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viernes, 15 de noviembre de 2013

De dragones, aguas, granadas y sierras...

      
 
Hay veces en la vida en las que uno tiene que detenerse y ponerse, literalmente, a cubierto... Tengo clientes que se encuentran en una situación muy crítica al respecto, y siempre les digo lo mismo: detente, guárdate, cúrate, cuida de ti. Así es: uno tiene primero que velar por sus propios intereses. Espiritualmente, no hay obligación más grande en esta vida que la de estar sano (física, mental, espiritualmente). Y si hay algo que nos enferma, provenga de dónde provenga, tenemos que detenernos, observar qué está ocurriendo, y proveer los medios necesarios para la curación.
 
Por eso no he escrito en el blog hasta hoy. He seguido trabajando, obviamente, pero a otros niveles. Los últimos eclipses, Mercurio retrógrado, la cuadratura entre Plutón y Urano.., han sido, de alguna manera, demasiado para mi.
 
Ahora que he recuperado el pulso y la vitalidad (porque hay veces en que me someto a tales límites, que caigo en el riesgo de ponerme verdaderamente enferma), quiero hablaros de esos dos colgantes que veis en la foto de más arriba. El de la izquierda es una piedra que se denomina "Sangre de Dragón". Todavía estoy investigando de qué está compuesta, puesto que existe muchísima confusión al respecto. Hay gente que asegura que es cinabrio sobre serpentina, mientras que otros afirman que se trata de una variedad de jaspe. No he encontrado todavía la verdad, pero la encontraré :-)
 
Lo importante de esta piedra es que apareció poco después de un curioso pensamiento que tuve en mi mente... Estuve cuatro días en Lanjarón, provincia de Granada: un lugar magnífico por sus aguas, de propiedades mineromedicinales. Acabé allí a causa de toda una serie de curiosas coincidencias, de una conjunción de sincronías y de grandes dosis de buena suerte. Y por Dios que lo agradezco, ¡porque lo necesitaba! Dos días más en el estado en el que estaba de nervios, estrés, ansiedad y tristeza, y no sé qué hubiera sido de mi.
 
Pero tengo junto a mi alma, pegado como una auténtica lapa y sirviéndome como aliado, al Dios de la Transmutación y el Renacimiento, al enigmático Plutón.., y soy capaz de regenerarme en un fin de semana y volver a ponerme en pie, si es preciso, si es necesario: y lo es, tened por seguro que lo es. ¡Este corazón no se deja tumbar tan fácilmente!
 
Me metieron en una especie de sarcófago lleno hasta el borde del agua ferruginosa (roja como la sangre por el hierro que contiene) del manantial de El Salado, durante aproximadamente media hora... Es un agua de tales características que te recomiendan que te bañes desnudo, porque colorea de tal forma el bañador, que puede volverlo inservible. Así que me metí desnuda en el tanque, con el agua hasta el cuello. Cuando estaba allí sumergida, me sentí extraña, rarísima, rodeada de hierro por todas partes. Ese hierro que muchas veces me había atacado (eso pensaba yo), ahora lo estimaba como completamente curativo. Sentí su fuerza y su poder regenerativo, vital, creador, fortalecedor. Inmediatamente, se me ocurrió la idea que os digo: "esto es ni más ni menos como la leyenda de Sigfrido, que se bañó en la sangre del dragón para alcanzar la inmortalidad". ¡Y luego, al día siguiente, apareció la bendita piedra, que por cierto me regalaron y ahora mismo llevo al cuello!
 
Dicen que la piedra Sangre de Dragón (ya sea cinabrio, ya sea jaspe) trata el dolor de todo tipo (físico, mental, espiritual), y que activa la circulación. También otorga coraje a los indecisos, y se dice que contiene una fogosa energía que lo llena todo de vitalidad y fuerza. Está relacionada con todo lo que crece y se expande, y por este mismo motivo está también indicada para aquellos que quieren iniciar un negocio.
 
El otro colgante, el de plata, también me lo regalaron :-)... Como podéis ver es una fruta, una granada (ya que las Alpujarras, donde estuvimos, se encuentran en esta provincia española, que obtiene su nombre precisamente de estos frutos, que allí son muy comunes). La última vez que estuve en Granada sufrí un accidente de esquí y me rompí la rodilla derecha. Así que no las tenía todas conmigo a la hora de ir a hacer montaña a esta zona. ¡Pero lo hice! Subí a un pico que teníamos pendiente desde hacía mucho: La Alcazaba (3371 metros), una "dama de hierro" (como yo la llamo) de espectaculares vistas desde su cara norte, y la cual me enseñó dos cosas, a saber: que soy mucho más fuerte de lo que me imagino, y que la distena y la estaurolita (dos de los minerales más abundantes por la zona) me vienen a mi bien.., ¡muy bien!
 
El simbolismo de esta fruta, la granada, es muy antiguo y complejo... Incluso los masones lo han tomado como eje principal de algunos de sus misterios más arcanos. Algunos dicen que los primeros en venerar las características de estas frutas fueron los sacerdotes egipcios, pero yo estoy segura de que viene de mucho más atrás, de más antiguo (se sabe que los jardines colgantes de Babilonia estaban plantados con granados, entre otras múltiples especies)... Sin embargo, el mito más conocido por todos es el de los misterios de Eleusis, basados en torno a la leyenda de Deméter (la diosa de las cosechas) y su hija Perséfone, que fue raptada por el dios del Inframundo, el mítico Hades, con el cual la joven estableció lazos indelebles, sin saberlo, al comer el fruto rojo de la granada. En este sentido la granada representa el casamiento, la fertilidad y la afectividad, y funciona como una verdadera "amalgama afectiva", creadora de lazos indisolubles. Este fruto de simbolismo complejo actúa como un puente entre la luz y las tinieblas, el bien y el mal, la sabiduría y la ignorancia, la vida y la muerte, o la virtud y el pecado.
 
Al fin y al cabo, dicen que todo es una elección. ¡Una simple, llana y certera elección!
 
Muchos pueblos han visto en la granada un símbolo del amor, de la fertilidad y de la prosperidad. Los griegos afirmaban que el primer granado fue plantado por la diosa Afrodita, mientras que en Java está asociado a ciertos ritos relacionados con el embarazo. En China, aún hoy se ofrece una granada a los recién casados, como auspicio de una descendencia numerosa, mientras que en el Islam se considera que el granado es uno de los árboles del Paraíso. En Roma era tradicional que las novias llevaran un tocado de ramas de granado, mientras que para el cristianismo es símbolo de la Pasión y la Resurrección. España es uno de los pocos países del mundo que contiene una fruta de granada en su escudo, en referencia al reino nazarí de Granada, hoy en día desaparecido obviamente...
 
Os recomiendo desde aquí daros un pequeño homenaje en la forma de un viajecito, si podéis, y acercaros a las Alpujarras granadinas en cuanto mejore el tiempo... Lo digo porque sus altas sierras, de perfiles destacados e interminables desniveles, sólo son accesibles para los pastores y los montañeros más avezados en invierno. Pero siempre tendréis la opción de bañaros en las aguas medicinales de Lanjarón, comer sus riquísimos guisos alpujarreños, visitar pueblos emblemáticos en los que el tiempo parece haberse detenido, como Bubión, Capileira o Pampaneira, y disfrutar de la hospitalidad de sus tranquilas gentes.
 
¡Un besote, buen fin de semana!
 
 

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