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viernes, 19 de febrero de 2010

Cobrar.., o no cobrar

"Hace muchos, muchos años, en un reino".., ah, no: que ésa era una canción de mi época, de Radio Futura, que se llamaba Anabbel Lee por cierto y era una mezcla muy rara de Plutón y Neptuno combinados XDDD.

Lo que yo quería decir es que, al principio de los tiempos, servidora confundía mucho las churras con las merinas, y pensaba que cobrar a la gente por el trabajo espiritual era, precisamente, más bien poco espiritual.

Hasta que un día, un sacerdote lama de alto rango me miró a los ojos y me dijo que no me liara: que no tenía nada que ver la velocidad con el tocino.

Me preguntó por qué me sentía culpable por cobrar a la gente por mi trabajo... Inquirió si creía que el carnicero, el frutero, el señor del autobús o el sastre se debían sentir culpables por percibir un sueldo por su labor. Me hizo ver todos teníamos que vivir y alimentarnos, y también que mi actitud tal vez tenía que ver con cierto problema con el lado femenino de mi persona, en el sentido de que siempre pensamos que es muy femenino lo de dar, el otorgarse siempre; pero en realidad, la función más femenina y perfecta consiste precisamente en todo lo contrario: en recibir ;-)

Así que empecé a mirar con sospecha a algunas personas del ámbito de la astrología, del tarot o de otras artes, que me decían que "cobrar es malo", y que no se debe percibir nada por estos trabajos... Sobre todo, porque yo notaba cómo me cansaba, cómo sudaba incluso copiosamente, a la hora de hacer una lectura del tarot, por ejemplo. Cómo me devanaba los sesos, levantando una carta astral e interpretándola. Cómo emocionalmente me implicaba en alguna sesión de hipnosis.

Hasta que llegó otro hombre, mi maestro de reiki, Daniel, y un buen día dijo "tú verás lo que haces, pero la energía debe fluir; se debe dar, pero también recibir. De hecho, de no hacerlo, te encontrarás en problemas". Y tenía razón: porque me empecé a dar cuenta de que, si no cobraba, aunque fuera "en especie", al cabo del tiempo empezaba a sentirme dolida, frustrada, cabreada incluso... Me notaba baja de energía, como si los demás me absorbieran algo, como si se apoderaran de algo de mí, y empezaba a culparles.

Obviamente, no estaba haciendo las cosas bien. Y me costó harto trabajo comprenderlo, ¡vaya que sí!

Todo trabajo debe cobrarse. Hasta el maestro Usui, el artífice del reiki tradicional como sistema japonés de armonización energética, cobraba unos honorarios por su trabajo, y eso es mundialmente reconocido... Es absolutamente justo: lo que no es justo es lo contrario, o sea, no cobrar. A mi me parece incluso hasta nefasto y dañino para tus pacientes/clientes, ya que no se trabaja igual de a gusto. Y si no, que se lo digan a los lamas tibetanos que están ahora mismo en Madrid: ellos enseñan, otorgan sabiduría, inician en los misterios del Cosmos y nos dan un valioso legado de hermoso conocimiento.., pero cobran. Vaya si cobran. Y os aseguro que su enseñanza lo vale.

Además, he descubierto algo muy curioso acerca del género humano: somos raritos, y casi nunca, o muy pocas veces, valoramos aquello que nos sale gratis. Qué extraño, ¿verdad?

En fin.., otra cosa es que se abuse; una puede ajustar los precios, y más en estas épocas tan difíciles que vivimos. No siempre se cobra: no vas a cobrarle por un favorcillo a un amigo, por ejemplo. Incluso, hay veces en que una decide ir a dar reiki gratis a hospitales, a enfermos deshauciados o a ancianos en residencias que no se pueden valer: pero es que lo que estas personas nos otorgan, nos donan con su agradecimiento, es mucho más valioso que cualquier otra recompensa material o física.

Bueno: hoy he empezado como con un monólogo de Hamlet, y me he ido casi, casi, hasta lo más prosaico y material de lo material. Pero todo reikiano sabe que pensar en los 4 chakras superiores, y descuidar los otros 3, es un error garrafal: uno de los más tontos y fatales que pueden cometerse. Cuidadito con eso, que estamos aquí para trabajar, para aprender.., pero también para comer :-)

¡Buen fin de semana, amig@s!

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