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martes, 13 de octubre de 2009

Sobre crisis, atascos y "jetas"

Si hubiera sido por mí, me hubiera quedado ayer en Asturias... Allá, en mitad del monte. Y tan a gusto.

Joder con la crisis, oigan. En mi vida (y he viajado mucho por España) me he encontrado con un atasco en el Puente del Pilar como el que me encontré el viernes. En cuanto a ayer, salí de San Vicente de la Barquera a las 19:00 h, para ver si no me encontraba con otro. Bueno: pues aún así, me lo encontré. Entré en Madrid a las 12:35 de la madrugada. Ni les cuento lo que entraba junto conmigo... Todas las hordas de Atila juntas, más o menos.

Mu fuerte... Además, no se crean que allá, en los Picos de Europa, que es donde estuve, sólo pululábamos una pandilla de montañeros desharrapados... Qué va: estaba todo llenito de gente con cochazos, a todo plan, con pinta de "pijos", y los restaurantes y los hoteles llenos, a reventar. No hay más que ver cómo nos encontramos al montañés pueblecito de Sotres, que parecía más bien una playa de Benidorm en pleno mes de Agosto... Así que, sintiéndolo mucho, me temo que voy a empezar a "pasar olímpicamente" cada vez que se hable de crisis: porque esto no es una crisis. No sé qué será, que yo sólo soy redactora, no economista: pero sin duda, alguna otra cosa que no puedo definir correctamente.

Si hay crisis, con su pan se lo coman, que ya está bien... Esto me parece un mamoneo, una sorprendente sarta de mentiras, una importante comedura de tarro. He reflexionado mucho este largo, largo fin de semana, y he llegado a la conclusión de que muchas de las cosas que me pasan son culpa mía. Culpa mía, por hacer caso y prestar oídos a tantos "jetas" como hay a mi alrededor. Y que hay muchos, les aseguro: no sé si cada vez más o menos, pero a mí se me antojan legión, como los demonios. ¡Impresionante!

Jeta es el que pone una cara, mostrando luego otra por lo bajini... El que se aprovecha de los demás, de su energía, de su trabajo, incluso de su simpatía o empatía, dotes naturales y brillo personal. Los jetas tienen mucho que ver con los envidiosos. Y ahí es donde se confunden todos los términos. Porque hay jetas evidentes, y jetas a los que no se les ve venir. De todo tipo y condición, de cualquier categoría. Y en ocasiones montan tales líos, que lo mejor es dejarles a solas con sus movidas raras. No es la primera vez que lo hago, ni será la última, me temo. Ya van varias veces que he tenido que retirarme del campo de batalla y dejarles por imposibles, porque un consejo gratis: déjenlo. Es inútil, no tienen remedio.

Me da mucho, mucho asco ver cómo se ponen algunas cosas con el correr del tiempo... Da igual la buena o mala voluntad que tenga una: el caso es que siempre surge alguno, o alguna, que tiene que meter baza en el entierro. Pasa siempre. Parece que la peña no está feliz con su vida, y tiene que meterse, por narices, en las vidas ajenas. Todo, con tal de no hacer frente a sus demonios. Joer, qué fastidio. Porque dicen que hay que vivir en sociedad, que si no...

¡Y es que es tan fácil echarle la culpa al prójimo de las propias faltas!

¿Un consejo? Déjenme en paz, oigan. Déjenme tranquila con mis asuntos y mis historias. Que yo, usualmente, no me meto con nadie. Desde pequeñita sigo esa regla de la no-beligerancia ¡Si no cuesta nada olvidarse de que existo! Que yo aparezca o desaparezca no le solucionará la vida a nadie, eso ténganlo por seguro. Y ahórrenme, así, este asco profundo que ahora me embarga. Palabra: yo prometo, por mi parte, olvidarme completamente de ustedes también.

Joder con la crisis, con los jetas y con los atascos... ¿Saben? Me hubiera quedado tan a gusto allá en Asturias, la acogedora tierra que tanto amé desde mi niñez. Porque allí, en lo más profundo de aquellas soledades, una sólo escucha el rumor del viento, de las hojas de los árboles y de la lluvia. Y todo, todo, empieza a parecer tan lejano y tan sin sentido... El runrún de la mente y de la preocupación no tiene cabida por encima de los 1500 metros de altitud.

Soy responsable de mí misma. No he asumido esta responsabilidad hasta ahora, porque tenía miedo, y he preferido ocuparme de asuntos ajenos.

... Pero se acabó: cada cual, ahora, con sus propios asuntos. No voy a ser yo tan soberbia que me considere con la capacidad de resolver absolutamente todos los asuntos que no me corresponden. Buenas noches, y buena suerte.

¡Saludos!

P.D: hale, "jetas".., me encontré con esto, igual vosotros lo entendéis. Os lo dedico. Yo ya tengo bastante con mis propias batallas. Que os aproveche.

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