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miércoles, 8 de enero de 2014

Anubis: el que pesa las almas

 
 
Es curioso, muy curioso como siempre en la vida se van concatenando los sucesos, las sincronías para dar paso a las realidades... Es fantástico darse cuenta de que las casualidades no son tales, de que cada cosa que ocurre no es más que la pieza ínfima de un puzle de proporciones asombrosas, que configura lo que llamamos el Drama Cósmico.
 
Para no escribir ríos de tinta, explicaré que llevo un mes teniendo extrañas sincronicidades en relación a una figura simbólica a la que bien es verdad que anteriormente no había prestado especial atención. Se trata de Anubis, el perro-chacal de la ampliamente conocida mitología egipcia. Ahora aparece a mi alrededor por todos los lados, como si hubiera algún mensaje especial que me quisiera transmitir. ¡Y vaya si lo hay, por supuesto!
 
Anubis era en el antiguo Egipto el señor de las necrópolis, es decir, las ciudades de los muertos... Se supone que era el encargado de guiar a los espíritus de los difuntos al otro mundo, que los egipcios llamaban "la Duat". También era el encargado de llevar a cabo, como veis en la ilustración, el famoso "Juicio de Osiris": es decir, de pesar el corazón del muerto en relación al peso de una pluma, para ver si estaba libre o no de pecados cometidos en esa vida. Por eso, uno de sus títulos honoríficos, según los egipcios, era "el que pesa las almas" o "el que cuenta los corazones", entre otros.
 
En realidad, Anubis es el nombre helenizado (o sea, adaptado por los griegos) de su verdadero nombre egipcio, Anpu, o en otras versiones, Imeut... Se le representa a menudo de color negro, que para los egipcios (contrariamente a lo que se pueda pensar) no significa muerte, sino más bien fertilidad y resurrección. Era un dios más antiguo que Osiris, y en realidad fue prácticamente "desterrado" por éste cuando se instauraron los cultos más modernos de la dualidad masculino-femenina Osiris-Isis. Anubis era un dios muy relacionado con el sacerdocio en Egipto, puesto que es el patrón de los embalsamadores (uno de los rituales más complejos y especializados que se podían llevar a cabo en aquella civilización, y que corría de la mano de los sacerdotes, precisamente). Eran, en efecto, los sacerdotes egipcios los que llevaban a cabo la momificación, tan importante en Egipto, provistos para tal ocasión con máscaras de perro-chacal y con la coronilla afeitada, según el poeta romano Juvenal.
 
Desde sus orígenes, Anubis fue en Egipto un dios de los muertos (relegado posteriormente de este papel por Osiris, como ya he dicho). Posee además una estrecha relación con el arcano número 18 del Tarot, La Luna, ya que en los textos más antiguos se habla de cómo Anubis guía al alma del difunto hacia la Duat ayudándose por la iluminación que le proporciona nuestro satélite. En muchos mazos de Tarot aparece la figura iniciática del perro junto con la luna en el Arcano número 18, y en algunos incluso figuran las pirámides y un escorpión al acecho, como símbolo del Inframundo. No es muy conocida, por cierto, su faceta como mediador en los sortilegios amorosos, en los cuales, según su propio criterio, podía actuar a favor o en contra del peticionario. Es decir: podía dar poder a aquel o aquella que realizara "un trabajo de amarre", o por el contrario de quitárselo y volver esa energía en contra del aspirante a brujo.
 
Anubis es el mirar atrás, y el mirar hacia delante... Es la expresión del paso de oruga a crisálida, de crisálida a mariposa. Gran Señor de todas las transformaciones, preside nuestra evolución a lo largo de múltiples vidas, de infinitas posibilidades del espacio-tiempo. Es el juez que comprueba el estado de nuestra alma, pero también aquel guía que nos acompaña en uno de los momentos más trascendentales de la existencia: el tránsito, la muerte, el fallecimiento. Anubis nos muestra el reino de la Oscuridad, pero porta habitualmente en su mano el Ankh, la Cruz Egipcia, como promesa y esperanza de la resurrección y de la vida eterna. Guardián pues de los misterios, guardián de la sabiduría arcana, guardián del Árbol de la Vida, es una figura esencial para todo aquel que quiere traspasar el Umbral, establecer un juicio de contraste entre las Leyes Eternas y su propia alma, repasar su vida (o sus múltiples vidas), hacer evaluación de sus actos y pasar al siguiente estado de conciencia, mucho más elevado (incluso antes de reencarnar, para acelerar el propio proceso de perfeccionamiento).
 
... Porque lo que pocos acometen es que uno puede someterse al Juicio de Anubis aún en vida...
 
Por ese motivo, Anubis es el encargado, en la Otra Vida, de colocar el corazón del difunto (el símbolo de lo que sintió) sobre una balanza (la balanza doble de Maat, la Diosa de la Justicia), y contrapesarla con la pluma de la Verdad, para ver si aprendió la lección que le tocaba...
 
Como en tantas otras culturas, el dominio de Anubis se extiende hacia el Oeste, hacia donde el sol se pone...
 
 

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