de todo pronóstico, ambos salen con vida y bien de aquel espantoso viaje a los Infiernos, "Tocando el Vacío".

Moraleja: aunque me deje la piel, los dientes, y hasta las uñas, no voy a cejar en lo que quiero, en lo que anhelo conseguir, en lo que considero que debo hacer. No hace falta llegar mañana, ni siquiera pasado mañana, pero sé que llegaré: tan sólo, únicamente, si me lo propongo con fuerza ;-) Esa es la diligencia que me trae Plutón retrógrado.., y cuidadito con los deseos de los demás, que son eso, primordialmente: sus propios deseos. ¡Y poco o nada tienen que ver con los míos!

¡Besotes!

miércoles, 9 de febrero de 2011

Bajo la atenta mirada de las chovas...
















"El hombre que en la obra de ingenio o de valor no persigue sino superar a otro hombre, no tiene noción de belleza ni de honestidad".
Niccoló Maupassant.

"El honor de un hombre no está en ningún modo en poder de otro".
Rousseau.
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Disculpadme, amigos, si hoy todavía no comento mucho: una bronquitis poderosa me tiene postrada en cama desde el fin de semana.

A cambio, os dejo con este texto que me ha enviado Polideuces, ¡espero que os guste!

¡Besooootes!

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"El cansancio empieza a notarse, y junto a la inclinación, cada vez mayor, hacen que mi ritmo, no demasiado garboso ya de natural, se haga aún más lento y cansino.

Las prisas por encontrar aparcamiento, el atasco a las 8 de la mañana en plena carretera de montaña, la muchedumbre ansiosa de nieve y emociones fuertes han quedado atrás, como si no existieran.

La masificación y el "completo" en el aparcamiento de Cotos nos ha obligado a comenzar a caminar más abajo de lo normal, y sabemos que esos 200 metros de desnivel extras nos pasarán factura, pero bueno, así “dignificamos” la montaña -decimos medio en broma, medio en serio-. Además, esto nos ha permitido volver a visitar un maravilloso rincón, el pequeño circo glaciar con nombre propio, en cuyo fondo se asienta un tremedal de dudosa legalidad, rodeado y guardado por una legión de pinos que se yerguen sobre el abrazo de las antiguas morrenas.

Un paso detrás de otro - qué calor, por Dios, y eso que estamos a comienzos de febrero – pie derecho, piolet, pie izquiero, bastón, pie derecho, piolet.., y así una y otra vez, acompañando al ritmo mecánico, que me ayuda a abstraerme del esfuerzo, de los gemelos cargados y de la altura que se abre a mis pies, cada vez más respetable.

Parada para hacer un giro en la pendiente; menos mal que José Manuel va en cabeza y abriendo huella. No sabe cómo se lo agradezco. Saco la dragonera de la muñeca, cambio el piolet de mano, y continuamos con el mantra, la misma retahíla con alguna leve variación: pie izquierdo, piolet; pie derecho, bastón...

Las gotas de sudor se escurren por debajo del casco hacia la barba; joder, cómo se hace de rogar la puñetera canal... Y pensar que José sólo sacó los hierros en esta última parte...

Debajo de la nieve hay una capa de hielo viejo, pero realmente el paso es seguro, gracias al calor de la pasada semana, que ha hecho transformar la nieve de la última nevada.

Pero bueno, ya nos conocemos, y yo prefiero ir armado de más que echar en falta la herramienta cuando es demasiado tarde. Creo que también me sirve de apoyo psicológico, me hace sentir más seguro ante algún imprevisto. Cuestión de coco. En cambio, José, "amigo mío sólo tú encuentras leña", ha subido con la simple ayuda de los bastones hasta hace pocos minutos.

“Un poquito de escalada mixta, Fernando” –bromea José– Miro hacia arriba y veo que se trata de varios bloques de roca; en realidad cuatro pedruscos tumbados, en la salida del corredor, pero conociéndome ya veremos si no me dan guerra. Me olvido de ellos y sigo para arriba, concentrado tan sólo en el siguiente movimiento. Ya veremos cuando llegue el momento.

Casi está hecho, sé que terminada la canal no hay ninguna otra dificultad, así que hago un último esfuerzo. La pendiente se acentúa en este tramo y cambio la posición del piolet, clavando la hoja como si se tratara de un puñal. El bastón ahora no sirve de gran ayuda y lo llevo colgando de la otra muñeca, mientras me ayudo a equilibrarme con la mano.

Ya estoy en las rocas. Realmente ninguna dificultad, pero por si acaso me agarro con fuerza a los salientes de la pared de la izquierda, mientras busco la mejor forma de apoyar la punta de los crampones en los bloques de gneis. Debo parecer un pato borracho haciendo equilibrios de puntillas, pienso...

Y por fin, se acabó. Una suave pendiente de nieve y José esperándome, sonriendo, sentado sobre una roca que sobresale solitaria sobre el manto blanco. La verdad es que he disfrutado y he pasado la tensión justa, sin pasarse. Y es que cada vez tengo más claro que esto tiene un puntito de sadomasoquismo.

Unos frutos secos, un trago de agua y para la cumbre.

(...)

Poco a poco me voy alzando sobre la loma. Cada vez veo más cerca la riada de gente que sube por la ruta normal hacia la cumbre, pero de momento sigo solo.

Me paro a observar la cornisa de nieve que ha formado el viento, como si fuese una ola congelada sobre el recuenco glaciar, y de repente escucho un aletear de alas. Dos cuervos, negros, de gran tamaño se persiguen mutuamente en algún tipo de ritual. Hacen verdaderas acrobacias en el aire; giran sobre sí mismos mientras graznan y de repente se lanzan en picado, el uno tras el otro, con un silbido que rompe el aire como si fuera una cuchilla. Repiten su danza dos o tres veces y se marchan, devolviéndome al silencio.

Me emociono. He estado en la cumbre de Peñalara cientos de veces, antes de ésta, pero aún así, no puedo evitarlo y un nudo me cierra la boca del estómago. Ahí está Lug dándome la bienvenida, gritando en cada graznido su enhorabuena, no por la proeza que no es tal, sino porque una vez más, estoy ahí, como un campeón en su intimidad, un campeón en su insignificancia y en su relación personal, intransferible e indescriptible con el viento y con el sol, con la roca y con la nieve.

Doy los últimos pasos hasta situarme en el punto más alto. De repente me encuentro rodeado de gente. Risas juveniles, recios montañeros, alpinistas de salón con chaqueta de a cuatrocientos napos, domingueros despistados, novias cansadas, engañadas y cabreadas, excursionistas ilusionados por su primera cumbre, adolescentes de algún colegio o grupo Scout...

… Y todos nosotros, absolutamente todos -sólo falta ser consciente de ello-, bajo la mirada, la atenta mirada, de las chovas.

Esta noche, cuando llegue a casa, volveré a hojear a Samivel :-)
".
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viernes, 30 de abril de 2010

En honor a Dawa.., en honor a Shonam

Se llamaba Tolo Calafat, tenía 39 años y era mallorquín... Ayer nos llegaba a España la noticia de su muerte. No fue capaz de descender de la cima del Annapurna (en la foto), uno de los picos más emblemáticos del alpinismo en la cordillera del Himalaya, en Nepal. Calafat era técnico de telecomunicaciones, se confesaba un apasionado de la montaña, y tenía dos hijos de 18 meses y ocho años.

Han sido muchas las voces que se han alzado en estos dos días a mi alrededor, quejándose de la cobertura mediática otorgada a esta desgracia, de lo caros que son los medios que se emplean para el rescate de los montañeros, o de su presunta "irresponsabilidad" cuando dejan atrás familia y amigos, sabiendo que su afición es una actividad de alto riesgo... Esto me cabrea, y bastante. Son infinitas las cantidades que se gastan en otras cosas, subvencionadas a costa de las arcas públicas, como los tradicionales desfiles de moda de la bendita Pasarela Cibeles (que ahora ni sé cómo se llama, porque ha cambiado de denominación) o los festivales "alternativos" a favor de cualquier chorrada que se les ocurra a los de turno.., y nadie dice nada.

En cuanto a la cobertura mediática, pasa lo mismo todos los fines de semana con los muertos al volante (que a saber en qué condiciones de "bebercio" y "pastillacas" iban, porque eso no se cuenta, y tampoco nadie dice nada, en muchos de los casos). Con respecto al tema de la irresponsabilidad o no ajenas, en cuanto a las aficiones que ponen en peligro la vida de uno, tengo que advertir que eso pertenece al ámbito de la más estricta intimidad personal y familiar, no seamos merluzos. A ver si ahora vamos a tener que ir todos a los toros porque eso sea "lo bueno, lo santo y lo establecido", o porque lo diga Rita, la Cantaora. También considero yo el hipotecarse a 30 años como "actividad de alto riesgo" para la mayoría de las familias.., y no tengo foro público para dar por saco (menos éste).

Y sí, es que me gusta la montaña, ¿qué pasa? A otros les gustan las boleras, o comer hasta llenarse las venas de colesterol, y eso también (por cierto) es una actividad de alto riesgo (según los médicos). Por no hablar de los que fuman poniéndose el pulmón como un vertedero somalí, y tal vicio (porque es un vicio, que conste en acta) les cuesta a las arcas públicas mucho más que los rescates de todos los montañeros juntos y en comandita. ¡No seamos hipócritas ni estúpidos, que también es esdrújula, por favor!

Voy a transcribir parte del artículo que aparecía hoy en el periódico 20 Minutos edición Madrid (que es donde resido), porque no es mi intención lanzar tantos exabruptos contra la soplapollez enjuiciatoria de algunos ciudadanos de a pie que no sabe ni pensar, ni siquiera dónde les aprieta el zapato:

"(...) Los helicópteros y los sherpas habían fracasado en su intento de encontrar a Tolo, atrapado en el Annapurna a 7.700 metros, y se suspendían ayer las labores de búsqueda (...). La nieve caída durante la noche pudo sepultar a Tolo, que padecía un edema cerebral y no podía continuar descendiendo (...) Pauner y Juanito Oiarzábal se quedaron a la espera en el Campo IV, a 7.000 metros, agotados y con síntomas de congelación, y tuvieron que ser evacuados colgados de un cable de 25 metros".

Lo que pasó fue que el helicóptero encargado del rescate no pudo acceder a la zona por culpa del viento y las dificultades meteorológicas. El montañero se separó del grupo con el que iba para intentar recuperarse, porque les estaba retrasando y ponía en peligro, así, la vida de todos. Estuvo pendiente de un rescate aéreo que nunca pudo llegar. Pero no se le dejó del todo a solas con la muerte. Un sherpa (lo de esta gente no conoce denominación alguna, vergüenza me da a veces pertenecer a la raza que pertenezco) subió hasta la posible posición de Calafat, a unos 7.700 metros, para ver si le encontraba vivo. Desgraciadamente, la noche se le echó encima y no dio con él. El nepalí llevaba un saco, comida, agua y corticoides, lo cual hubiera bastado, probablemente, para salvarle la vida.

La actitud del fiel Shonam, que así se llama este hombre al que algo más que una mención habría que darle, contrasta (según empiezan a comentar ya las malas lenguas, o las lenguas verdaderas) con la de la coreana Ms. Oh y sus sherpas, que no quisieron ayudar a buscar al mayorquín, aunque se les ofreció nada menos que 6.000 euros a cada uno por su rescate. Y fueron 11 horas, dios mío: 11 largas horas las que estuvo Shonam rastreando a su compañero de otra nacionalidad, después de haber subido con todos ellos al Annapurna, de haber bajado, de haber vuelto a subir con su pequeño "botiquín de rescate", y tras haber descansado él mismo apenas una hora. No sé, qué quieren que les diga: igual es que soy una romántica, y estas cosas me impresionan.

Como me impresiona la actitud de Dawa, otro sherpa con nombre propio que también subió con el grupo de los españoles... Éstas son las verdaderas historias que quiero contar, y no la de los chorras que hablan de lo que no saben y que en su vida han puesto el pie en pico alguno. Dawa se quedó junto a Calafat hasta que no pudo más, porque su propia vida corría ya serio peligro. Tuvo que descender a su pesar para buscar ayuda, porque veía que el mallorquín flaqueaba y no se reponía. Había subido, como Shonam, junto a todos ellos, con la misma dificultad: 13 horas de ascensión antes de llegar a la cumbre del pico asesino. A esa altitud, prefiero ni pensar en el esfuerzo hercúleo de estos individuos, a los que habría que hacer, creo yo, un monumento.

Para los que estén interesados en el resto de la historia, pueden consultarla aquí. Hay muchas voces que claman con respecto a los que se bajaron, con respecto a los que no movieron un dedo, y con respecto a los que se jugaron su propia vida hasta el límite, para intentar que Tolo volviera a ver a su familia.

Descansa en paz, amigo Tolo... Yo nunca subiré al Annapurna (no tengo condiciones, ni quiero: me da miedo), pero puedo entender tu pasión. Has muerto haciendo lo que más te gustaba. Ójala todos esos imbéciles que hablan sin saber pudieran decir lo mismo.

... Por mi parte, lo único que pido es que, cuando me llegue "la pelona", pueda contar a mi lado con la presencia de seres humanos de la categoría de Dawa y Shonam.., sean nepalíes o del Ampurdán, que pal' caso, es lo mismo.

La humanidad, la lealtad y la valentía no se encuentran en todas partes... A veces hay que subir hasta los 7.700 metros para comprender y capturar su verdadera esencia.

¡Buen fin de semana, queridos y queridas mías!





martes, 23 de febrero de 2010

Un guía llamada Lázaro

A mi este tío me cae bien, que queréis que os diga... No hay más que verle la cara (a él, no al perro, aunque también). Con razón dicen que la cara es el espejo del alma.

Se llama Lázaro y es maestro de mushers... ¿Y eso qué es, os preguntaréis algunos? Pues unos señores que, básicamente, se dedican a dirigir trineos tirados por perros. El mushing (aunque ahora es un deporte) se originó como una forma de transporte nórdica, caracterizada por el uso de perros y esquís, que servía para desplazarse por superficies nevadas con rapidez, y que se remonta a los lejanos albores de la humanidad.

El nombre "Lázaro" proviene de "Eleazar", que significa "Dios me socorre" :-)

Y ya van cuatro, oiga.., ya son cuatro las veces que Jacinto, uno de los perros favoritos de Lázaro, corre en Pirena, la ruta blanca de los Pirineos (y que consiste en atravesar esas montañas que separan España de Francia en 15 días, pasando por Aragón, Cataluña, Andorra y Francia). Bueno: pues en la edición 2010 de esta competición, que ya cumple 20 años, Lázaro, Jacinto y sus demás amigos del tiro de trineo han llegado.., ¡los segundos!

"¿Y qué?", supongo que diréis, y con razón...

Pues nada de particular. Lo extraordinario del caso es que este perro, Jacinto.., está completamente ciego.

Siempre, desde pequeñita, he odiado a los cobardes... Pero yo no llamo cobardes a los que solamente tienen miedo (que eso lo tenemos todos). No. Yo llamo cobardes a los cabrones: a los que hacen uso de la gente o de cualquier otro bicho viviente, y luego los tiran a la basura cuando ya no les sirve. A los que abusan de una forma o de otra de los más débiles. A los que golpean y se ensañan, y luego se quedan tan anchos, cruzados de brazos ante el dolor ajeno, ya sea humano y animal. A ésos les llamo yo cobardes con toda la boca llena. Y creedme: sé algo más de lo que parece de abusadores y de cobardes.

También llamo cobardes, y lo siento pero no me retracto ni me retractaré, a los que se hacen los "orejas" y miran hacia otro lado cuando hay problemas o dificultades. A los que lo quieren todo fácil, bonito y de color de rosa. A los que están a las maduras, pero jamás a las duras. ¡Agh! Lo siento en el alma, pero ahora ya soy libre, y puedo decir lo que me dé la gana. ¡Ya me he callado y he refrenado mi incomodidad durante demasiado tiempo!

Por Dios.., pero si hay gente que ni siquiera es capaz de esperarle a uno con dos piernas y en plena posesión de sus facultades físicas y mentales, dejándote solo, en pleno monte, a pesar de que todo el mundo sabe, de manual, oigan, que es mejor ir haciendo una piña... En definitiva lo hacen por egoísmo puro: porque les resultan mucho más interesantes sus propias movidas existenciales de competición extrema consigo mismos, supongo (aunque a lo mejor es con el Hacedor, con la propia montaña, o con el Sursum Corda, vaya usted a saber) que el compañero con el que viajan. Y es que esta gente va contigo como pudiera ir un petirrojo o un zorro que te encuentras en medio del páramo (o mejor dicho, mucho peor, porque éstos ni siquiera adornan). Menuda cara que se me ha quedado a veces viendo lo que he visto.., y encima teniendo que callarme, no fuera a ser que se jodiera la "socialización" o no sé qué...

Que eso lo he visto yo con estos ojitos que se han de comer la tierra.

¿Pues sabéis qué os digo? Si el montañismo no tolera a los lentos, tampoco a los que estén lisiados o a los que tengan familia. ¿Que yo no puedo ir en un grupo porque me gusta andar despacio? Pues tú, si estás jodido, que te den.., y tú, si no puedes colocar a la camada para ir de excursión, lo mismo digo. Hala: ¡a jodernos todos! ¡A mi qué me importa! ¿Es eso, es así? ¿Se trata de eso, realmente? ¡Cojonudo! Pues que conste que ese juego también sé jugarlo yo, que para eso tengo inteligencia, fuerza y autonomía.

... Y encima me quieren hacer creer que la que estoy mal de la cabeza soy yo... ¡No te jiba, con los atletas y con los defensores de pleitos pobres!

Que viva la amistad, la solidaridad y el compañerismo. ¡Aleluya! Pero qué cachondos y qué diplomáticos y qué chorras que nos estamos volviendo todos, carajo...

Así nos va.

En fin, que me disperso... Afortunadamente hay por el mundo gente como Lázaro, que te viene a demostrar todo lo contrario. Este catalán de 47 años ha puesto de manifiesto con claridad que la fe, la compasión y el amor, en combinación con la solidaridad y el compañerismo, verdaderamente son capaces de llevar a cabo grandes proezas. Ay de los que se aparten de todo esto por su propia iniciativa: ésos van a estar más perdidos en breve que Jacinto sin la ayuda de su guía y de sus compañeros en lo más alto del Pic de l'Orri. "Arrieritos somos", que dicen en mi tierra.., y si no, al tiempo. Y no es venganza ni amenaza: es estricta comprensión (ganada a pulso, con sudor y sangre) de las justas y admirables leyes que rigen nuestro camino a través de ésta y de todas las demás existencias...

Mira: ayer que hablábamos de discípulos y maestros, aquí hay un ejemplo bien sencillo. Lázaro es un gran, enorme maestro, que nos enseña el imbatible poder de la compasión, del amor y de la fe.., esos tres conceptos que a algunos va a haber que explicarles mediante un cursillo adaptado para mentes recalcitrantes, y dudo que ni aún así... No, definitivamente: creo que ni por ésas.

Jacinto, ciego y con cinco añitos, sabe cuándo girar a derecha e izquierda porque su compañero de línea, otro perro llamado Sirius, le indica cuándo y cómo debe hacerlo... ¡Menuda lección la que nos dan estos animales, así como su dueño y entrenador! Admirable. Jacinto, eso sí, cuenta con la protección de una buena estrella, una de las mejores del cielo, la más brillante, la que también ha sido siempre amiga de los grandes, de los verdaderos montañeros.., además de los perros ;-)

¡Hala maj@s, hasta la próxima! ;-)

jueves, 30 de julio de 2009

Caminando por el Alto Atlas- IV-I/Réquiem por un paraíso perdido (otro más)

De nuevo con todos vosotros/as, después de la experiencia televisiva que tuve ayer (hacía muchos, muchos años que no retomaba el tema de la tele; estuvimos en Tele5 Horacio Ruiz y yo, en el programa Rojo y Negro, para hablar sobre el tema de regresiones a vidas pasadas). Continúo con mi crónica del viaje a Marruecos, con la segunda entrega de nuestra estancia en el mágico Lago de Ifni.

Esta instantánea que veis está tomada desde lo alto del complejo de morrenas glaciares que ya habíamos recorrido en la aproximación al campamento del lago. Luego hay que bordear por la derecha, según se ve, por un abrupto "acantilado" pétreo de caprichosas formas (incluídos pequeños túneles), y que nos permite divisar una panorámica más cercana del bonito lago de Ifni. En la foto incluso, poniendo un poco de atención, se ve el caminito que asciende por la derecha (sabéis que podéis aumentar de tamaño la fotografía, simplemente pulsando sobre ella). Durante todo el viaje, me resultó increíble el darme cuenta de la agilidad de las mulas sobrepasando todos estos "accidentes" geográficos: se movían con más ligereza que todos nosotros juntos.

Si os pudiérais fijar con atención, justo en el borde de la orilla derecha según se mira, cerquita del agua, se ven unas minúsculas construcciones... Son unos cobertizos (¿recordáis la foto del capítulo anterior?) de madera, muy bien construidos a pesar de ser más bien rústicos, y que cuentan con las paredes de hormigón, de obra, para guarecerlos de la interperie... Refugio de pastores, de "caravanas" de trekking en los últimos tiempos, y de las propias gentes de los valles cuando van en peregrinación al lago, tuvimos la grandísima suerte de llegar los primeros y poder "alojarnos" en el más grande y mejor acondicionado de todos ellos. A estos "portales de Belén" les ponen los beréberes unas alfombras por el suelo, tres o cuatro lonas colgando por la parte que queda desguarnecida para resguardarlos del calor, y "voilá": el descanso reparador ya está servido, bien al fresco.

Verdaderamente, en esta jornada fue cuando más nos tocamos las narices de todo el trekking, hay que reconocerlo :-) Llegamos sobre las 14:00 (después de haber remoloneado todo lo que quisimos y aún más por el camino), y tras el té de rigor y quitarnos las botas polvorientas, tuvimos todo el tiempo libre del mundo para tomarnos el tradicional refresco de manzana (sí, sí: había una tiendecita, cómo no, con un señor muy "castizo" que Ibrahim juraba que era descendiente de un maño de Zaragoza; ¡lo que nos pudimos reír con aquello!).

Tuvimos todo el resto del día para pasear por la zona, para dar buena cuenta de una deliciosa ensalada, admirar a los curiosos y minúsculos carneros de la zona, que pastaban en semi-libertad, disfrutar con las exhibiciones de las cabras sobre los riscos (algunas consistentes en cabriolas verdaderamente imposibles), e incluso bañarnos en el lago (aunque teóricamente, está prohibido). Además, aquel día fue el primero que pudimos disfrutar de los famosos "pestiños beréberes": unos bollitos que hacía nuestro cocinero allí mismo, sobre la marcha, mezcla de churro y pestiño, ríquisimos, deliciosos, que se tomaban solos, con mermelada, miel o el equivalente marroquí de la famosa Nocilla. ¡Estaban estupendos, ñammmmmm, nunca nos cansábamos de comerlos y ponernos ciegos con ellos!

Al atardecer nos fuimos a bañar, como os digo... El agua estaba fría, llena de algas de agua dulce y de algunos bichitos curiosos, como culebrillas y demás, pero nada realmente peligroso. Únicamente había que tener la precaución de no tragarla, por aquello de las amebas que luego se alojan en el estómago o el intestino in secula seculorum. Yo me metí casi vestida al agua, con pantalones incluidos (también por lavarlos, de paso, porque estaban llenos de mierda XDDD).., pero sobre todo porque los beréberes están fatal (como Colmillitos XDDD), y pasaba de comentarios y miraditas descaradas. No le ocurría lo mismo a una inglesa de rubios y largos cabellos con la que nos encontramos posteriormente varias veces por el camino, y a la que apodamos "Sunsilk" (como el champú) porque (conocedora seguramente del atractivo que para el marroquí ejercen los cabellos rubios) no dejaba de exhibirlos continuamente... Ésta también se metió vestida al lago con una especie de ajustada camiseta y pantalón negros.., que cuando salió del agua se ajustaron más aún a sus formas, pareciendo un auténtico mono de látex. Excuso decir las exclamaciones de los muleros y guías que la increparon cuando saltaba corriendo entre las piedras, completamente mojada, prácticamente todos ellos al borde mismo del infarto XDDDD.

Realmente, aparte del espectáculo gratuito, el baño fue ideal.., nos quitó el calor acumulado a lo largo de todo el día y pudimos disfrutar más aún de un poco merecido pero gustoso descanso. Nadie nos dijo nada por meternos en el agua: los beréberes son así de discretos y de generosos con sus clientes ;-)

Al anochecer, muchas risas dentro del "portal de Belén" con Ibrahim, nuestro guía, que no dejaba lugar a dudas en cuanto a su inteligencia; algo que para mí quedaba demostrado claramente por su increíble don de lenguas. Empezó a competir con el amigo Javi sobre cuál de los dos hablaba mejor el catalán, y acabó ganando el beréber por puntos XDDDD. Fue una sobremesa nocturna de las mejores que hemos tenido en el Alto Atlas. ¿Cómo es posible que esta gente aprenda tan pronto, y de forma tan natural, a defenderse tan bien en casi cualquier lengua humana hablada en el mundo?

Al anochecer, un privilegio: tan grande, tan grande, que todos y todas, sin excepción, salimos del recinto para admirar el cielo... Un cielo como ya no tenemos la fortuna de admirar aquí, herido como está por la contaminación lumínica de las ciudades. Miríadas y miríadas de estrellas, de constelaciones: el paraíso para un astrólogo. Los satélites trazaban rutas que se podían seguir a simple vista, como recorriendo los hilos de una telaraña invisible. Vi constelaciones nuevas que no puedo ver en nuestros cielos, y otras que adoptaban otro espacio distinto en el cielo marroquí. El lago reflejaba la luz del Cosmos como un enorme espejo de dura obsidiana negra.

No me extraña que los lugareños digan, entre susurros, que el lago de Ifni está encantado... No me extraña ni lo más mínimo. Realmente, verdaderamente, fue un lugar que encontré completamente mágico, lleno de un misterio ancestral y reservado como el de los antiguos lugares de cultos antiguos, que suelen estar revestidos de una fuerza telúrica tal que todos, sin excepción y si escucháramos atentamente, podríamos detectar.

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Tengo que aprovechar para decir lo que siento con respecto a un tema que me está doliendo mucho. Hoy, que voy a ver de nuevo "La princesa Mononoke", un anime de los mejores y más ecológicos que uno se pueda imaginar, tengo que decir esto.

Desde el pasado martes, Ávila arde. Una zona espectacular, que comprende la cara sur de Gredos y el valle del Tiétar, lleva ardiendo desde el 28 de julio, sin que al parecer nadie pueda hacer nada por evitarlo. Conozco esta zona porque la he pateado, y os juro que era un vergel, un paraíso. Para muestra, un botón.

Antes de ayer, el sol llameaba como una naranja de puro fuego sobre Madrid. A casi 200 kilómetros de distancia, podíamos ver el frente de llamas avanzar sobre la sierra, y el humo del apocalíptico incendio alcanzaba poblaciones muy alejadas, como me confirmaron varios amigos de Alcalá de Henares. Un puto infierno: una devastación gratuita, que simplemente ha sido provocada en alas de vaya usted a saber qué tipo de especulación. Ahora sólo quedan las impresiones y las quejas de los políticos escurriendo el bulto, los gritos de los ecologistas echándose las manos a la cabeza, y los lloriqueos de los lugareños, muchos de ellos más preocupados porque el fuego no llegue a sus maravillosos chalets que por otra cosa.

... Debe ser que les va a encantar, a partir de ahora, tener un chalet en medio de una montaña absolutamente abrasada... Manda carajo la peña, por Dios, y luego decimos de los que vienen, qué país.

Pero así es: ya no queda nada de toda esa belleza que podéis observar en las fotografías. Jamás, en el tiempo que me quede de esta vida, podré volver a disfrutar de estos parajes, que eran, os lo reitero, de una belleza increíble. Jamás podré volver a saborear las fresas silvestres que crecían libres a lo largo de los caminos. Jamás podré volver a reírme con aquel pequeño ratoncillo que vivía bajo el refugio de piedra que habéis podido ver. Es muy posible que hoy, él esté también muerto.

Cuando mi jefa me dijo antes de ayer que creía que iba a pasar algo muy gordo en el planeta, le contesté: "Te digo lo mismo que me responden muchos a quienes les hablo en plan denuncia de la pérdida de los glaciares o de la contaminación del mar: "me importa un carajo". Así, directamente. Por eso te digo ahora que me importa un carajo el destino de la raza humana. Sencillamente, igual nos lo merecemos. Yo, personalmente, no temo a la muerte. El resto, si eso que dices es cierto, que se encomiende a Dios.., o al diablo, si lo cree más oportuno. Ellos sabrán con quién tienen cuentas pendientes".

Jamás volveré a acercarme a esa zona. Nunca fui partidaria de visitar tumbas en los devastados cementerios... Jamás volveré a dejarme ni un duro, aunque sea el importe de una humilde coca-cola, en ese lugar "turístico".., porque sé bien quién tiene la culpa de todo esto. La culpa de que exista la especulación la tenemos todos, señoras y señores: por nuestra apatía, por nuestro mirar a otro lado, por nuestro encogernos de hombros. Así que quédense ahí, con sus magníficos chalets en medio de una montaña agonizante, en medio de un paraíso destruido. Por mi parte, que les aproveche: a ustedes y a las generaciones venideras, incluidos sus hijos y sus nietos, si los tienen.., y si es que están aquí para contarlo después de ustedes, claro está.

Mis raíces son abulenses: al menos la mitad de mi sangre proviene de esa provincia, Ávila.

Y conozco al paisano de allá como me conozco a mí misma. Por eso digo lo que digo.

Ya lo insinuaba Machado, como pudo expresar en su famoso poema "El dios ibero", aquello a propósito del dios adusto de la tierra parda:

"Mas hoy... ¡Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares"

¡Saludos!

jueves, 23 de julio de 2009

Caminando por el Alto Atlas IV-I

Sí, sí: la del pañuelo soy yo. Para que veáis que no sólo me dedico a vagar por los mundos de Yuppy.., también acampo en algo muy parecido al portal de Belén.

¡XDDD!

Veamos: antes de nada, aclarar que, cuando hablaba de la consideración antigua sobre el tiempo de influencia de un eclipse, quería decir "horas" en vez de "minutos". Esto es: se consideraba que duraría en años tantas horas como durase en la práctica.

Una vez subsanado este "gazapo", pasamos a lo que interesa: mis impresiones sobre la ruta que seguimos hace apenas un mes y medio alrededor del Toubkal, entre las bellas y fascinantes cumbres del Alto Atlas marroquí.
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En pleno macizo del Alto Atlas se encuentra el Lago de Ifni, del que recelan los propios beréberes al creerlo encantado por Djinns (literalmente "genios") o espíritus... Bueno: si esto es así, servidora ya debe andar muy, muy embrujada, puesto que me metí a bañarme directamente en sus aguas. Adoro el agua en sus múltiples manifestaciones, y es raro que no me sumerja en cuanto tengo la más mínima oportunidad (y si no lo hago, malo: eso es que estoy "tocada" por un motivo u otro).

Existen referencias históricas que aseguran que, en 1194, el Lago de Ifni ocupaba el triple de su tamaño actual. Se sitúa a más de 3000 metros de altitud sobre el nivel del mar, escoltado por impresionantes farallones que da la impresión de que pretendieran esconderlo de miradas indiscretas. Se comenta que, hasta la actualidad, nadie ha llegado al fondo del lago. Los beréberes del la zona suelen ir una vez al año para celebrar una fiesta, en la cual sacrifican algunos animales y dan de comer a todos los visitantes. Esta celebración se atribuye, según algunos lugareños, a que en la zona vivió un santo; según otros, a la existencia de un pez gigante en el lago hasta el año 1831; y aún según otros, a que el lago daba el agua a toda la zona durante todo el año.

Cuando partimos rumbo al lago, todavía con el buen sabor de boca que nos había dejado nuestra estancia en Amsouzart, sabíamos que esta jornada iba a ser la más corta de todo el trekking. Por eso mismo nos dedicamos a remolonear por todas las aldeas que iban surgiendo a nuestro paso. El calor se había incrementado bastante, y a pesar de la altitud, procurábamos ir bien cubiertos. Hasta tal punto, que no cogí prácticamente nada de color, no me puse morena, ni siquiera de rostro.

Íbamos despertando la alegre curiosidad de la infinita cantidad de críos que nos salían al paso continuamente. Los mayores nos miraban con una pizca de condescendencia, pero siempre se mantenían correctísimos y amables. Mis compañeros estaban fascinados por los niños (hasta yo, que soy más adusta en ese sentido, eché mano a la mochila de José Manuel para obsequiarles con unos cuantos caramelos). Es incoveniente dar dinero a los niños en esta zona, porque luego se acostumbran mal y pueden, incluso, tener problemas entre ellos y con los adultos. Es mucho mejor obsequiarles con cosas que uno pueda llevar a propósito: bolígrafos, caramelos, pequeñas baratijas, gorras, incluso camisetas (las de fútbol son muy apreciadas :-). No me parece ético dar dinero a los niños por hacerles fotos.

Debajo de un extenso grupo de nogales que hacían disminuir considerablemente la temperatura ambiente, Ibrahim decidió que era la hora del té. Nos sentimos aliviados porque, aunque la ruta era corta, teníamos que salvar todo el desnivel prácticamente de una atacada, y el sol empezaba a comportarse de forma más bien inclemente. Así que nos regocijamos de poder descansar (aunque acabábamos de salir) antes de acometer la tremebunda cuesta. Comer pan mojado en aceite de oliva a eso de las 11 de la mañana, tomarse dos (o tres, o cuatro) tés con hierbabuena, mientras uno conversa (o trata de conversar) con los lugareños, incluido el buen señor del puesto que parecía que acababa de salir del staff de "extras" de Lawrence de Arabia, bueno.., es mucho más atractivo que subir cuesta arriba por una empinada y polvorienta vía.

Mientras hacíamos fotos a las cabras y a los niños, que en el Alto Atlas alcanzan una simbiosis desconocida para nosotros, los urbanitas, nos fijamos en que las niñas no estaban en el colegio, y los más pequeños, tampoco. Con apenas 8 años, estas crías ya saben todo lo referente al trabajo diario: eso de recoger hierba fresca y cargar haces y haces sobre sus espaldas, y sobre todo, el cuidado que requiere llevar a cuestas a sus pequeños hermanitos. Ibrahim, todo orgulloso, nos comentó algo que no entendíamos: la legislación marroquí había dejado de considerar obligatorio el ingreso en la escuela a edades tempranas. Para nosotros esto es terrible, un auténtico un atraso, pero evidentemente, ellos no debían considerarlo así, por alguna razón que aún no conseguimos comprender.

Ahí fue donde me encapriché de un velo beréber, que también utilizan los tuareg habitualmente, y que yo creo que venden en todos los puestos habidos y por haber por todo lo largo y ancho de Marruecos. Ibrahim, como habéis podido ver en las fotos, llevaba siempre uno de color negro. El mío, apto para turistas "chorras", es de color azul índigo, y efectivamente, como me aconsejó el buen hombre del puesto, no destiñe, al contrario que otros, con el sudor. De otra manera, uno puede encontrarse con la cara y la cabeza completamente teñida de azul. De hecho, la denominación de "hombres azules" que se les da a los tuareg, yo creo que es más bien porque siempre van desteñidos, que por el color azul de sus ropajes XDDDD. Ibrahim me enseñó cómo se colocaba el turbante beréber, aunque la primera vez que lo hice más bien parecía un turbante hindú, que uno marroquí, ¡juas!

En cuanto empezamos a subir, nos dimos cuenta de que la cuesta nos iba a resultar más dura de lo que habíamos pensado. Es cierto que a mí el velo me quitaba prácticamente todo el calor de encima, pero aún así, la subida por aquellas morrenas glaciares interminables casi parecía un calvario. Me puse en el modo "meditativo montañés": esto es, entro en estado alfa sin necesidad de poner los ojos en blanco, me olvido de que estoy andando, muevo las piernas y respiro rítmicamente con la mente absolutamente plana, y hala, ¡a subir! Las más terribles jornadas las suelo hacer así, sin hablar, horas y horas en esta especie de trance autoimpuesto.

Cuando llegamos a lo alto de todas las morrenas glaciares, pudimos observar una panorámica de las agujas pétreas impresionante: un conglomerado de lajas rojas y negras que parecían casi un ejército de soldados, los cuales hubieran sido convertidos en mineral por la acción de una moderna Medusa de mirada fascinadora... Avanzamos con cuidado entre pináculos hirientes, admirando los fantásticos farallones que guarnecían el lago de Ifni y, por fin, nos hicimos una foto en lo alto, con el lago al fondo, que nos pareció como una joya preciosa escondida en medio de estas inmensas soledades.

Seguiré contando las maravillas de este viaje a lo largo de más semanas. Mientras tanto, os envío desde aquí...

¡Muchos besotes!

miércoles, 1 de julio de 2009

Caminando por el Alto Atlas III-3

Después del susto del lunes relativo a la tensión arterial (hoy voy a mi médico de cabecera, a ver qué me receta), y tras reflexionar hondamente en si quiero seguir el camino de mi abuela, mi tía y mi padre, en cuanto a infartos y muertes cardiovasculares se refiere...

... Y después de leerme casi entero el increíble "Otras vidas, otras identidades", recomendado por Horacio Ruiz, y de meditar un ratito sobre el pensamiento de Platón acerca de la inmortalidad del alma, he llegado a la conclusión de que tengo que cambiar de estilo de.., pensamiento...

Ayer, a la una de la mañana y en un arrebato de agradecimiento al Cosmos, me di cuenta de la enorme suerte con la que cuento. La enorme suerte de contar con el amor y el apoyo de los que quiero. De no carecer de nada para mi subsistencia. De no tener problemas graves de salud reales (de momento) y de estar viva: vivita y coleando.
Así que, si me dejo ganar esta partida por una pandilla de ineptos, es que soy verdaderamente estúpida. Y no lo voy a hacer.

Quiero seguir, hasta el final, mi propio destino en esta vida... Y la verdad es que he determinado que no tengo tan mala vida: todo lo contrario.

¡Así que continúo con mi viaje a Marruecos! :-)

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En esta foto podéis verme en compañía de algunos de los amigos con los que fuimos a Marruecos... Tengo que agradecer la foto a Cástor Vs. Póllux que, por cierto, es uno de los fotógrafos con más "alma" que yo conozco :-). Es imprescindible pasear por esas callejuelas empinadas, estrechas y polvorientas de Amsouzart. La gente es hospitalaria, amigable,muy tranquila. No se detecta ningún peligro, ninguna amenaza. Hay niños, solos o acompañados, por doquier. Cuidadores de micro-rebaños de cabras, niñas de 9 años que portan a sus hermanitos a las espaldas. La escuela del pueblo también es "micro". Hay una pequeña mezquita, un curioso lavadero de pies con azulejos, y dos bares donde los hombres toman el té sentados a la sombra de inmensos nogales.

El puente que une una parte y otra de la población es cruzado habitualmente por mulas cargadas hasta los topes... "Flipamos" con otro puente alternativo, para personas, hecho tan sólo con un tablón sujeto por un par de ladrillos. Las mujeres lavan en el río sus ropas y hablan entre risas de sus cosas. Ojos curiosos se asoman a algunas celosías. Hay grupitos de extranjeros que también están siguiendo el trekking del Toubkal, pero casi nos pasan desapercibidos. Los puestos de naranjas, de refrescos (a destacar la "sidra" sin alcohol, pero gaseosa, que venden y que consumimos compulsivamente) y algunas tiendas con postales descoloridas, jalonan las calles de Amsouzart.

Nuestro "hotel" es una curiosidad de las, digamos, "antropológicas" XDDD. Nos los ofrecen como grandísima mejora con respecto a lo que veníamos haciendo, o sea, dormir al raso. No sabemos si es algo habitual en este trekking, o bien es el resultado de algún tipo de "acuerdo amistoso" entre Ibrahim el guía y algún coleguilla conocido suyo. Es una casa típica beréber, muy digna, con tres pisos y una terraza enorme arriba. En el primer piso se meten todos nuestros bultos, las tiendas y los aperos de las mulas. En el piso de arriba hay tres habitaciones y un lavabo de manos.., ¡con jabón! Las dos habitaciones de los lados están vacías. Una de ellas es dormitorio para nosotros, la otra es dormitorio y cocina para nuestros muleros. La principal es un salón con un banco corrido, adornado con una tela y cojines durísimos, una mesa minúscula donde esa noche cenaremos cus-cus por vez primera los ocho, un mueble lleno de trastos inverosímiles, y un ventanal inmenso sin cortinas ni persianas. Ahí deberemos dormir esta noche, también sobre los bancos, cuatro de nosotros (servidora incluida).

En este cuarto hay un cuadro que interpretamos es el equivalente a la tradicional foto en nuestros hogares con los niños de comunión. Son dos niñas de unos nueve años, vestidas como de gala, con pañuelo en la cabeza. Detrás, una panorámica de La Meca. Las dos niñas miran al cielo como embelesadas, y llevan un Corán cada una en sus manos. Es increíble el cuadro, y de grandes dimensiones.

El segundo piso tiene columnas, y una claraboya en el centro por donde entra la luz del sol. Nos dijeron que había ducha, y efectivamente, la hay. ¡Pero qué ducha, Dios mío! No tiene luz, más que la que entra por un ventanuco sucísimo, y la alcachofa está completamente oxidada. El grifo se acciona directamente sobre la cañería, y el plato de ducha está lleno de agua y de una especie de algas verdes gelatinosas en un extremo, porque no traga bien. En el centro, en la oscuridad, reposa un banco de madera negruzco, que no sé si servirá para el que pretenda ahorcarse, visto lo visto. Soy la primera que decido ducharme (una ducha es una ducha para una Virgo ;-), con zapatillas de goma, eso sí, porque cualquiera pisa eso a pie descalzo. En medio de tal placer acuático (la puerta no cierra porque los cables de la luz, ¡de la luz!, están al aire y al cerrar, quedan pillados, así que tengo que pedir a un amigo que monte guardia) oigo un ruido sospechoso, y veo a un ratoncito subir por un canalón al piso de arriba, aprovechando un agujero en el techo. Menos mal que los roedores me dan igual, que si no, el grito se hubiera oído en Ceuta XDDD.

El retrete es como todos los de la zona: un agujero en el suelo con dos resaltes para poner los pies. A un lado, un grifo que hay que accionar sobre un viejo cubo para "tirar de la cadena". Estamos ya acostumbrados, pero no a ver cómo uno de nuestros muleros se lava los pies.., ¡en ese infecto agujero! No lo superamos, y con la cena, jajaja, nos esforzamos en intentar cerrar la puerta del baño una y otra vez, porque el hedor es insoportable.

Aún así, conseguimos asearnos muy bien. Yo me lavé hasta unos pantalones, camiseta, bragas, y los tendí en la terraza de arriba, donde vivía un gato esquelético que no tenía más que cabeza. Allí hay una cocina, y la panorámica del pueblo es preciosa. A la noche, devoro la carne del cus-cus, incluso se la "robo" a mis compañeros. Me siento hambrienta de carne, comer tanta verdura me está sentando mal, y el cuerpo me pide más proteína. ¡Y eso que no como tanta habitualmente!

Al anochecer, vemos a adolescentes guapísimos (he visto a gente verdaderamente en estas tierras, tanto ellos como ellas) vestidos como de gala, enlazados unos a otros del brazo (es una constumbre muy habitual entre los hombres en el mundo musulmán) bajar calle abajo, hablando entre sí y deslumbrantes. Antes habíamos visto a mujeres jóvenes, vestidas con los coloridos trajes de los beréberes, portando cazuelas y cacharros con comida. No sabemos si es que celebran una fiesta. Ya completamente oscuro, empezamos a oír unos cánticos juveniles, bien entonados, tradionales. Nos asomamos a la ventana, curiosos, y vemos subir, esta vez calle arriba, a un grupo de entre 10 y 15 muchachas adolescentes, que cantan a pleno pulmón. He visto a los beréberes cantar casi durante cualquier momento del día (incluso Ibrahim lo hacía, bajito pero lo hacía). Esta gente, o es muy alegre, o tiene una cualidad artística fuera de lo común. Parece que aprovecharan cualquier ocasión propicia para cantar o tocar algún instrumento. Da gusto verles y oírles, yo creo que es síntoma de salud mental.

Esa noche, una luna inmensa, que me despierta, entra por los ventanales sin protección, pero no me impide el sueño. Han sido momentos muy intensos los vividos en Amsouzart. Aún resuenan en nuestros oídos las risas que nos hemos echado a cargo del "cubito amarillo" (un cubo como los de playa que porta siempre "Colmillitos", y que pensamos que puede servir para todo.., incluso para lavarse los pies o acarrear el agua de nuestra comida); también instauramos el himno oficial de la expedición, que podéis escuchar aquí XDDDDD, y que se llama "Qué bonito mi ranchito".., cortesía de Javi Corroto, al que desde aquí envío un fraternal abrazo.

¡Besotes, ya seguiré otro día contándoos mis aventuras en las montañas del Atlas!

P.D: por cierto, no se nos ocurrió organizar un bailecito como el del youtube. ¡Vaya, qué fallo XDD!

martes, 23 de junio de 2009

Caminando por el Alto Atlas III-2

¡Cómo mola esta foto! De nuevo gracias a Diego, uno de los integrantes de nuestra expedición.., ya que, de momento, servidora tiene ciertos problemas con las afotos.., y no sabe si va a tener que formatear el PC, o no XDDDD. Eso es un puesto típico de venta de postales, chocolatinas, bebidas, y velos beréberes en el Atlas. ¡Ahí fue donde yo me compré mi propio velo, que lo andaba persiguiendo ya! ;-)

Ayer me quedé en la narración a mitad de camino, recién descendidos de una pedrera infernal y tras atravesar aquel desfiladero estrecho y "leonino"... Al llegar a la aldea de Tissalday, me quedé flipada por varias cosas. La primera, que los niños beréberes se nos acercaban alucinados, poseídos por una mezcla extraña de admiración, curiosidad y asombro, en cantidades masivas. Por ello nuestro guía, Ibrahim, se tomó la molestia de hablar largo rato con ellos, para "contenerlos" y convencerlos de que nos dejaran tranquilos. No sabemos aún que historias les contaría...

También las casas suscitaron mi interés... Todo el valle que más tarde atravesamos estaba cuajadadito de pequeños poblados que, como aldeas medievales, se arracimaban trepando en imposibles y acrobáticas torsiones sobre los abismos... Las casas, que parecían de adobe, tenían los tejados planos que ya había visto en la Alpujarra granadina.., pero conservaban su color arcilloso, terroso, en vez estar encaladas. Hay que destacar que en muchos de estos tejados detectamos ingentes cantidades de antenas parabólicas y placas solares ¡Alucinante!

La comida en Tissalday, debajo de un nogal inmenso, en plena naturaleza, sin jaima, muy improvisada porque habíamos tardado más de la cuenta en el descenso, fue extraordinariamente bien recibida por nuestros estómagos hambrientos... Lo más gracioso de todo es que a servidora le dio un "apretón" ineludible en mitad del evento, y como unos doce o trece niños del pueblo se mantenían a una distancia aproximada de unos 7 metros sin moverse ni un ápice, pero no nos perdían ojo mientras reponíamos fuerzas, tuve que realizar una serie de extraordinarias y fantásticas "contorsiones" para poder aliviarme en medio de un trigal cercano. Hay que destacar la forma en la que estas gentes aprovechan el agua que llega de las montañas, estableciendo canalizaciones que, en forma de acequias, impiden inteligentementeque el agua de las copiosas nevadas invernales se pierda valle abajo. El cultivo en terrazas forma parte de estas efectivas técnicas ancestrales.

Bajando ya por el amplio valle hacia nuestro destino del día, Amsouzart, a tan sólo 1700 metros.., deteniéndonos en las acequias para meter la mano y hasta la cabeza.., disfrutando de un paisaje conmovedor, de pueblos con casas apretadas como piñas, casi de nacimiento... Algunos se quedan rezagados (yo soy lenta caminando, pero una vez que empiezo, es difícil que acabe en el agotamiento). Niños y mujeres se asoman desde las ventanas; algunos saludan alegremente con la mano: les correspondemos. En uno de los pueblos que jalonan la ruta, nos sale al paso un hombre que empieza a hablar con Ibrahim. Nos pide.., ¡Betadine! Trae a su mujer, vestida con las ropas típicas beréberes (para mi gusto, mucho más animadas y bonitas que las marroquíes), con el rostro adornado por tatuajes tribales azules, unos 4o y pico de años... Tiene una herida con muy mal aspecto en una mano, que se ha hecho con una piedra. Diego y algún otro tratan de ayudarla: está infectada, llena de pus; es un buen tajo, y está muy hinchado. Tratamos de explicarle al marido que debe lavarse esa herida con jabón.., que hay que vendar y mantener lejos de la suciedad, y que el Betadine hará el resto. Pero no sabemos si nos comprende bien. Lo que sí tenemos claro es que esa mujer, a las pocas horas, seguirá trabajando con la tierra en su huerto.

Me queda claro que la posición de la mujer marroquí, incluso la de la mujer beréber del Alto Atlas (que goza de mucha más libertad y consideración que la anterior), no tiene nada que ver con la mía... Nosotros aquí, teorizando sobre que el mundo de la futura Era de Acuario tiene que comprender y asimilar completamente la integración del principio masculino y femenino.., y las mujeres de Amsouzart arqueadas como gusanos, portando a la espalda enormes fardos de hierba verde recién cortada, presupongo que para la alimentación del ganado.., mientras los caballeros reposaban a la sombra, tomando té y departiendo. Lo que más angustia me dio es que, encima de ir cargadas así, poco más o menos que como nuestras mulas.., ¡se apartaban bajando la mirada, cuando yo pasaba! En el Alto Atlas, un o una occidental, tiene algo así como "derecho de paso preferente". ¿Que hay un arroyuelo y una forma fácil y otra difícil de cruzarlo? Pues nada: la mujer beréber te dejará a ti, seas hombre o mujer, el paso más fácil.., y ella se meterá de pies en el barro o donde sea. Yo ya no sabía ni dónde mirar, de la vergüenza que pasé.

... No hubo "conversación" más alucinante, más conmovedora para mí en todo el viaje, que la que mantuvimos con una señora (yo no sé ya de que edad, porque el trabajo duro envejece a toda esta gente prematuramente) con la que nos cruzamos precisamente en una estrechísima callejuela de Amsouzart... Claro: la mujer iba con su fardo de hierba.., tirando a la vez de una vaca minúscula (de una raza minúscula), no sé cuántas cabras u ovejas.., en fin, un cuadro. El caso es que nosotros nos apartamos, porque ya era por demás.., y casi nos caemos en un arroyuelos de los muchos que jalonan los pueblitos beréberes (asquerosos por otra parte, porque allí el ecologismo todavía no ha llegado, y muchas veces tiran los desperdicios y las basuras como antes se hacía en Europa, al curso de agua más cercano). La mujer, que debió quedarse alucinada por nuestro comportamiento, empezó a darnos las gracias a su manera, a mostrarnos su espalda encorvada por los años y el mucho peso y trabajo, y sonreía, sonreía, sonreía... No sé: me pareció un instante de ésos que dejan una marca para siempre en la vida...

Cuando llegamos a Amsouzart, todo cambió. Es el único pueblo beréber en el que tuvimos la oportunidad de pasar unas horas, empapándonos de su forma de vida, de sus gentes, de su cotidianeidad. Íbamos a pasar la noche bajo techo, en un "hotel" que nos presentaban como el mayor de las bondades, después de haber pasado dos noches al cielo raso, bajo las estrellas... Pero la historia del "hotel" de Amsouzart merece capítulo aparte. Mañana continuaré narrando nuestras aventuras y desventuras por estas apasionantes tierras norteafricanas.

¡Besotes!

lunes, 22 de junio de 2009

Caminando por el Alto Atlas III-1

Éste es un auténtico, genuino beréber subido encima de una piedra en el collado de Tizi n'Terhaline. Se llama Ibrahim y fue nuestro guía por el Atlas. ¡Vaya vistas! Con el permiso de Diego, uno de mis compañeros de ruta, que fue quien le sacó la foto, la reproduzco aquí. ¡Gracias, Diego, por tu estupendo documental!

Nuestro tercer día en el Atlas fue menos duro, mucho menos duro que el anterior.., y afortunadamente, porque cuando uno lleva a cabo largas travesías de montaña, sabe que, normalmente, el tercer día es como para echarse a llorar.., por las agujetas y el cansancio.

Aún así, servidora lo acusó en forma de una diarrea contumaz que ya no me abandonó, más que menos, en todo el viaje.., y que todavía "profeso". A este paso, me voy a quedar con un tipín "Operación Bikini", que ni una modelo, oigan XDDDD.

Subimos por un camino cómodo, perfectamente armado, como para transportar todo tipo de cargas a lomos de caballerías., y con una buena parte de la subida a la sombra, como procurábamos siempre... La diarrea, como digo, seguía cobrándose sus víctimas, y alguno que otro compañero debía separarse del grupo de vez en cuando. "Demasiado té", fue la opinión de muchos, entre risas. Al subir al collado de Tizi n'Terhaline, una apertura de vistas que nos dejó a todos boquiabiertos, con mar de nubes incluido, como se puede apreciar en la instantánea. Ibrahim tuvo mucha paciencia con la orgía de fotografías que sacamos allí, sobre todo, de la cara norte del "Deseado".., el propio Toubkal que habríamos de subir en unos días.., "si Dios quiere".

Un ratico largo para mandar mensajes de móvil a nuestros amados seres en la distancia, ya que es el único sitio en muchos kilómetros a la redonda con cobertura.., y a bajar brincando por un camino alucinante, con unas vistas de escándalo. "Nuestros" muleros iban cantando casi constantemente, y por Dios que tenían buenas voces, a tenor del eco que devolvían, centuplicado, los inmensos farallones de piedra desnuda. Aquellos muchachos de edad indefinida (no creo que ninguno de ellos supere los 30) llenaban de alegría y pasión por la vida aquellas inmensidades. Ibrahim, más serio en apariencia, era un cashondo mental, sin embargo. De tres veces que hablaba, dos y media era en broma o con doble sentido. Así que, cuando se ponía serio de verdad, casi daba miedo.

A propósito de nuestros amigos los muleros, tengo que decir que la noche anterior a esta jornada sufrimos un discreto "trauma", que ya no nos abandonó en toda nuestra visita al Atlas. Y es que uno de ellos (al que desde entonces apodamos "Colmillitos", porque el hombre tenía la dentadura harto prominente) nos "obsequió" con una visión de su potencial masculino en el pleno ardor y esplendor de los mejores años.., así, de refilón, paseándose tan ancho por delante de nuestra jaima al atardecer. La verdad, fue "demasiao pal'body" de todos nosotros, perdidos en aquellas latitudes y altitudes, tan lejos de casa, tal "impacto". Prefiero no repetir las bromas que hicimos desde aquello cada dos por tres a costa de "Colmillitos", jajaja.., pero es que no sabíamos a cuento de qué el buen hombre se había "inspirado" de "tamaña" forma: si por las dos voluptuosas féminas de la expedición (ay, que me meo, jojojo).., o más bien por los seis bigardos restantes que la componían. ¡Nunca se sabe! XDDDDDDD. ¡Menudo campo de nabos, juajuajua!

Volviendo a la ruta, el caso es que bajamos un considerable desnivel por un camino muy cómodo.., que paulatinamente se convirtió en una pedrera infame, infernal. Empecé a acusar el calor, pero sobre todo, el sol inclemente, brillante como el mismísimo Lucifer, y que me hacía bajar la cabeza y concentrarme en aquellos pedruscos como melones, llenos de polvo, que a través del cauce de un riachuelo acabaron por "incrustarnos" literalmente en uno de los desfiladeros más acojonantes que he recorrido en mi vida. Comentamos que, efectivamente, los últimos leones del Atlas deberían haberse refugiado aquí. Los encuentros con pastores, con gente de la tierra que se detenía a hablar amablemente con nuestro guía, eran escasos, pero amigables. Unas cuantas paradas bajo unas piedras, agotados por el calor, el polvo y la dureza del terreno, y de repente, como si la vida hubiera hecho acto de presencia en medio de la inmensidad de un desierto, ¡plof! Un río cristalino que surge de la tierra misma, que corre ladera abajo, que nos emociona con su promesa de frescor y de solaz. Y entonces, abriéndose maravillosamente el desfiladero, la primera de las aldeas beréberes, donde tuvimos que parar a comer, porque estábamos agotados: Tissalday.

Pero eso prefiero dejarlo para mañana... Mis impresiones de la jornada de este día, que fue creo yo, el más intenso dentro del Atlas marroquí, han de ser cuidadosamente descritas. Os dejo con el buen sabor de boca del desfiladero "leonino", de abruptas piedras que se precipitaban sobre nuestros pobres organismos dañados por el sol y la sed, como agujas inclementes; con ese río que surgió de repente del interior de la tierra, la montaña y la piedra, puro y caudaloso como no me podía imaginar yo que fuera a encontrármelo en aquellos lares; y la visión, a lo lejos, de la primera aldea beréber auténtica, escondida como un milagro en mitad del Atlas, y las caras de alucine de los críos pequeños (porque las montañas del Atlas están cuajadas de críos pequeños) cuando nos vieron llegar, agotados y cubiertos de polvo, desde lejos... Nunca en mi vida me he sentido más exploradora.., ni más extranjera, que en aquellos momentos.

¡Seguiré mañana!
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No quiero pasar sin dejar de señalar que el pasado domingo, día 21 de junio, o sea, ayer, fue el solsticio de verano aquí, en el hemisferio norte... En el sur se recibió, por cierto, la llegada del año nuevo solar. Antiguamente, los incas celebraban el Inti Raymi, precedido del avistamiento de la Cruz del Sur y de Llamañawi, "los Ojos de la Llama".., es decir, las estrellas Alfa y Beta de Centauro.
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Pa no irme muy lejos y aprovechando que menciono esos lares, tengo que reproducir aquí el enlace que me ha enviado Cástor Vs. Póllux sobre el tema de los últimos disturbios en el Perú. Al parecer, una amiga suya reside en Arequipa, y nos manda esta perla para que nos situemos correctamente. Advierto: la crudeza de algunas imágenes puede herir la sensibilidad.

http://www.distritodechingas.net-a.googlepages.com/masacreenbagua.htm

Acojonante. Prefiero no decir nada, que luego tóo se sabe. Cada uno/a que saque sus propias conclusiones. Además, no creo que los policías tengan tampoco la culpa. Debe ser la experiencia del Zoco de Marrakech, que me ha traumatizado y aún estoy procesando, porque ya no pienso como hace un mes. Al fin y al cabo, el del pantalón amarillo, con la camiseta cubriéndole el rostro, parece "talmente" norafricano.., salvando las distancias, eso sí.

¿Y qué es lo que dice el remitente del mensaje? Pues lo siguiente. Pasen y lean:

"Estimados amigos y amigas,

Tenemos que difundir estas imágenes de nuestros hermanos amazónicos asesinados por la codicia e insania de este gobierno aprista, son imágenes que no se van a ver en los medios de comunicación, por eso es importante difundirlo, para crear conciencia de la realidad que se está viviendo en estos momentos con nuestros hermanos nativos de la Amazonía y también nuestros policías, que han sido expuestos en contraposición, por estos inescrupulosos del gobierno y la clase política. La situación es crítica, mas aún con la campaña mediática que ha lanzado el gobierno para vender una imagen distorsionada de la realidad, siendo el propio gobierno, quien ha violado sistemáticamente acuerdos internacionales (revisen el convenio 169 de la OIT parte II Art. 13) para trasgredir los derechos reales de las comunidades nativas, sobre el concepto de territorio y territorialidad primando sus intereses privados (negociados y chanchullos como los petroaudios) para favorecer a grupos de poder que envenenan y destruyen nuestra Amazonía, con el pretexto de un “desarrollo” a través del “chorreo” que van a promover estas transnacionales".

... Si ya decía yo que era muy raro que los anuncios de Endesa, que siempre propugnan el "buen rollito", como dice el mismo Cástor Vs. Póllux, me produjeran tal urticaria generalizada... ¡Y eso que están tan bien hechos, tan editaditos, pensaditos para convencer al televidente! ¡Cuánto buen rollito me embarga por doquier, Vive Dios! ¡A ver si me va a acabar pasando como a "Colmillitos"!

En fin. Que ya estoy largando más de la cuenta, y no soy Alatriste... ¡Que me pierdo!

¡Buen comienzo de semana, con la luna nueva de hoy, día para estar muy presente y observar los detalles! Luna trígono Neptuno/Luna cuadratura Urano/Luna trígono Júpiter y Quirón/Luna oposición Plutón. ¡Menudas energías, che!

miércoles, 17 de junio de 2009

Caminando por el Alto Atlas II

"Vale más caer entre las garras de los buitres que en las manos de los aduladores"
Antístenes.
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"Peazo" de bicho, ¿eh?

Si me hubieran preguntado, hubiera jurado que era un águila real: visto así, de lejos y planeando virtuosamente por los Atlas marroquíes...

Claro, que también pensé que podía ser una arpía.., aquellas hermosas mujeres aladas de la mitología griega, que en realidad eran genios maléficos armados de largas garras.

Pues no, señor: se trata de un quebrantahuesos joven, de menos de un año. Una especie de buitre que puede llegar a alcanzar los casi tres metros de envergadura alar. Ahora hablaré un poquito sobre él.., enseguidita ;-)
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"Cuaderno de bitácora: fecha estelar 2009. Éstos son los viajes de la nave espacial Enterprise..."

Ah, no, que me estoy confundiendo de aventura ¡XDDDD!

Segunda etapa del trekking marroquí por el Alto Atlas. Día 7 de junio de 2009.

Todos los días, salvo raras excepciones, nos levantábamos temprano, con la fresca. La idea era poder aprovechar las horas mejores del día, con menos temperatura, para caminar, y a partir de las 3 de la tarde, si habíamos cumplido objetivos, descansar ya el resto de la tarde, haciendo el vago. Como véis, no pinta tan mal la propuesta, ¿verdad? Aquel primer amanecer en medio del camino dimos buena cuenta de un desayuno que siempre, indefectiblemente, consistía en varios pedazos de pan moruno a repartir; un tazón de leche (en polvo); mermelada de higo y fresa; mantequilla; miel; quesitos en porciones; y nocilla y colacao, además de café soluble. Servidora llevaba ventaja porque, al no tener mochila grande que hacer (continuaba perdida), sólo tenía que ocuparme de las pocas cosas que debía llevar para la ruta del día, incluida el agua.., y acababa recogiendo el tenderete antes que el resto.

Habíamos hecho ya algunas gestiones, y nos dijeron que no nos preocupáramos con respecto al tema de la mochila. Le entregué mi pasaporte (luego me arrepentí, pero porque suelo ser muy desconfiada con esto) a uno de los muchachos de la organización del viaje, así como el recibo de haber puesto la denuncia de la pérdida mochilera en el aeropuerto de Marrakech.., y él me dijo que no me preocupara, que la mochila aparecería y que igual podrían subírmela algún día del trekking, si la encontraban. Yo no me lo creí, pero weno, aún así preferí poner aquel asunto en sus manos.

La aldea de Sidi Chamharouch está situada ya a 2326 metros en el camino de ascensión normal del Toubkal. Aquí se encuentra el morabito (el equivalente moruno a nuestros "santos") que protege, al parecer, a la tribu beréber Ait Mizane. Hay que destacar que los morabitos siempre se ligan a cursos de agua, y casi siempre están situados en lugares altos. En ellos se ofrece la posibilidad de ser enterrado junto al santo, por lo que casi siempre podemos hallar un pequeño cementerio en el entorno. Un árbol sagrado, al menos, preside igualmente el lugar, sobre el que se cuelgan dádivas y prendas relacionadas con la intimidad de los fieles que las depositan. La fiesta o ritual del santón homenajeado aquí se celebra una vez al año, y a él acuden fieles de lugares en ocasiones muy lejanos, en romería.

El fenómeno de los morabitos es típico de los países del Magreb, y probablemente esté relacionado con formas de culto religioso anteriores al Islam, así como con cultos semejantes en la orilla opuesta del Mediterráneo, dispensados a santos católicos. Teóricamente, según los preceptos islamistas, este tipo de cultos debería estar prohibido, y de hecho en los últimos años algunos morabitos importantes han sido víctimas del asedio y hasta de destrozos por parte de grupos religiosos radicales.

Nosotros sólo vimos un poblado curioso, diminuto, con construcciones arcaicas de madera que nos recordaron muchísimo a los famosos tinaos de Sierra Nevada (al otro lado del Estrecho). Los cascos de cristal de las botellas eran "reciclados" por los locales, que los acumulaban en sendas papeleras de obra a ambos lados del camino. Allí compramos agua para ese día (nos habían recomendado consumir sólo agua embotellada por aquello de la diarrea aunque, como poco después pudimos comprobar, aún no sabemos si ese particular tiene mucho sentido aquí). Es curioso de ver cómo los beréberes desvían el agua en sus puestecillos de madera por medio de canalizaciones minúsculas, que hacen que el líquido que venden esté siempre fresco, porque sobre él caen constantemente diminutos chorros, emulando pequeñas cascadas.

Una vez traspasada la piedra encalada bajo la cual se escondía la "mezquita" sagrada, enfilamos rumbo a nuestro objetivo del día: el collado de Tarharat. ¿El desnivel? Fino, fino: teníamos que superar unos 1800 metros hacia arriba, en una sola jornada. Bueno: he superado cosas peores, pero llevaba tiempo sin hacer monte, y todos (no sólo yo) estábamos más o menos desentrenados. El Tizi n'Tarharat se encuentra, pues, a 3.460 m, y a esa altura, por experiencia, ya puede afectarte la altitud. Y de hecho, lo hizo: fuimos varios los que acusamos de repente el dolor de cabeza, la mayor dificultad para respirar, los latidos en la base de la nuca y el cansancio. Sencillamente, nos estábamos aclimatando a la altura.

La subida comenzó por una pedrera infame donde había que dar saltos como una cabra para poder mantenerte en la vertical. Me enteré, con pena, de que no iba a poder ver a los fantásticos arruís, los carneros salvajes del Atlas, ya que vivían en otros montes de por allá. La subida fue realmente penosa, porque no estábamos fuertes todavía. Uno de mis compañeros ya traía la diarrea desde Madrid, y se quedaba el último siempre, aunque es uno de los tradicionales "machacas". Parábamos de vez en cuando en las pocas sombras que el camino proporcionaba, debajo de enormes rocas (aunque habíamos empezado a la sombra, poco a poco la luz del astro rey se abrió paso entre las angosturas del valle que trepábamos). Comíamos naranjas y frutos secos que Ibrahin llevaba en una bolsa.., y otros pocos que nosotros nos habíamos traído.

Tremenda sudada, pues, y algunas ráfagas de aire ya en lo alto del collado (¡por fin!), viendo una panorámica impresionante a ambos lados. Dejamos a nuestra derecha, sin subir (era una ascensión opcional) el pico Tichky, y prácticamente todos nos derrumbamos, medio tirados por el suelo, buscando aire lo más oxigenado posible para recuperarnos. Un rato de descanso, y el descenso mucho más cómodo hacia la majada de Azib Tifni. Es ésta una discreta agrupación de cabañas de piedra y madera, frecuentada por los pastores nómadas en el verano, cuando suben con sus rebaños a estas cañadas fértiles. Gracias a una ingeniosa roturación a base de minúsculas acequias, excavadas en el terreno y dispuestas como una red, se permite en esta zona el aprovechamiento del agua de los riachuelos de montaña, y se consiguen frescos pastos en pleno erial.

Muchas bromas en la cumbre del collado, cuando nos damos cuenta de que nuestras mulas y muleros (que iban por otro camino más cómodo) se han perdido y han bajado por otro valle.., teniendo que volver a subir y a bajar por el camino correcto. ¡Menuda gracia, si nos hubiera pasado a nosotros!

Me quedo la última (normalmente, soy la que cierro la marcha) y voy bajando con cuidado por una de esas pedreras de cantos móviles que tanta rabia me dan, cuando de repente veo su sombra. Es grande, y planea sobre nosotros. Miro pa'rriba, y no veo un carajo. Sigo bajando, concentrada en mis pasos para no torcerme un tobillo, y entonces ya lo localizo: inmenso, espectacular, amenazador. Gira en círculos en torno a los tres últimos del grupo.., y yo soy la última de los últimos. Agh. Lo miro, lo veo planear, lo estudio de cerca, y no sé qué es. Me parece algún tipo de águila, pero no lo identifico bien. Socorro. Mamá. Yo quiero volverme pa'España. El bicho da sendas pasadas cada vez más bajo, y yo continúo descendiendo la pedrera, mirando para el suelo. No puedo vigilarle a la vez y caminar, así que me quedo más retrasada aún, quieta y esperando a la "fiera", a ver qué pasa. Me gritan que no me detenga, que siga avanzando. Levanto los ojos sobre mi vertical, y ahí está: justo encima de mi cabeza, como a 5 ó 6 metros tan sólo, y entonces pliega los hombros como si se me fuera a echar encima. Pego un grito con toda mi alma "¡¡Me cago en la madre que te parió, puto bicho de los cojones!!".., o algo similar, que soy incapaz de reproducir ahora con precisión. El ave rapaz se eleva un poco, veo cómo me mira... Da otra pasada más arriba, y se aleja lentamente. Aún así, varias veces nos volvió a sobrevolar casi rasante, y acabé cogiendo una piedra con la mano, dispuesta a quitármelo de encima al más puro estilo "drea". Alguno comentó más tarde que él hubiera preferido el bastón de montaña, si se le hubiera echado encima XDDD.

Hasta que llegamos a España y pudimos consultarlo, no supimos qué demonios era aquel "depredador"... Luego me arrepentí de no haberle sacado una foto de cerca, pero en serio creí que me acechaba. Los más rápidos nos dieron la enhorabuena por haberlo tenido tan cerca, cuando llegamos a su altura. En aquel momento, sin embargo, yo casi sentí la necesidad de sacarles a todos los ojos, por graciosillos XDDD.

Acampamos por fin a las tres de la tarde, asfixiaditos de calor, pero ya con nuestra deliciosa jaima, que hacía las funciones de comedor y de habitación comunal para la siesta, desplegada. El ritual era similar en todas las ocasiones: descargarnos los lomos, quitarnos las botas polvorientas (al final del viaje, casi no sabíamos cuáles era de quién), tomarnos un té fuertemente especiado para fortalecernos, comer ensalada beréber con aceitunas.., y a dormir como gorrinos, todos juntos tirados en la tienda, roncando a pierna suelta. Por la tarde me acerqué con Merche (la otra chica de la "expedición") a las pozas de agua que se formaban gracias a los riachuelos que corrían dando saltos entre las peñas, para asearnos, lavarnos la cabeza, y todo lo que fuera posible. Desgraciadamente, yo había extraviado mi bañador junto con la mochila grande.., así que tuve que hacer auténticos contorsionismos para poder limpiarme de una forma más o menos decente.

¿Y por qué tanto cuidado, cuando una se ha bañado completamente en pelotas anteriormente en plena naturaleza, y sin ningún pudor? ¿Es que acaso estoy retrogradando mentalmente, como los planetas?

Pues no: es que el beréber, como ya os dije, se camufla que da gusto. Parece un camaleón, y es silencioso. Varios señores, aparecidos como de la nada, nos dieron las buenas tardes con sorna, según andábamos lavándonos los pies o algo mucho más peliagudo. ¡La Virgen, qué estrés de baño!

… Aunque peor fue lo de "Colmillitos".., qué duda cabe...

Pero eso, más bien, queda para mañana.., ¡que no voy a contaros todo de un tirón!

¡Besotes!

martes, 16 de junio de 2009

Caminando por el Alto Atlas I

La terminal T4 de Madrid es un auténtico coñazo. Por si viajáis y os toca arribar en ésa, aviso que vayáis, al menos, con dos horas de antelación. Nosotros, que creíamos que íbamos con tiempo, nos metimos en el avión casi de milagro. Qué estrés de pasillos, de controles, de pasaportes y de trenecitos que conectan andenes con vuelos y con instalaciones, por Dios... Creo que todavía me estoy recuperando de aquello más que del cansancio del propio viaje. ¡Las esperas y trámites en los aeropuertos son una angustia!

Desde el aire, esta zona de Marruecos parece similar a España, con sus mismos cultivos, pero bastante más árida... El viento aquí parece muy habitual, y levanta nubes de arena que colman el aire de una bruma casi perpetua. Al llegar al aeropuerto de Marrakech nos hacen una foto en los controles (qué risa). El funcionario de aduanas, extrañado por mi nombre de pila, me pregunta que si soy española, que de dónde eran mis padres, que dónde nací, que si sé francés... Aparentemente, no pueden concebir que nadie se llame Fátima más allá de sus fronteras.

La primera en la frente: me han perdido la mochila en el aeropuerto. Afortunadamente, y siguiendo indicaciones muy inteligentes, llevo las botas puestas, como en la peli. Eso me va a permitir andar, porque un trekking con botas nuevas (en caso de que pudiera encontrar dónde comprarlas) iba a ser muy jodido.., porque hasta que unas botas se "doman", las heridas en los pies están casi aseguradas. Decido no pensar, no quejarme, no retrasar más a mis compañeros. Las infraestructuras y los vehículos nos parecen relativamente modernos, a excepción de ese carro tirado por una mula que pasa a todo galope por delante de la gasolinera. Chilabas en moto nos observan y analizan con ojos curiosos. Nuestro conductor, ignorando una y otra vez nuestras negativas, se empeña en parar en una cooperativa de mujeres que extraen el famoso aceite de argán de los árboles. Como me he quedado sin el neceser de aseo, compro jabón y aceite puro(pensaba adquirirlos, ya os lo comenté anteriormente.., y pensé que así ganaba tiempo). Más tarde comprobé que era una especie de parada obligada en todos los desplazamientos turísticos :-)

En dirección a Imlil, todo cambia. Ya la carretera nos ofrece paisajes sugerentes: valles encajonados que cobijan caudalosos ríos (hogar de bellísimas garcetas blancas); puestos que venden de casi todo: dátiles, frutas, cacharros de barro, al pie mismo de la carretera; olivares semejantes a los nuestros, cultivos de altos palmerales; aldeas de barro que parecen nacimientos a tamaño real. El asfalto serpentea montaña arriba, cada vez más estrecho, cada vez más "perjudicado" por los hielos y las nieves de los duros inviernos del Alto Atlas. La conducción en Marruecos es algo más que temeraria, a nuestros ojos occidentales. Camiones llenos de hombres colgando como racimos suplen el papel del transporte público allá donde el autobús no se atreve a adentrarse. Las mujeres, pintorescamente cubiertas con velo, caminan por el arcén sin prisa. Viejos beréberes a lomos de burro hacen suya la tradicional frase en castellano que ellos repiten por doquier: "prisa mata, amigo". La prisa mata.

Imlil es una pintoresca aldea de montaña muy conocida en Marruecos, ya que de ella parten la mayoría de excursiones hacia el Parque Nacional del Toubkal, que era nuestro objetivo. La cumbre de este pico, el Jbel Toubkal (cuyo nombre significa, literalmente "el pico del que cree en la tierra") alcanza los 4167 metros de altura. Imlil debe su "desarrollo" precisamente a la actividad montañera que se desarrolla en la zona. En el pueblo termina la carretera asfaltada, y hay que empacar todo, después de una deliciosa comida a base de aceitunas, ensalada de tomate triturado con especias, y cordero. Alucinamos con las mulas (5 mulas con sus respectivos muleros para 8 personas que somos, ¡menuda caravana!); alucinamos con los puestecillos de Imlil camino de la ruta, en los que se vende de todo. Alucinamos con las ropas, con el habla de la zona, con los tipos ya genuinamente beréberes. Alucinamos, una vez más, con las carnicerías al aire libre, donde la carne pende de un gancho, cubierta de moscas, y las cabezas decapitadas de las cabras parecen un extraño tributo a algún dios ancestral (esto ya lo había visto yo en República Dominicana). Y finalmente, alucinamos con la gran cantidad de vegetación que espesa el fondo del valle, compuesta en su gran mayoría por nogales y otros árboles de espléndido porte. La temperatura es increíble: no creo que sobrepase los 24 grados a pleno sol.

Ibrahim fue nuestro guía: un especímen de los que ya quedan pocos en este mundo. Tengo que decir, en honor a la verdad, que casi acabó cabreándome (pero eso es más bien porque servidora tiene el carácter un poco fuerte, y muy pocas ganas de hacer lo que le dicen ni siquiera los que saben; tal cosa, por supuesto, es más bien un defecto mío que un problema de nuestro guía, y lo admito abiertamente delante de quien sea necesario). No puedo calcular su edad con certeza, pero pienso que rondaba los 40 años. En realidad este Ibrahim, aparte de ser en apariencia super conocido entre la comunidad montañera, es un guía excelente, y no tengo por qué negar la evidencia al respecto. Al principio debió hacerle gracia mi nombre (cómo no), y dio en llamarme por el apelativo de "Fátima Beréber".., aludiendo a que mi nombre era muy común allá en sus tierras (Fátima fue la hija única del Profeta Mahoma). Si queréis conocerle, está en una foto en este blog, sujetando a un niño en volandas. Es el de la izquierda, según se mira la foto :-). El otro, el de las gafas, es el jefazo de toda la organización (muy eficaz, por cierto).., el mandamás de las montañas; el que organiza todas estas excursiones y, aparentemente, el que gestiona cada uno de los movimientos de su gente por estos remotos lugares.

Subimos dos horas escasas por el camino hasta llegar al santuario de Sidi Chamharouch. Este enclave es una especie de "poblado santo" en medio de la montaña, bajo cuyos pies brotan las aguas de un caudaloso río, el Assif n Imlil. En esta zona fue hecha la fotografía de arriba: concretamente, en uno de los "bares" minúsculos del pueblo. El lugar consta de un pequeño grupo de casas, casi todas convertidas en tiendas de minerales o productos tradicionales. Pero de este santuario hablaré un poco más mañana. Nosotros, esa noche del sábado 6 de junio, acampamos junto al río, descubrimos un escorpión encima de una piedra, y disfrutamos por primera vez de las bondades de la acampada bereber: durmiendo en tiendas de campaña medio destrozadas de dos en dos, cenando y comiendo juntos los ocho en una jaima especialmente levantada cada día para nosotros, sin sillas, encima de estores y cojines. La cena era siempre igual: empezaba con una harira (sopa tradicional marroquí) que habitualmente estaba hecha a base de las sobras de la comida principal del día, más algún ingrediente adicional; las excelentes aceitunas y pan de la zona; y un plato fuerte a base de pasta o carne, verduras, lentejas, tomate, así como un fiambre asqueroso de cuya forma y color no quiero acordarme. Al ser Marruecos un país musulmán, desconocemos los ingredientes de dicho comistrajo. ¡Espero que no estuviera hecho con la carne de alguna mula, o cosa similar! XDDD

Fuera de coñas, y al margen de las limitaciones normales y lógicas en circustancias tan montañeras, las veladas a la luz del candil eran excelentes. Nos reíamos hasta reventar con los sucesos del día y las ocurrencias de todos mis compañeros. Ibrahim venía a hacernos una pequeña visita de cortesía cada noche, y hablábamos un rato de las rutas por la montaña, de lo que veíamos, de nuestros respectivos países, de nuestras diferentes constumbres. Al anochecer, se oían los rezos en voz alta de nuestros compañeros muleros, el cocinero, o el mismo Ibrahim, así como al amanecer, por regla general. Los musulmanes tienen por precepto que rezar cinco veces al día, pero nuestros acompañantes siempre eran bastante discretos, y nosotros procurábamos no molestarles en sus plegarias a Alá.

Mañana sigo contándoos nuestras andanzas por el Alto Atlas.
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Aprovecho este espacio, igualmente, para postear este comentario que ha aparecido hoy en el periódico madrileño 20 Minutos. ¿Os habéis enterado de lo que está pasando ahora mismo en la selva del Perú?:

"El peor de los grandes crímenes de Hitler fue hacer creer a los alemanes, derrotados en 1918 y arruinados por la crisis de 1929, que la culpa de sus males la tenía una minoría de su población, los judíos. Alan García ha señalado como culpable de los males de los peruanos, que él mismo ha agravado, a la minoría india que (osa decir con adjetivos ya comprobadamente homicidas) son ciudadanos de segunda y "como el perro del hortelano, ni come ni deja comer" de las tierras en las que viven. Este nefasto político sigue fomentando el genocidio que empezó hace 500 años, que agravaron en muchos sentidos los criollos tras la independencia, y que continúa hasta hoy con el neocolonialismo capitalista.

Urge denunciar y frenar, mientras estemos a tiempo, a Alan García, que se excusa tras razones de bien común que serían adecuadas para aplicar una política de exterminio de minorías, conflictos internacionales y destrucción catastrófica de la naturaleza en beneficio de unos cuantos".

Bueno, pues con mucha prudencia porque desconozco casi completamente el particular, y a mí sólo me gusta opinar sobre lo que sé a ciencia cierta, pero añado lo siguiente a este comentario publicado hoy, y firmado por un tal Diego Mas Mas: señor García (que no sé si tendremos algún antepasado en común porque ostentamos, aunque sea en segundas, el mismo apellido), le agradecería que no cite al insigne Lope de Vega para justificar sus propios genocidios, dado que los españoles ya somos acusados de unos cuantos, considero, como para añadir uno más a la lista. Y por cierto: esas tierras no sé si serán suyas, o de quién, pero apuesto a que la riqueza y la biodiversidad que cobijan pueden ser de interés para todo el resto de la Humanidad. ¿Me equivoco?

Los mismos perros, con diferentes collares... ¡Ya les vale!

¡Besotes!