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miércoles, 21 de julio de 2010

La disciplina del guerrero

Tengo que dar las gracias a la forera Luz de Luna (vaya nombre más apropiado en los tiempos que corren, yo me entiendo, jejejeje...), del foro astro.com, por haber puesto mi atención en la última semana en el libro "Los Cuatro Acuerdos", del doctor (es que es médico) mexicano Miguel Ruiz. La verdad, nunca sentí una afinidad apabullante por la filosofía y sabiduría toltecas (y eso que he tenido aquí, en la oficina, a una jefa que era auténtica forofa de este antiguo pueblo, según ella decía). Bueno. La verdad es que os recomiendo este librito, nada denso y sí muy claro y directo, como lectura "espiritual" veraniega, para el que pueda y quiera vacacionar.

En fin.., para el que no pueda o no quiera tomarse de la mano lo de las vacaciones, os envío un retazo de una de las vías que, según los toltecas, aparentemente se pueden seguir para alcanzar la trascendencia. Se llama "la disciplina del guerrero", como apunté más arriba, en el título. No pongo todo el texto porque obviamente es muy largo, pero sí los puntos que a mí me parecen más significativos.

Por cierto, me gusta mucho esa foto que he subido hoy. ¡Mucho!

¡Besotes!
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"Imagínate que te despiertas temprano por la mañana, rebosante de entusiasmo ante un nuevo día. Te sientes feliz, de maravilla, y dispones de mucha energía para afrontar ese día. Entonces, mientras desayunas, tienes una fuerte discusión con tu pareja, y un verdadero torrente de emociones sale afuera. Te enfureces, y gastas una gran parte de tu poder personal en la rabia que expresas. Tras la discusión te sientes agotado, y lo único que quieres hacer es irte y echarte a llorar (...)

Cada día nos despertamos con una determinada cantidad de energía mental, emocional y física que gastamos durante el día. Si permitimos que las emociones consuman nuestra energía, no nos quedará ninguna para cambiar nuestra vida o para dársela a los demás.

La manera en que ves el mundo depende de las emociones que sientes. Cuando estás enfadado, todo lo que te rodea está mal, nada está bien. Le echas la culpa a todo, incluso al tiempo (...). Tal vez te sientes vulnerable y crees que tienes que protegerte a ti mismo, porque piensas que alguien te atacará en cualquier momento. No confías en nada ni en nadie. ¡Esto te ocurre porque ves el mundo a través de los ojos del miedo!

Imagínate que la mente humana es igual que tu piel. Si la tocas y está sana, la sensación es maravillosa. Tu piel está hecha para percibir la sensación del tacto, que es deliciosa. Ahora imagínate que tienes una herida infectada en la piel. Si la tocas, dolerá, de modo que intentarás cubrirla para protegerla. Si te tocan, no disfrutarás con ello, porque te dolerá (...).

La mente humana es exactamente a la descripción de esta infección en la piel. Cada ser humano tiene un cuerpo emocional cubierto por entero de heridas infectadas por el veneno de todas las emociones que nos hacen sufrir, como el odio, la rabia, la envidia y la tristeza. Una injusticia abre una herida en nuestra mente y reaccionamos produciendo veneno emocional, por causa de los conceptos y creencias que tenemos sobre lo que es justo y lo que no lo es (...).

Si somos capaces de ver nuestro estado mental como una enfermedad, descubriremos que existe una cura. No es necesario que suframos más. En primer lugar, necesitamos saber la verdad para curar las heridas emocionales por completo: debemos abrirlas y extraer la infección. ¿Cómo lo podemos hacer? Hemos de perdonar a los que creemos que se han portado mal con nosotros, no porque se lo merezcan, sino porque sentimos tanto amor por nosotros mismos que no queremos continuar sufriendo por esas injusticias (...)

Para empezar es necesario que perdonemos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos y a Dios. Una vez perdones a Dios, te perdonarás por fin a ti mismo. Una vez te perdones a ti mismo, el auto-rechazo desaparecerá de tu mente. Empezarás a aceptarte, y el amor que sentirás por ti será tan fuerte, que al final acabarás aceptándote por completo tal y como eres. Así empezamos a ser libres los seres humanos. El perdón es la clave (...).

¿Cómo nos podemos convertir en guerreros? Los guerreros tienen algunas características que son prácticamente iguales para todo el mundo. Son conscientes. Esto es muy importante. Hemos de ser conscientes de que estamos en guerra, y esa guerra que tiene lugar en nuestra mente requiere disciplina; no la disciplina del soldado, sino la del guerrero; no la disciplina que proviene del exterior y nos dice qué hacer y qué no hacer, sino la de ser nosotros mismos, sin importar lo que esto signifique.

El guerrero tiene control sobre sí mismo, no sobre otros seres humanos: el auténtico poder. Controla sus propias emociones. Reprimimos nuestras emociones cuando perdemos el control, no cuando lo mantenemos. La gran diferencia entre un guerrero y una víctima es que ésta se reprime, mientras que el guerrero se contiene. Las víctimas se reprimen porque tienen miedo de mostrar sus emociones, de decir lo que quieren decir. Refrenarse, contenerse, no es lo mismo que reprimirse. Significa retener las emociones y expresarlas en el momento adecuado, ni antes ni después. Ésta es la razón por la cual los guerreros son impecables. Tienen un control absoluto sobre sus propias emociones, y por consiguiente, sobre su propio comportamiento".

Miguel Ruiz, "Los Cuatro Acuerdos"

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