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miércoles, 25 de septiembre de 2013

La espeluznante historia de la Marquesa del Puño Cerrado, y otros cuentos de mucho terror (PRIMERA PARTE)

 
 
Me estoy riendo ahora mismo yo sola casi sin poder contenerme, por Dios.., y voy a calmarme porque tengo que escribir la entrada de hoy, y porque no quiero pecar de falta de caridad; o como decimos la gran mayoría de los trabajadores holísticos, de falta de compasión (desde el punto de vista budista del término, "of course")...
 
Pero es que, aparte de trabajadora holística, caray, también soy humana. ¡Y me alucinan las formas que tiene el Universo de hacernos comprender las cosas! Yo no nací enseñada, y cada día aprendo más y más.., y por eso os prometo que hay momentos, como hoy, en que no tengo más remedio que partirme la caja: vamos, que "escogorciarme" de risa, a mandíbula batiente. Hoy voy a hablaros sobre algunas cosas relacionadas con el dinero, con la prosperidad y la falta de la misma, con el egoísmo, con la imposibilidad de cambiar y crecer, así como con los problemas para valernos por nosotros mismos, que he comprendido (aún otra vuelta de tuerca, si cabe, sí) a raíz de ciertos sucesos que viví recientemente y que he conseguido relacionar los unos con los otros.
 
Mi misión no es sencilla, mi trabajo no es moco de pavo: tengo que ir y decirle a la gente aquello que precisamente está menos dispuesta a oír. Como poseo Ojos de Dragón (eso ya lo he explicado), soy capaz de ver en las sombras de cada cual, y de eso se trata: porque es en la Sombra, precisamente, donde reside nuestro mayor potencial, nuestra mayor fuerza, nuestras mayores posibilidades de cambio.
 
¡Pero claro, a la gente le resulta desagradable eso de escarbar en su Sombra! Es mucho más fácil tratar con los ángeles, con las hadas o con los elementales de todos los mundos; o hablar bien y bonito de la Luz y de la belleza del mundo, que ahondar en el sumidero profundo de nuestros sentimientos heridos, de nuestros malos rollos, de nuestros pensamientos negativos y de nuestra oscuridad, en definitiva. Ésa es, como digo, la parte de mi trabajo más difícil: pero alguien tiene que hacerlo, porque para oír cánticos celestiales y aspirar aromas de incensario hay muchos, muchísimos otros lugares... Aquí, en mi casa, sin embargo, no oirás más que palabras que te removerán (si es que quieres saber algo sobre ti mismo que poca gente te dirá a la cara, por ejemplo). ¡Y es que a veces, con perdón, es precisa una patada en el culo para que nos pongamos en marcha!
 
Yo soy, de alguna manera, una especie de abogado del diablo; sí, sí, efectivamente: de ese diablo que reside en tu interior, y que tú no te atreves a reconocer que existe.
 
Hace ya aproximadamente una década, cuando aún no trabajaba en el ámbito holístico más que llevando a cabo tiradas de Tarot (y no de una forma profesional ni rigurosa todavía), ejercí ésta mi labor de la única forma que antes conocía: le dije a una chica que había sido amiga mía durante unos 14 años, creo recordar, que la única solución a sus problemas que yo veía es que se fuera a la consulta de un psiquiatra.
 
Tengo mucho, muchísimo respeto y admiración por los profesionales de la psicología y de la psiquiatría: considero que son muy necesarios, y más en los tiempos que corren. Yo envío a muchos de mis clientes para allá, sin vacilación y en línea directa, cuando veo que están dando vueltas sobre sí mismos como caracoles, mareándose y mareándome, sin avanzar ni conseguir nada; pero a ésta (no diré su nombre: no escribo esto con ningún afán de venganza, sino para explicar una serie de cosas) no le sentó nada bien mi comentario. Se puso como una fiera, y entonces me di cuenta de lo que me doy cuenta en ocasiones, cuando siento que mi relación con una persona no va a ningún sitio, y me está causando mucho más daño que bien. Supe entonces que lo mejor era apartarme y seguir mi camino, y aunque me dolió al principio, sé que hice lo mejor. Lo he hecho un par de veces en esta vida, y nunca me he arrepentido: hay gente que acaba resultando tóxica, porque ya lo son de hecho para ellos mismos, y lo más sensato y coherente es apartarse de ellos de forma rápida y decidida. Como cortar por lo sano un miembro enfermo, es mucho mejor actuar sin vacilación y sin mirar atrás.., antes de que la gangrena nos acabe llegando al mismo corazón.
 
Ella sigue relacionándose con mi pareja, y me parece bien, porque yo ni entro ni salgo en las cuestiones que las almas se traigan las unas con las otras... Pero personalmente no voy a volver a acercarme. Soy muy rigurosa en todo lo que concierne a los sujetos que ya se pasan de la raya: o los paras en algún punto, o se te suben a las barbas.
 
Antes de ayer, cuando curiosamente habíamos hablado mi pareja y yo de que él pensaba que mi comportamiento con esta persona era exagerado, y de que bien podíamos quedar algún día con ella, la susodicha dio señales de vida. Apareció mostrándole a mi pareja por "whatsapp" no sé qué foto de una tirada de tarot (vaya usted a saber si desplegada por ella misma, o sacada fuera de algún otro contexto); de forma poco clara y como jugueteando, acabó insinuándole que me la enseñara, a ver qué opinaba yo al respecto. Cuando mi pareja le puso dos o tres excusas, insinuándole a su vez que yo cobraba por ese servicio, la interesada le respondió que ella no pagaba por estas cosas.
 
A donde yo quiero llegar es a lo siguiente: dejando al margen juicios paralelos sobre la ética (o no) de pretender obtener un beneficio (la interpretación de una tirada de tarot) de una persona a la que has mandado a la mierda hace diez años, y con la que ya no te hablas, llama la atención el desprecio de la susodicha por el trabajo ajeno. O bien no considera que los que utilizan el tarot están trabajando, o bien no cree que esto sea un trabajo, o bien desconoce que la interpretación de las cartas (cuando se hace en condiciones y rigurosamente) conlleva un gran esfuerzo y un tiempo y que, por consiguiente, tiene tanto (o más) valor que el trabajo que ella misma hace (y por el que le pagan muy bien, me consta; no estamos hablando de una persona que está en el paro, ni de alguien que llega con lo justito a fin de mes).
 
Y sobre todo, lo más alucinante del tema: si no le da valor a la tirada de tarot en sí.., ¿para qué quiere que nadie se lo interprete?
 
En realidad, estamos hablando de una persona que vive sola; que por caprichos del destino no tiene que pagar por el lugar en el que vive; que no tiene responsabilidades de hijos o de parientes a los que cuidar; y que por tanto, puede dedicar su sueldo a lo que le dé la real gana (y de hecho, lo hace). Una situación envidiable hoy en día, ¿no creéis? Pues no: sigue con los mismos problemas de antaño, acrecentados por ser más vieja, obviamente, que hace diez años.., ¡y no tiene ninguna intención de cambiar lo más mínimo en su vida! El problema de esta mujer es de puro, llano y fatal egoísmo: desprecia todo lo que se mueve porque el trasfondo es que se desprecia a sí misma, y no cambiará porque no admite que nadie, NADIE, le haga ver su propia Sombra. Generalmente (lo he dicho mil veces y lo repito, aunque vaya en contra de mis intereses) no me gusta el Tarot no porque sea una técnica mala en sí, sino porque genera adicción; y genera adicción, porque la mayoría de los que consultan el tarot lo hacen, no para cambiar nada en su existencia, sino para que el tarot les reafirme en sus propias ideas: en lo que ellos ya previamente creen, para así seguir retroalimentando la rueda infernal de su propia conmiseración o desgraciado victimismo. Son pocos los que acuden a las cartas para cuestionarse seriamente qué están haciendo con su vida.., y el caso de esta persona no es, faltaría más, una excepción.
 
A pesar de contar con una economía sanada, esta mujer quiere que le lean el tarot PARA QUE EL TAROT LE CONFIRME LO QUE ELLA QUIERE OÍR. Y además, ¡pretende que le presten el servicio gratis! Afirmo (porque lo sé) que ella ha acudido a otras personas para que se lo lean retribuyéndoles en el pasado (es raro que nadie haga servicios gratis por ahí, profesionalmente hablando; yo sí que se los hago a algunas personas determinadas, pero eso ya es otro cantar). La cuestión, como veréis, es peliaguda. Mi ex-amiga no se distingue precisamente por esa virtud que llamamos generosidad: antes bien, yo diría que se aproxima peligrosamente al concepto que he interiorizado acerca del Avaro, y en ocasiones confieso que caigo en la tentación de llamarla "la Marquesa del Puño Cerrado" (sí, sí: sé bien que no debería hacerlo; compasión, compasión: ya me lo repito yo misma, gracias) por su extremada incapacidad para dar, para soltar, para compartir.
 
El trasfondo de esta situación tiene mucho, pero que mucho que ver con la sociedad en la que vivimos: nos quejamos de los políticos, de los bancos, de los economistas, de los gobernantes; pero somos incapaces de ver (o de querer ver) nuestra propia Sombra, en dónde hemos fallado: nuestro propio egoísmo. Despreciamos el trabajo, el esfuerzo ajeno; nos atrincheramos en nuestra blindada torre de lugares comunes, ya caducos y obsoletos, y tenemos miedo, mucho miedo. El dinero es una energía, y está bloqueada, porque no damos (no NOS DAMOS), porque nos hemos acostumbrado a tan sólo querer recibir, a tan sólo obtener cosas gratis, como le pasa a la Marquesa del Puño Cerrado, que no da ni aunque le salga el dinero por las orejas, y por consiguiente, no obtiene lo que desea ni pagando por ello. ¡Es simple, es sencillo, y es kármico!
 
Apliquemos esta enseñanza a nuestras propias vidas, y también, cómo no, a nuestra sociedad cambiante y en evolución, y abramos nuestra mano con confianza para dar. ¡Nadie puede quitarnos nada, eso es una falsedad, ya que el suministro de energía del Universo es infinito! ¿A qué tanto ahorrar de nuestra vida, de nuestra energía, de nuestro amor, de nuestra amistad y tiempo para aquellos a los que más amamos, y para el prójimo en general?
 
En la próxima entrega (este artículo tiene parte número 1, y parte 2) os hablaré del fenómeno contrario al de la Marquesa del Puño Cerrado, y es el punto de vista del "pobrecito", del que jamás es capaz de generar abundancia por sí mismo, y que también pretende que todo se lo den gratis, "por su cara bonita" y sin esfuerzo: las dos caras de una misma moneda que, en definitiva, están envenenando esta sociedad y provocando graves contracciones en el flujo del intercambio, no sólo monetario, sino simple y llanamente, entre las personas.
 
¡Os espero en la próxima entrega de estos terroríficos cuentos! ¡No me falléis! XDXD
 
 

2 comentarios:

Dioscuro dijo...

Personalmente me parece poco ético divulgar conversaciones con terceros sin que estos hayan dado su permiso.

Por otro lado veo demasiado "sentimiento personal" para que simplemente sea un tema profesional o una simple reflexión.

... Y no digo más.

fatima martin alonso dijo...

Bueno: a mi me hacen gracia aquellos que pretenden "estar por encima del sentimiento".., yo siempre pienso que lo fingen. Simplemente, se controlan, o se inhiben. ¡Somos humanos!

Otra cosa es intentar ser lo más "ecuánime" posible, que se intenta... En cuanto a lo poco ético, considero que cuando una persona ha vulnerado toda ética reiteradamente, ha perdido la facultad de pedir cuentas a otros. Además, apenas he dicho una tercera parte de lo que sé o de lo que pienso, así que no estoy de acuerdo.