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lunes, 9 de febrero de 2009

Un vaso de kéfir de leche para sentirte bien

Me gusta cuidarme sin llegar a la obsesión. Es el secreto de la larga vida, la salud y la felicidad. No soy vegetariana, pero es verdad que no como más que una vez a la semana carne. Tampoco tengo intolerancia a la lactosa, pero he descubierto que me sienta mejor, mucho mejor, una leche derivada del extracto de quinoa (otra maravilla vegetal de la que ya os hablaré). Detesto las grasas (me sientan fatal al estómago), procuro cenar poco, desayunar mucho, y no meterle al cuerpo demasiadas salsas, alimentos precocinados, o poco naturales. Me encanta la fruta y la verdura, y únicamente tengo problemas con el dulce (soy una golosa de cuidado y no debería tomar tanto). El kéfir es un buen aliado para una dieta correcta. Paso a explicaros algunas cosas sobre él.

Hay muchas teorías sobre el origen del kéfir. Se comenta que proviene del Cáucaso, siendo heredado entre varias generaciones de tribus y secretamente protegido, pero poco a poco se fue expandiendo debido a los grandes beneficios que de él se obtienen. Los gránulos del kéfir de leche (en la fotografía adjunta) son una mezcla de bacterias y levaduras no patógenas, unidas por una matriz de polisacárido, que viven en estrecha simbiosis. Existe kéfir de leche, de agua y de té. Hoy solamente voy a hablar aquí del de leche.

Este alimento es como una especie de yogur. El sabor va a depender también del tiempo que dejes la leche en el hongo. Lo normal son 24 horas: a partir de entonces, cada vez irá tomando un sabor más agrio. Por regla general pueden tomarlo las personas con intolerancia a la lactosa, ya que produce algunas de las enzimas lactasa requeridas para la adecuada digestión. Su función principal es ayudar a reforzar las defensas del cuerpo. Como norma general, para preparar kéfir se utilizan cuatro cucharadas soperas de nódulos como los de la foto, para un litro de leche, y se deja allí durante 24 horas. Después, se pueden retirar los gránulos de kéfir y tomar la leche directamente.

El kéfir no se vende en tiendas por lo general; sólo se puede conseguir a través de alguien que lo tenga. Mucha gente acaba cansándose de él, ya que hay que tenerlo continuamente en leche para que pueda vivir, y consiguientemente, fabrica y fabrica kéfir continuamente, engrosándose los nódulos y creciendo constamtente en este proceso. Por ello, la mayoría de la gente acaba regalando aquellos gránulos que le sobran. Es la mejor forma (y la más económica) de adquirirlo. He visto en alguna tienda naturista fermentos para obtener kéfir, pero además de costar un ojo de la cara, sólo valen para determinadas veces. Además, no me fio de que realmente sea kéfir, u otra cosa.

Voy a ver si consigo kéfir. Si lo hago, ya os lo comentaré, y cómo me va. Como no quiero tomar leche, tengo que ingerir bastante yogurt, y queso fresco, para mantener mis niveles de calcio. Las algas también son buenos aliados en este asunto. Pero sobre todo, me atrae el kéfir por lo digestivo que es, y porque mantiene la flora intestinal en correcto estado.

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