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jueves, 17 de marzo de 2011

La soberbia, la humildad y la justicia

Lo que está ocurriendo ahora en Japón, como comenté el otro día, es un aviso. El aviso de un titán que reside en el interior de la Tierra, en el interior de todos y cada uno de nosotros mismos.

El poder de Dios, el poder de la vida y la muerte, el PODER con mayúsculas...

Un aviso severo para que tomemos conciencia de lo tontos (y también de lo heroicos y fantásticos) que podemos llegar a ser los seres humanos.

Nada está decidido todavía. Hay posibilidades de detener el "apocalipsis nuclear" al que hacía referencia Bruselas. Sí, aún hay tiempo. Por eso pido con insistencia vuestra fuerza, vuestra energía, vuestras oraciones, meditaciones, decretos, emisiones reiki, o lo que sea. Lo que haga falta. Puede detenerse: todo depende de la cantidad de personas que luchen y crean que no es necesario caer en lo inevitable. Hay héroes anónimos en Japón y fuera de él, que sostienen un combate invisible, el cual sólo algunos muy concienciados o muy avisados son capaces de vislumbrar. Nada está decidido todavía: todo depende de nosotros mismos. ¡Sigamos sosteniendo ese muro invisible contra la radiación!

A pesar de lo que hagamos, eso sí, quiero dejaros un punto para la reflexión esta vez. Quiero hablaros de tres cosas: de la soberbia del ser humano.., pero también de su capacidad para servir con humildad, y de su búsqueda incesante de la justicia.

Tres historias.., tres escenarios que tienen como nexo de unión la fuerza inenarrable del átomo a sus espaldas.
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LA SOBERBIA

El padre de la bomba atómica, J. Robert Oppenheimer, fue un físico estadounidense del pasado siglo que, cuando vio explotar la primera bomba nuclear del mundo en una prueba en Nuevo México, comentó extasiado "si el resplandor de mil soles reventara al mismo tiempo en el cielo, eso sería como el esplendor del Todopoderoso.., me he transformado en la Muerte, la destructora del mundo". No contento con eso, en otra ocasión sentenció: "No es responsabilidad de los científicos decidir si se debe utilizar o no una bomba de hidrógeno. Esa responsabilidad corresponde al pueblo norteamericano, y a los representantes por él elegidos".

Según declaraciones de Carter Clarke, General de Brigada responsable de interceptar mensajes japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, y en las que explica por qué se lanzaron las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, "sabíamos que no necesitábamos hacerlo, pero les utilizamos como experimento para dos bombas atómicas".

LA HUMILDAD

Obviamente, a posteriori Plutón debió llamarle en algún momento al orden, porque al cabo del tiempo, Julius Robert Oppenheimer empezó a declamar en otra dirección. Por ejemplo, una vez comentó que "al utilizar por primera vez este tipo de armas, nos alineamos con los bárbaros de las primeras edades". También dejó muy claro, ya entonces, que "los pueblos de este mundo tienen que unirse; de lo contrario, perecerán", y que "es perfectamente obvio que el mundo entero se va al infierno. La única oportunidad posible es que procuremos que no sea así".

Desconozco el tipo de evolución personal que siguió Oppenheimer (siendo un piscis, supongo que viraría hacia una manifestación de tipo devocional), pero el caso es que en reiteradas ocasiones expresó su pesar por el fallecimiento de víctimas inocentes en Hiroshima y Nagasaki. Al terminar la guerra, fue el jefe consultor de la recién creada Comisión de Energía Atómica, y utilizó esa posición para apoyar el control internacional de armas atómicas y para oponerse a la carrera armamentista nuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Sus actitudes frecuentemente provocaron la ira de los políticos, hasta el punto de que en 1954 se le despojó de su nivel de seguridad, perdiendo el acceso a los documentos militares secretos de su país. Poco a poco, su capacidad de influir fue disminuyendo, pero continuó dando charlas y trabajando en física.

Algunas de las frases más preclaras de este científico, que demuestran su viraje hacia un concepto más acorde con la humildad, son "hay niños, de los que ahora juegan en la calle, que pueden resolver algunos de mis problemas de física más complejos, pues tienen modos de percepción sensorial que yo perdí hace mucho tiempo", y "con cierta crudeza que ni la vulgaridad, ni el humor, ni la exageración pueden extinguir del todo, el físico ha comprendido el pecado; y esto es un conocimiento que no puede perder". Como ha ocurrido y seguirá ocurriendo con muchos de nosotros, la comprensión del Bien y del Mal es un camino que sólo tiene una dirección posible: la de la humildad y el servicio.

Por cierto: "Heimer" es uno de los nombres del escandinavo dios Odín ;-)

LA JUSTICIA
(transcripción parcial de una entrevista a Eiji Nakanishi, superviviente de la bomba nuclear de Hiroshima, en la Revista Greenpeace de febrero de 2005. Una entrevista de Laura P. Picarzo).

"Eiji tenía 3 años el 6 de agosto de 1945, el día en que estalló la bomba atómica de Hiroshima... Vivía a 2,5 kilómetros del centro de la explosión. Su casa se derrumbó junto a todas las que estaban a su alrededor. Él fue uno de los supervivientes, pero lleva 60 año sufriendo las consecuencias de aquel día. Por eso se hace llamar hibakhusa, que en japonés significa "persona que ha estado expuesta a una bomba" (...).

- Pregunta: En agosto se cumplen 60 años del lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. A día de hoy, ¿cuáles son las consecuencias que siguen sufriendo los supervivientes?

- Eiji: Los efectos de la bomba atómica no tienen nada que ver con los de las otras bombas: quemaduras más agresivas e imborrables, cáncer, leucemia, daños en los órganos vitales (...). Además, hay que sumar que hemos sido discriminados en Japón por haber sido expuestos a la radiación y sufrir daños físicos; hemos tenido grandes dificultades para encontrar trabajo o poder casarnos (...). El 70% eran mujeres y niños y nadie ha pedido perdón (...).

- P.: A día de hoy, ¿el mundo conoce realmente lo que pasó?
- E.: No. No se conoce la verdad (...) Porque se escondieron las consecuencias de las bombas nucleares, se acallaron nuestras voces y fuimos ignorados. El Gobierno de EE.UU, cuando sólo habían pasado 90 días del estallido de la primera bomba, declaró: "todos los que tenían que morir ya han muerto", y afirmó que ningún superviviente necesitaba asistencia. Esto lo dijeron cuando aún estaban agonizando muchas de las 240.000 personas que finalmente murieron (...).

- P.: ¿Cómo ha marcado su vida ser un "hibakhusa"?
- E.: A todos los supervivientes nos dijeron que tarde o temprano íbamos a morir. Cuando yo era un adolescente, nunca imaginé que pudiera llegar a adulto. Mis compañeros, que no habían nacido cuando estalló la bomba, querían ser deportistas, empresarios... Yo sólo soñaba con cumplir los 20 años. A los niños la bomba atómica nos robó nuestros sueños, nuestras esperanzas en la vida. Tiempo después, a los 22 años, me enamoré de una chica y queríamos casarnos, pero cuando sus padres se enteraron de que yo era un superviviente de Hiroshima se opusieron a la boda: no querían que su hija se casara con un hibakhusa. Y es que existía mucho miedo a que los hijos nacieran con problemas (...).

- P.: ¿Cree posible que en un futuro se haga realidad su reivindicación de "no más hibakhusas, no más Hiroshimas, no más armas nucleares?
- E.: Tenemos que conseguirlo ya porque todos los supervivientes somos mayores y no nos queda mucho tiempo (...). Me vienen a la cabeza las palabras pronunciadas por Martin Luther King: "he tenido un sueño"; yo también tengo mi sueño: morir con la alegría de que mi vida ha merecido la pena porque se ha conseguido la eliminación total de las armas nucleares (...). Llevamos 60 años viviendo con las consecuencias de las bombas, la gente ha perdido su vida o su salud y los que hemos sobrevivido no vamos a permitir que caigamos en el olvido.
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No vamos a permitir que caigáis en el olvido, abuelo, no... ¡Yo no voy a permitirlo!

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