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miércoles, 11 de febrero de 2015

Los hijos de Bastet

Mañana jueves hará una semana que me volví loca: después de mucha insistencia por parte de Fernando, decidí adoptar a dos hermanitos gatunos, "Azabache" y "Bastet" (no hace falta decir quién es quién, ¿verdad?), macho y hembra para más señas... Es la primera vez en muchos años que me vuelvo "loca" de veras, y tomo una decisión drástica e irrevocable por mi misma, sin mirar atrás y sin encomendarme ni a Dios, ni al diablo. ¡Yo lo hacía antes así, recuerdo! Uno pierde muchas cosas por el camino de la existencia, y entre otras, pierde la capacidad de ser uno mismo por encima de las opiniones ajenas. O al menos, eso es lo que me ha pasado a mi: que he perdido la frescura y la espontaneidad de hacer lo que se me pase por el arco del triunfo XDXDXD. ¡Pero aún estoy a tiempo de enmendarme!

Me dijeron que los gatos son maestros espirituales que te enseñan mucho.., pero nunca habría podido suponer que tanto, en tan poco tiempo. El primer día que les traje a casa me di cuenta de dos cosas: primero, que estaba aterrorizada por la decisión tomada, y una voz interior muy potente (no un guía, ni un ángel, ni una revelación externa, sino mi propia voz), me habló claramente y me dijo "a ti lo que te pasa es que le tienes miedo a la vida"; después, como yo me rebelase internamente contra esta certeza, la voz interior insistió "no sólo le tienes miedo a la vida, sino que además le tienes miedo a tu propia madre".

Y estas dos revelaciones produjeron en mi un milagro, en el transcurso de menos una semana. Con Mercurio retrógrado sobre mi Casa 4, tuve que reconocer que, efectivamente, mi propia voz interior, mi Pepito Grillo particular, tenía toooooda la razón. Soy un ser que se mete a fondo y sin dudar en las aguas más terribles, más duras, más apestosas de cualquier inconsciente... No le tengo miedo al miedo, ni al terror, ni a la muerte, ni a muchísimas otras cosas que la gente normalmente teme. Me someto a hipnosis sin pensármelo, trabajo mi Sombra como se trabaja el tallado del tronco de un árbol, duramente, y soy capaz de mirar de cara la oscuridad más horrenda y profunda, y la más dolorosa herida. ¡Y sin embargo, inexplicablemente, le tengo miedo a la vida.., una contradicción que parece una locura!

Sin embargo, no es una locura: tengo motivos muy, muy buenos para tenerle miedo a la vida. Los dos gatos me están sanando, de alguna extraña manera que no logro comprender. Para empezar, me han liberado: me han "obligado", por así decir, a tomar decisiones independientes al margen de cualquier tipo de opinión ajena (cosa en la que estaba como "atascada" desde hace al menos 4 años, y que no era capaz de vencer por mi misma); y lo más importante: los gatos, que tienen que ver con la Madre y con la Luna, me han reconciliado con ese aspecto maternal interno mío que me estaba negando, porque había ahí abajo una herida muy profunda, muy terrible, muy conmovedora, por la que se me iba la fuerza y que apenas me dejaba respirar.

En dos regresiones pude identificar, hace ya mucho, mucho tiempo, una herida física (una herida por la que se me iba la vida) en el mismo lugar del cuerpo, exactamente en el mismo lugar del cuerpo, pero con cuerpos distintos. No sé si me explico bien, pero en esas dos vidas supuestas pude ver cómo se me hería exactamente en el mismo lugar y casi de la misma forma, con funestas consecuencias. En una de las vidas era un hombre joven; en la otra, una mujer joven. ¡Curioso paralelismo! Dos seres que, en sendas supuestas vidas pasadas, no pudieron alcanzar ni tan siquiera la mayoría de edad. Dos proyectos de vida frustrados, dos personalidades que fueron "capadas" en pleno apogeo de la juventud. En esas dos visiones bajo hipnosis, la parte masculina (como hombre asesinado que fui) y la parte femenina (como mujer completamente doblegada que fui) eran machacadas, aniquiladas, fusiladas.., como si una fuerza destructiva, poderosa, en ambos casos de componente puramente patriarcal, pasara por encima de mi como una auténtica apisionadora.

Estoy contando esto tan tranquila porque los gatos me han hecho magia: no tengo ni idea de cómo, pero de repente, y sin previo aviso, he cambiado de la noche a la mañana. Puede que tenga algo que ver también todo el reiki que estoy practicando, a raíz del curso de la Gendai Reiki Ho, pero sé que no sólo es eso. De repente, una fuerza inconmovible se ha levantado desde mi interior: la potentísima de la Madre, de la Tierra, de la Gran Diosa, la Diosa Blanca. Lo Femenino manifestándose desde su ángulo más vital, salvaje y protector. Como si el hecho de tener que proteger a los dos gatitos fuera la excusa que me faltaba para manifestarme en mi pleno potencial. Noto que me muevo como una leona, noto que piso por la calle como una leona, noto que vuelvo a tomar decisiones sin miedo alguno, y que no hay furor ni cosa que me asuste. ¡Así soy yo, así he sido y seré siempre, la Sacerdotisa, la Fuerza!

Mercurio, que es el planeta regente de mi Carta Astral (tengo el Ascendente en Virgo) siempre me trae y me lleva por caminos inexplorados... Cada vez que entra en retrogradación, cosa que ocurre aproximadamente 3 veces al año, me vuelve del revés como a un guante. En este caso me ha tocado la Madre.., pero también al arquetipo del Padre, de los Hijos, del Amante y del Trabajo. ¡Ahí es nada! Dicen que Dios no te da mayores pruebas de las que eres capaz de soportar, y quizá suene soberbio, pero yo me enorgullezco de mi coraje. La humildad y el orgullo no están reñidos, a pesar de que pareciera: siempre les digo a mis clientes "enorgullécete de tus logros, de tus virtudes y de tu sabiduría.., pero sé dócil como un cordero ante la Verdad".

... Así que me enorgullezco de mi coraje.., coraje que me permite tomar riesgos con dureza y, por lo tanto, ir mucho más rápido y más lejos de lo que conseguiría, si no lo tuviera.

Estos dos hijos de Bastet, la diosa gata-egipcia, van a acompañarme en mi vida durante un largo, ¡un laaaaargo tiempo! Es como si fueran el Mago y la Sacerdotisa del Tarot: "Azabache", negro como la noche más oscura, es astuto y rápido, fuerte como una pantera, independiente e inteligente... Me recuerda en sus movimientos de jaguar negro a ese muchacho valiente y decidido que, defendiendo lo que consideraba más correcto, perdió la vida en aquella regresión. "Bastet", a la que pusimos el mismo nombre de la diosa, es mimosa, dulce y protectora, algo dependiente y celosa: tal cual aquella jovencita a la que prácticamente le arrancaron un hijo de su vientre, que vi en la otra mencionada regresión.

No sé cómo ni por qué, pero los dos bellos hijos de Bastet me han recordado quién soy, por qué estoy aquí, y lo que quiero hacer. Me han recordado que, como ellos, no soy una loca salvaje: me han hecho comprender, en tan sólo una semana, que no hay ningún problema en mi; simplemente, no puedo ser gobernada por personas que ni siquiera saben cómo gobernarse a sí mismos.

No soy un espíritu indomable; no soy alguien que, simplemente, gruñe, pelea y se cabrea sin ton ni son. Como el personaje de Elsa, la reina de "Frozen", simplemente soy alguien que se ha reprimido durante demasiado tiempo para no hacer daño a los incapaces, a los cobardes, a los temerosos, a los inútiles. Alguien que ha ocultado una gran parte de su poder por miedo a hacer daño.., a hacerse daño. Alguien que alguna vez perdió todo en la partida, y que había olvidado la inmensa alegría de echar, de vez en cuando, un órdago a la grande...

Benditos amigos gatunos... ¡Qué mágicos son!

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