
Tengo que reconocer que, cuando salimos (hace ya algún tiempo) del cine, después de ver la película "
Cisne Negro" (a la que pertenece el cartel que ilustra la entrada de hoy), tenía el estómago (que no el corazón) hecho un puño. Y os digo por experiencia que, cuando sintáis eso (el estómago en un puño, como si os lo estuvieran apretando literalmente), es porque el plexo solar, la base de vuestro poder personal y capacidad de resolución, está siendo atacado de algún modo (desde fuera de vosotros, por algún elemento ofensivo externo, o desde dentro, cosa que, para el caso, es lo mismo).
Manipura, que es el nombre que se vincula a este importante chakra, es como nuestro Sol en el cuerpo: gobierna nuestra energía creativa, y cuando se cierra así es porque algo nos está impidiendo que nos desarrollemos en plenitud, como desearía nuestra alma... He encontrado una muy buena página que explica perfectamente la función de Manipura y su relación con el estómago y el hígado. Os
la posteo aquí.
"Cisne Negro" trata sobre una mujer que no se permite ser mujer, y que para impedirlo se enreda en toda una larga serie de intrigas y luchas por el poder, justificando de esta manera todas las cosas que le pasan en su vida. Se trata de un thriller psicológico que os recomiendo vivamente, y en el cuál se vislumbra perfectamente el daño que puede hacer a la psique de una niña la influencia de una madre despótica, amargada, posesiva, obsesiva y castradora.
Por mi profesión y por mi experiencia vital he tenido la oportunidad de encontrarme en múltiples ocasiones (y de combatir a capa y espada, por cierto) contra los problemas, disfunciones y extravíos emocionales que se generan a raíz de la convivencia desde edades tempranas con una madre castradora... El fenómeno origina en las hembras una respuesta muy virulenta al agobio y acoso sistemático de tales personalidades asfixiantes, bajo diversas formas de anorexia nerviosa, bulimia, hiperactividad sexual o todo lo contrario (anorgasmia), frialdad emocional extrema e incapacidad para disfrutar de relaciones personales asertivas y satisfactorias.., o bien afición excesiva por el trabajo en detrimento de la vida personal y familiar, pánico y deseo de no tener hijos, depresiones, fobias que encubren la represión extrema a la que se ha sometido a la niña desde pequeña, etc... ¡Y eso por hablar tan sólo de las mujeres! En un artículo futuro también me animaré a enumerar lo que este tipo de madres castradoras hacen con sus hijos.., que también lo he vivido y lo he visto, y habría mucho que explicar sobre ello.
El problema, en origen, se genera porque hay madres que no entienden que sus hijos son personas independientes... Piensan y creen, literalmente, que sus vástagos son de su propiedad. Por lo general, son personas psicológicamente enfermas, que tarde o temprano dañarán a sus hijos o hijas. Los psicoanalistas las denominan (con mucho acierto, pienso, y eso que no me gustan demasiado los psicoanalistas) "engendradoras de neurosis familiares"; estoy absolutamente de acuerdo con el término, porque no se limitan a establecer lazos malsanos de persona a persona, sino que su tela de araña acaba invadiendo todas y cada una de las circustancias y relaciones dentro de su propia familia.
Estas madres son gente dominante en extremo (me río yo de los maltratadores masculinos, de los que se habla a menudo, sin detenerse por el contrario en las sutiles redes del maltrato femenino, tan peligroso o más aún incluso que ésas otras)... Son personas que desarrollan un amor patológico hacia otro ser humano (su hijo o hija) hasta el punto de no dejarle crecer. Otras de las características que debes tener en cuenta, si piensas que tu madre puede ser del tipo castrador, son:
- Siempre trata de salirse con la suya, para lo cual utiliza cualquier método: entre ellos, los más comunes son las amenazas, los insultos, hacerse la víctima, etc. No acepta ningún tipo de oposición, y se cree omnipotente.
- No acepta nada que ella no considere "correcto", ni siquiera desde el punto de vista emocional.
- De manera consciente o inconsciente, hace cualquier cosa con tal de que sus hijos la necesiten. Puede ser que se ofrezca "desintesadamente" a darte dinero a fondo perdido, o a acompañarte al médico, si llega el caso... Todo es muy sutil y aparentemente parece inocente, pero si profundizamos resulta demoledor para la psique de la persona, porque lo que esta madre busca en realidad es proteger y cuidar indefinidamente a sus hijos; pero claro, para que eso ocurra, los hijos nunca deben poder ser autónomos. ¡Ella genera las condiciones para la propia dependencia material, emocional y física de sus retoños!
- Que sus hijos quieran hacer su propia vida siempre lo consideran como un acto de rebeldía o desagradecimiento... Además, eso puede durar toda la vida.., incluyendo cuando los hijos son adultos, y da igual la edad que tengan, la madre castradora no cambiará de opinión.
- Suelen ponerse en contra de las parejas de sus hijos, porque son celosas y, como ven con terror la independencia emocional de sus vástagos, boicotean sistemáticamente todas sus relaciones.
El fenómeno, que se da especialmente entre las madres viudas, divorciadas o solteras, también lo he observado particularmente entre aquellas que sí están felizmente casadas, pero tienen un carácter mucho más dominante o fuerte que su marido... Estas super-madres monopolizan hasta la máxima potencia la relación de pareja, y se pasan la vida haciendo su santa voluntad no sólo con sus pobres hijos, sino también con sus pobres maridos o parejas sentimentales, que acaban por no soportarlas.
A las madres manipuladoras, que crean hijas quebradas porque las impiden desarrollar su plena potencialidad como mujeres y como personas hay que considerarlas, sin temor a pasarnos de la raya,"extorsionadoras" casi profesionales... Tengo que advertir que, cuando las hijas se rebelan (si es que reúnen la suficiente fuerza y valor para hacerlo), el comportamiento de estas madres no difiere mucho del que hemos oído mil veces definir en un maltratador masculino... Entonces, empiezan a ver a la hija como una competidora de su poder omnipotente, y actúan como si tuvieran el derecho natural de someter, degradar y humillar.
En estos casos, la madre castradora (experta manipuladora, además) suele mentir, minimizar los efectos de su conducta y maximizar los de la conducta del contrario (en este caso, la hija), y tiende a justificar sus ataques y a defenderse como gato panza arriba, autonegándose a asumir el estatus de persona sumamente violenta, que es lo que es en realidad. El maltrato psicológico (cuando las niñas son pequeñas, incluso físico) y las agresiones carecen de importancia para ellas, porque en realidad no son conscientes del daño que hacen.
Lo más grave de estos cuadros psicológico-familiares es que estas niñas, a las que yo llamo "quebradas", se acostumbran (sí: se acostumbran, porque la conducta de la víctima también es una conducta aprendida) a no ser autónomas, a no madurar, y lo que es peor, a aceptar la profunda y arraigada violencia de estas arpías matriarcales sometiéndose a la otra persona, y permitiendo que su autoestima caiga por los suelos o más abajo aún. Esto, en el futuro, les puede originar graves problemas, como la aceptación de relaciones de pareja en las que uno manda y el otro es sometido. Cualquier persona puede ser víctima si tiene una madre de estas características y se "engancha" a una relación de abuso, violencia y maltratos continuos. Afortunadamente, estas "hijas quebradas" siempre pueden, en un determinado momento, darse cuenta de la realidad de su vida, levantar su autoestima y su imagen, tomar la decisión de apartarse de esta forma de maltrato que propician las madres castradoras, e ir cicatrizando sus propias heridas.
Si una madre crea una fuerte dependencia con una hija, la hija pierde facultades y acaba volviéndose un ser temeroso, obsesivo e inútil, que no tiene más remedio que acabar quedándose en casa de su mamá. Cuando una madre egoísta no pone límites a la relación con su hija, más pronto o más tarde la acaba perturbando. La mayoría de las madres castradoras impiden el normal desarrollo psicosexual de sus hijos, de tal forma que muchas mujeres no pueden tener relaciones sexuales normales con hombres porque siguen "pegadas" a la figura materna (y a los hombres les pasa lo mismo, por cierto.., ¡ojo al dato!).
Como decía una enfermera argentina amiga mía, "revisen su cuello, no vaya a ser que el cordón umbilical lo tengan todavía, y acabe estrangulándolos".
¡Saludos!