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viernes, 28 de noviembre de 2008

Saga de Astrea 9-fanficCaballeros del Zodíaco

Virgo es uno de los dos signos de sacrificio.., y muchas veces, se ve obligado a trabajar y operar en la soledad más absoluta. Someterse a la Voluntad es una titánica tarea.., dolorosa, que requiere una disciplina fuera de lo común. Soltar cuando hay que soltar.., eso, amigos, es una maestría ya de por sí.

Yo nada sé sobre mi futuro... No es la primera vez que me comenta gente con percepciones y capacidades muy cercanas a lo "paranormal", que jamás pudieron ver nada que tuviera relación con el acontecer de su vida. Ni en el tarot, ni en las manos, ni en los posos del café.

No me extraña. A mí me ocurre lo mismo.

Quizá porque, de saber el resultado, la batalla no se libraría con total devoción.

Y Virgo, además de un signo de sacrificio, lo es de absoluta devoción.

... O eso pretende... Báculo en mano, como el Ermitaño del tarot y como la Alba de esta historia, va buscando una luz que lo guíe en la más completa oscuridad. No se rinde nunca: siempre busca, siempre adelanta uno, dos, tres pasos más allá. Tan sólo por el mero hecho de comprender. De comprender para transmutar, como un pequeño alquimista.

Virgo, según la Cábala, cierra el Círculo del Zodíaco.., y no Piscis. Su trabajo es depurativo, de trascendencia de todo lo aprendido a lo largo de todo el Zodíaco.., y según dicen, el más duro. Nada es fácil en la vida de Virgo. Porque ha interiorizado, a lo largo de muchas existencias, su voluntad de servicio y de amor al prójimo, y comprende que el sacrificio de uno mismo nunca es en vano.

Virgo trascenderá y se encontrará con Aries... En él es en quien, en la infinita rueda de las existencias, y mientras no domine la Maestría, Virgo se habrá de convertir.

¡Buen fin de semana, amigos/as!
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“La guerra contra las mujeres es la única que se gana huyendo”.
Napoleón.


Kikki corrió como no lo había hecho en toda su vida. El cabello, rojo como el fuego, se le caía sobre los ojos, y trastabilló un par de veces, a punto de perder el equilibrio. Entró en la casita como un torbellino, y se dio casi de bruces con Shun, que pareció impactado por su presencia repentina.

- ¡Kikki! Me alegro mucho de verte… Pero, ¿qué ocurre?

Hyoga, que miraba por la ventana distraídamente, se volvió como un halcón que planea en busca de presas.

- Están, están… - Kikki jadeó, intentó tomar aire, le entró tos, y acabó por sentarse en una esquina del camastro que había junto a la pared, boqueando.

Al oyó alboroto y salió de la habitación contigua. Apenas si se cubría con una túnica blanca y corta, que dejaba al descubierto sus piernas, torneadas pero potentes.

- Pequeño, cálmate. Vamos a ver si eres capaz de darnos buenas o malas noticias.

Kikki la miró estupefacto, como si viera a un ser de otro mundo. Alcanzó para balbucear a duras penas:
- ¡Espiga!

Al le cogió de la barbilla y le obligó a mirarla a los ojos.

- Kikki, ¿qué está ocurriendo?
- El Santuario ha sido sellado. Están atrincherados. Y no creo que sea buena idea pensar en forzar el cerco.
- Eso ya lo sabemos- intervino Hyoga- Pero Seiya y Siryu ya se fueron, a intentar pasar por las buenas.., o por las malas.

Kikki le observó con cara de incredulidad.

- No lo conseguirán. Todos los Caballeros de Plata han cerrado filas. Y dentro aún no sabemos qué sucede, pero hemos visto batalla en la Casa de Aries.

Shun y Al se miraron asustados. Hyoga pestañeó dos veces, como un ave rapaz, se cruzó de brazos y se arrodilló junto a Kikki.

- Escúchame Kikki. Atentamente, esto es muy importante. Si nadie sabe que estamos aquí, porque es preciso que no lo sepan, ¿cómo es posible que tú hayas venido directamente hasta nosotros, y que nos hayas encontrado con esta facilidad?

El chico frunció el ceño y recuperó el dominio de sí.

- Yo sirvo a mi maestro y a Atenea, como tú. Cuando percibimos las primeras señales de combate, traté de alcanzar la Primera Casa. Corrí hacia allí, pero el maestro Dohko me salió al paso. Me impidió que fuera a reunirme con Mu, y me rogó que, si era capaz, burlara el cerco, para avisaros de que no debíais aproximaros bajo ningún concepto. El maestro Dohko sabía que estabais aquí, porque me indicó claramente cómo encontraros. Pero no me avisó de que también estaba Espiga con vosotros- el muchacho se volvió hacia Al, y sonrió, lleno de afecto, calurosamente...

Hyoga siguió mirándolo fijamente un instante con su único ojo, hasta que se volvió hacia los otros.

- ¿Dohko? Según Siryu, había desaparecido. ¿Dohko? Jamás se mueve de los Cinco Picos. ¿Cómo es posible?
- Eso demuestra la gravedad de lo que está pasando- Shun agarró inconscientemente su medallón (algo así como un talismán para él) entre sus delgados dedos. Con 16 años, sólo había una cosa que le doliera más que perder la vida, en caso de ser necesario: y era, precisamente, perder la vida antes de haber visto por última vez a su hermano.
- Están combatiendo- Al musitó esta frase como si estuviera alucinada. Su mirada, clavada a lo lejos, en el Santuario, no permitía adivinar lo que pasaba por su cabeza.

El rubio reflexionó unos instantes, mientras Kikki se aproximaba a Alba y la cogía de la mano.

- ¿Has vuelto a la Hermandad, Alba?
- ¿Mmmm?
- ¿Vienes a ayudarnos a conjurar a nuestros enemigos?
- Mi pequeño Kikki…- Al le despeinó cariñosamente el cabello carmesí- He venido a ayudaros, sí, pero todavía soy un caballero sin armadura.

El chico abrió mucho los ojos.

- ¿Vas a combatir sin armadura? ¿Estás loca?
- Siempre estuvo loca- intervino de nuevo Hyoga, con gesto grave pero sonrisa burlona- ¿Aún no te diste cuenta? Amigos, la situación, según yo la veo, es la siguiente: estamos cruzados de brazos, no sabemos qué está pasando exactamente en el Santuario, y tampoco tenemos noticias de Siryu y Seiya. Conociéndoles, no creo que les sea difícil traspasar las filas de los Caballeros de Plata, pero probablemente, irán por separado. Si en la Primera Casa se combate, es que hay enemigos poderosos, lo suficientemente hábiles como para que el cerco no los haya detectado, y lo suficientemente expertos como para poner en un aprieto a Mu. Si la Primera cae, la batalla está servida. Efectivamente, como habíamos supuesto por nuestras visiones, por nuestros sueños, por todos los indicios, una nueva Guerra Santa ha dado comienzo.
- No esperemos más, Hyoga- Shun sacudió la cabeza, resuelto a avanzar.
- ¿Vais a desobedecer al maestro Dohko?
- Kikki, querido- musitó Alba-, vamos a hacer más bien como si tú hubieras llegado un poco tarde. Con armadura o sin ella, yo no puedo permanecer aquí, tan tranquila, escondida en una casita de pescadores mientras, allá arriba, en el Santuario, se combate y, a lo peor, se muere. ¿Comprendes? Además, Dohko no fue mi maestro. Le debo respeto, pero no pleitesía.
- Pero tú desconoces el teletransporte. ¿Cómo vas a burlar el cerco?

Shun echó la cabeza hacia atrás, no pudiendo contener una carcajada.

- Alba es menos rápida que tu maestro Mu, pero casi tan contundente- Hyoga también reía.
- Sin armadura, estás muerta- el rostro de Kikki se ensombreció y sus pestañas temblaron por las lágrimas que se negaba a dejar escapar.
- No tan deprisa, pequeño. La Hoz del Estío no necesita de ninguna armadura para ejercer. ¿Apuestas algo?

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