Coaching transpersonal


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martes, 30 de septiembre de 2014

Desde el corazón de las tinieblas (historia de un japonés)



























"No entres en el Corazón de las Tinieblas sin haber salido antes..."

Rosa Montero, "Temblor".
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La foto pertenece a Bobkitty, cuya galería de dibujos os ofrezco aquí.

El texto está inspirado en los resultados obtenidos a raíz de una serie de regresiones a vidas pasadas de una persona muy, muy cercana a mi misma. Por lo tanto, no voy a decir lo típico: aquello de que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".., porque en este caso no será verdad :-)
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"Ni siquiera puedo decir mi nombre: mi nombre es objeto de burla, de mofa, de befa… Creo que nací con una mala estrella y que todos los dioses malévolos se pusieron de acuerdo para poder (a pesar de todo mi coraje) herirme; es como si el universo entero se hubiera conjurado con el fin de borrar mi memoria de la clara luz del alba que promete el siempre eterno despertar de Amaterasu.

Así que mi nombre no figurará nunca en los anales de las grandes batallas de nuestros antepasados, ni ornará ninguna lápida conmemorativa; mis enemigos se pasearán por las calles oscuras y sucias de la ciudad proclamando que tuve nombre de mujer, y que mi estirpe, desconocida, no vale ni una moneda.

Vistas así las cosas, no sé quién me ha reclamado: no sé quién ha olfateado ese nombre mío tan absurdo por sobre los cuatro vientos, en las cuatro esquinas de la Tierra; no comprendo quién ha removido mis huesos, quién ha proclamado las virtudes de mi apellido (apellido inexistente, por otro lado) y ha aventado el olor de mis cenizas, durante tanto tiempo olvidadas… 

Debe de tratarse de alguna sacerdotisa despistada que ha captado el sutil rastro que mis sandalias de paja dejaron sobre la arena. 

Me siento confundido: no estoy acostumbrado a la benevolencia. Desde que recuerdo (y juro que mis recuerdos solamente se extienden hasta cierta edad, porque sobre mi primera infancia parece como si hubiera caído una espesa niebla), lo más habitual que he experimentado en mi entorno es la ley del puño y de la espada. ¡Ni se me hubiera ocurrido nunca pedir amparo, ayuda o compasión! Esas cosas no se toleran.., no se estilan entre nosotros. Aquí, al que manda, se le acata; el que obedece, calla y ejecuta; y aquel del cual no se conoce el apellido, el que es un siervo, ya tiene bastante con no recibir palos y tener un poco de arroz que llevarse a la boca para no morirse.

Nosotros nunca suplicamos… 

Por otra parte, sería inútil hacerlo. 

Por las mismas razones, esto no debe interpretarse como una queja. Reconozco  que mi vida ha sido mucho, mucho mejor que la de otros jóvenes de mi edad que he conocido. Tengo que admitir que no se me ha obligado a bañarme en el agua helada para curtirme, ni a recoger la del río hasta que las manos me sangrasen, en lo más crudo del desgarrador invierno. No puedo olvidar que fui educado, que se me enseñó a leer y a escribir, que se me confió un puesto de honor junto al gran hombre.., y que en todo momento podía recoger de sus migajas.

Todo tiene un precio: y el precio de la vida de un hombre, en estos tiempos que corren, es muy poca cosa. Desde luego que sí.

Pero yo me culpo. ¡Pues claro que me culpo! ¡No sabéis hasta qué punto los muertos tienen memoria! Y sin embargo esa mujer sonriente y resuelta que se me aparece a intervalos, y que un día confundí con una diosa, se empeña en reivindicar mi memoria dulcemente. Puedo verla a través de las brumas del tiempo, atisbarla como en la locura de un sueño transgresor. Vislumbro su silueta luminosa brillando en tonos dorados y rosas muchas veces desde este brumoso lugar, donde residen los espíritus que no conocen la Luz y que tienen cuentas pendientes aún por resolver.

¿Qué querrá?

Por lo que yo sé, aquellos que rompen las reglas permanecen malditos. Uno no puede abrazar un código para luego traicionarlo. Eso en mi mundo no se hace: no hay excusas, nadie en todo el clan se atrevería a cuestionar nuestra idea de justicia. Al que va en contra de las reglas se le ejecuta.., o se le invita firmemente a quitarse del medio, que para el caso es lo mismo. La misma vergüenza también puede matar a los que protegen, a los que aman o simpatizan con un determinado proscrito. O directamente está la venganza: a veces la gente no quiere suicidarse, o no le dejan ni siquiera tiempo para hacerlo.

Por eso no comprendo las intenciones de este ser de luz que parece empeñado en rebuscar profundamente en la vida y la memoria de los muertos… 

Pero, ¿qué querrá?

Como ya he dicho antes, mi nombre no importa. No sé quién es mi padre (ojalá lo supiera), pero siempre he sabido que “él” no lo es. Por algún motivo extraño (extraño porque fornica con todo lo que se le cruza en el camino) “él” no puede tener hijos. Eso me consta. Yo sí que puedo, y me parece que eso ha sido, realmente, la causa última de todo. Ni la traición, ni la deshonra, ni la decepción, ni la desobediencia: lo que en realidad determinó este aciago desenlace, al final, ha sido el hecho de que no puede tener hijos.., ¡y yo, obviamente, sí, porque su mujer estuvo encinta!

Este ser, espíritu, diosa, sacerdotisa o fantasma, lo que quiera que sea y que vislumbro a veces, reza. No puedo entender sus oraciones (normalmente salmodia o habla en el lenguaje áspero, tosco y lleno de ladridos de los bárbaros); pero hay veces en que, de repente, parece como si intentara balbucear algunas frases en mi propio idioma. Entonces la escucho, y sé que invoca a alguno de nuestros dioses, o que llama a los espíritus de los antepasados, y cosas así. Pasa a veces mucho, mucho tiempo sin que pueda sentirla. Una vez vi sus ojos: de un color pardo caramelo, parecían despedir llamas en medio de esta brumosa oscuridad. Sin embargo, su gesto era tranquilo, suave, compasivo. Me miraba de hito en hito, y cuando nuestros respectivos mundos llegaron a tocarse lo bastante, me di cuenta de que de su cuello pendía un juzu, un rosario como los que suelen utilizar nuestros monjes, pero con las cuentas de un claro color rosa transparente… Ése es prácticamente el mismo tono del aura que la rodea, y que suele acompañar a todas sus apariciones.

Hay veces en las que el sueño me consume y siento que pierdo la consciencia… Es una especie de estupor extraño: no sé si muy pronto acabaré por disolverme en la nada. Recuerdo que tuve la misma sensación cuando un día me vi arrebatado, de improviso, a un escenario del mundo real: para mí, el peor de los escenarios posibles. Allí estaba “él”, nuevamente y siempre “él”, pero esta vez mucho más viejo, mucho más decrépito que cuando le vi por última vez.., aquella funesta vez en que decidí enfrentármele a pesar de todas las reglas y de todos los códigos y de todo el sentido común. Yo flotaba.., flotaba como una de esas cometas llevadas por el viento que los niños liberan en honor a los dioses del aire durante el Festival de las Luciérnagas… Y “él”.., sentado en el suelo como una marioneta, apoyado contra la pared como un títere sin cuerdas, sin corazón y sin voluntad, a punto de abrirse el vientre. 

Intenté gritar: juro por los dioses que intenté gritar para evitar aquel nuevo drama. Es verdad, es muy cierto que sigo sintiendo todavía la antigua y terrible rabia, esa cólera inextinguible que aún me sofoca cuando me acuerdo de “él” y pienso en todo lo que nos hizo.., en todo lo que se hizo a sí mismo. Pero juro que aquella vez tan sólo sentí un pavor animal, irracional, y que traté de gritarle para que no lo hiciera, ¡con todas mis fuerzas! Pero son pocos, muy pocos los que pueden escuchar la voz de los espíritus, y mi voz es ahora tan débil como el susurro de las espigas entre las hierbas.

... De esas mismas espigas de arroz que yo adoraba acariciar con mis manos cuando caminaba ensimismado, al atardecer, por los campos...

¿Qué quieres de mi, mujer?

Hay veces en que creo que me la estoy imaginando…  Supongo que esta inexplicable presencia es una especie de proyección de mi alma y que obedece a un íntimo deseo de mi corazón, porque uno se siente culpable y no espera más que una mano misericordiosa que, desde este mundo o desde el otro, pueda tenderse para aliviar mis penas y mis sufrimientos.., para redimir mis pecados. Otras veces, tengo miedo: sí, temo que se trate de algún maldito gaki que viene a alimentarse de lo que aún queda de mi, y que adopta la forma de este ser de luz para confundirme y arrebatarme. Pero cuando más me enloquece es cuando sospecho que pudiera ser una enviada de mi amante, de la esposa que una vez fue propiedad de “él”. No puedo olvidar.., ¡no puedo olvidar! Y lo que queda de mi espíritu aún se retuerce de ira, pensando en que ella se ha convertido en un yurei.., quizá en este mismo espíritu femenino que veo o quizá en cualquier otro, que vagará eternamente atormentado, buscando una venganza que nunca llegará porque ya estamos todos muertos. Y cuando la locura se apodera de mi ánimo, me imagino que esta dama de luz, aparentemente dulce y compasiva, se transforma y me muestra su verdadera naturaleza apenas con el leve roce de uno de sus dedos sobre mí.., y que entonces puedo verla tal y como es en realidad: un espíritu vengativo que se me aparece para atormentarme, para preguntarme por qué le hice.., por qué le hicimos esto.., y que se abre la ropa para mostrarme su vientre abultado mientras lanza un chillido horrible, sobrenatural, espantoso y agónico.., ¡un alarido mortal como el filo, como el filo frío y duro, como el filo que penetra la carne y del que no hay escapatoria!

Me llamo.., no, mi nombre es un oprobio, motivo de burla, cuando menos, entre los que no han tenido la desgracia de conocerme… 

No preguntes por mi nombre. No preguntes por mí. ¿Quién me reivindicará, quién pondrá una varilla de incienso y elevará una oración delante de mi tumba inexistente?

viernes, 12 de septiembre de 2014

Trabajo y dinero: esos grandes caballos de batalla

Flipo: es que últimamente flipo con las personas a las que escucho hablar de trabajo y de dinero. He llegado a la conclusión de que más de uno y más de dos (eso por no decir todos, que parece mucho más drástico) tiene un problemón de narices con esta materia.

Parece como si el dinero fuera algo despreciable: yo es que no lo entiendo. Y del trabajo no hablemos: lo de la maldición bíblica nos lo tomamos, habitualmente, al pie de la letra. Pocas veces se escuchan decir cosas tales como "a mi es que mi trabajo me encanta", "disfruto plenamente con lo que hago", o "qué satisfecho estoy con mi labor". Del dinero siempre oímos que nos falta, que a ver si nos toca la lotería, que no es algo espiritual o que corrompe a la gente. Sigo sin entender bien el mecanismo que nos lleva a "demonizar" de tal forma tanto al trabajo como al dinero, y como ya he hablado unas cuántas veces sobre este asunto, no lo haré hoy. Pero sí que voy a contaros un caso específico (obviamente, anónimo) que muestra cómo los traumas y condicionamientos de otras supuestas existencias pueden influirnos en la mala relación que podamos tener tanto con el dinero, como con el trabajo.

El perfil es el de una mujer de mediana edad; profesional liberal, muy competente, empieza en una determinada época de su vida a tener problemas con el trabajo, hasta que la despiden. Desarrolla a raíz de ello una especie de "pánico escénico" al mundo laboral, no es capaz de encontrar nada que coincida con la categoría que le corresponde, y por debajo de su categoría, tampoco. ¡Pasa así 4 largos años! Acude a mi desesperada y angustiada porque por una parte tiene miedo a no volver a trabajar en su vida, y por otro lado, también tiene miedo a encontrar un trabajo que le suponga, según sus propias palabras, "más de lo mismo" (es decir, según me comenta, mucho estrés, mucha dependencia de sus jefes, situaciones en las cuales se le humilla o no se le reconoce su estatus, etc). Tampoco quiere ya condicionar la mayor parte de su tiempo a un trabajo que, afirma, le provoca muy pocos beneficios y bastante angustia.

Enseguida me doy cuenta de que está exagerando mucho la situación, porque sus anteriores trabajos sí que le han reportado evidentes beneficios (independencia económica, dinero disponible para llevar a cabo las cosas que realmente le gustan...). Extrañada por el sufrimiento que transmite y el rechazo hacia todo lo que implique trabajo (e indirectamente, hacia el dinero también, dado que me asegura que siempre, en todos las empresas en las que ha estado, ha cobrado muy por debajo de la categoría que le corresponde), le insinúo la posibilidad de tratar el tema con hipnosis, y acepta.

Tras unas cuantas sesiones, entramos en el ámbito de la regresión, que yo no había considerado como técnica válida en este caso, pero en fin... Y surgió una supuesta vida pasada en la que esta mujer era también una mujer que había perdido completamente el "estatus" que poseía en su ámbito familiar por desobedecer las órdenes del patriarca de la familia. A raíz de eso, había sido expulsada de su tribu, y se había visto obligada a vagar ejerciendo la prostitución y pasándolo realmente muy, muy mal, hasta que otra mujer de alto estatus de otra tribu quiso ayudarla, acogiéndola en su casa para que trabajara como criada (prácticamente como esclava), llevando a cabo las tareas más penosas y degradantes, por lo cual falleció repentinamente más o menos a la edad.., ¡que mi clienta tenía cuando perdió su último trabajo y se sumió casi en una especie de depresión!

Obviamente la envié al psicólogo (que para eso está), pero seguimos trabajando con reiki y regresiones durante bastante tiempo.., y yo creo que todo fue positivo, porque ahora mismo está al frente de su pequeña empresa y se encuentra mucho mejor con lo que hace.

Pero lo curioso del tema es cómo todo concuerda: en su vida actual, ella ha sido muy dependiente de la figura de su madre, que prácticamente parece un calco de la mujer que en esa supuesta vida "la acogió". Sigue presentando (cada vez menos) un rechazo casi patológico ante la autoridad patriarcal de los hombres (y no soporta prácticamente que le de órdenes un jefe), y ostenta unas dificultades muy grandes para elevar su nivel de vida y su estatus.., como si el trauma del pasado se le hubiera quedado, de alguna manera, "enquistado", y no fuera capaz de librarse de él definitivamente.

Es sorprendente lo que podemos encontrar en el inconsciente una vez que nos ponemos a investigar a fondo... Pero sobre todo, hoy quiero dejaros el siguiente mensaje, y quiero que os lo grabéis muy, muy profundamente en vosotros; que lo meditéis, que le deis forma, que tratéis de entenderlo a vuestra manera, y que penséis si hay algo de cierto, o no, en esto que os digo:

EL DINERO NO ES MALO; SÓLO ES UN FIN QUE NOS PERMITE HACER AQUELLO QUE QUEREMOS HACER EN ESTA VIDA.

¡Buen fin de semana.., y un besote a todos y a todas!

;-D!!!


miércoles, 10 de septiembre de 2014

La Mordedura Tajante





















... Si no hubiera sido por Fernando, no hubiera cogido un bokken en toda mi vida.

Vuelvo de vacaciones con las energías renovadas y con la Visión mucho más clara que de costumbre. He dejado atrás unos cuantos "mareos existenciales" de los míos (no muy "heavies", todo hay que decirlo: al que ha regresado más de una vez de las Tinieblas, todo le parece ya como una caricia). Ahora tengo las cosas bastante más claras y se me ha pasado la primera impresión fuerte, el golpe de efecto, el trauma repentino: he asumido por fin una serie de cosas que había que tener en cuenta por narices, y con las que no contaba.., cosas muy raras y un poco desestabilizantes, que ni de coña me esperaba que fueran a aparecer ahora en mi vida, sin previo aviso.

Lo más difícil de trabajar como coach es aceptar que puede que tú veas claro el camino, pero que el que lo tiene que seguir es tu cliente. Lo más difícil de asumir, como cliente de un coach, es que sin aceptación no hay beneficio. O, dicho de otro modo: hay que ceder, abrirse, enfrentarse a uno mismo si es que se quieren obtener cambios reales en el corto, medio y largo plazo. Hay que decantarse por la acción y tomar las riendas de los propios asuntos: sin excusas, con valentía, con fe y sin demora. Pero los coach también somos humanos, y por ese mismo motivo, no tenemos más opción que asumir también nuestros propios asuntos, sean éstos cuales sean. ¡Y eso es lo que me ha pasado a mi en el último mes!

Hay un Hexagrama de I-Ching que siempre me ha gustado mucho, y que se denomina "La Mordedura Tajante"... Hace referencia a la acción decidida que requiere la eliminación de un obstáculo. Usualmente aparece en una tirada cuando el consultante ostenta algún tipo de desorden en su vida, y se hace preciso el uso de una gran cantidad de energía repentina, cortante y dinámica, para conseguir tirar por tierra el obstáculo. En este caso, el obstáculo puede ser tan puñetero como un intenso miedo a encargarse de algo que sabes que va a tener consecuencias determinantes en las vidas de unas cuantas personas de tu entorno más cercano.

Esto de los obstáculos no es moco de pavo, por cierto... No somos conscientes, en la mayoría de las ocasiones, de qué forma multitud de asuntos nos condicionan, nos frenan, nos impiden llevar adelante nuestros sueños. Las personas estamos la mayor parte del tiempo como dormidas: pensamos que poseemos el dominio sobre nuestros actos, pensamientos y acciones.., cuando en mil ocasiones actuamos movidos por nuestro inconsciente.

Pero aquellos que trabajamos más allá del inconsciente lo tenemos aún más difícil: sabemos cosas que los demás ni imaginan, pero eso no nos sustrae del miedo, de la duda, de la desesperanza, de la tentación de tomar "las de Villa Diego", etc.

Por ese mismo motivo siempre digo que valgo más por lo que callo que por lo que digo, y os aseguro que es así. También es verdad que casi todas las personas somos, y perdonadme la franqueza, sumamente pesadas: conozco clientes capaces de pasarse años, AÑOS, dándole bola una y otra vez al mismo asunto, yendo atrás y adelante constantemente, avanzando como el cangrejo (dos pasitos pa´lante, tres pasitos pa´tras). El Camino del Ser es duro, empinado, lleno de obstáculos y de piedras: más de uno se da por vencido a la primera de cambio. Reconozco y comprendo que, para seguir en esa pelea, en esa batalla terrible y tremebunda con uno mismo, hace falta algo más que músculos fuertes y simple empeño: hace falta una voluntad de acero, o mejor aún, de titanio. Nos empeñamos y empeñamos en resistir lo que nos toca, cuando lo que nos toca está específicamente diseñado para nuestra mejor y más profunda evolución espiritual.

He empezado diciendo que, si no hubiera sido por Fernando (mi pareja), no hubiera cogido un bokken en toda mi vida.., y es verdad. Yo no sé qué numen inspiró a Fer para que con tanta insistencia me diera la tabarra con los "tarugos" que, a la manera de bokken, antes vendían en el Decathlon(se empeñaba en comprarme uno cuando yo no quería ni verlos, y menos aún tocarlos). Al final, lo que son las cosas, he acabado practicando Iaido en el dojo de Mushinkan. A los efectos de lo que estoy intentando contaros, esto viene al caso porque resulta que yo tengo una resistencia inaudita a coger una espada y a ponerme a hacer filigranas con ella. ¡Pero inaudita, hasta el punto de que, en ocasiones, he llegado a ponerme enferma (enferma físicamente, con síntomas de la más variada expresión).

¿Qué lleva, qué motiva a una persona que siente una resistencia interna atroz hacia determinado tipo de actividad, a sobreponerse diariamente a este complejo inconsciente, y no sólo practicar la disciplina de la que se trate, sino a seguir y seguir con ello hasta transformarlo en un motor de movilización interna y transformación personal?

Como dije antes, valgo más por lo que callo que por lo que cuento... Mi motivación interna es muy poderosa, y yo sé muy, pero que muy bien, qué es lo que me impele a sobreponerme a ese trauma visceral y tan profundo, en el caso del iaido... Siempre digo que la única diferencia entre servidora y la mayoría de las otras personas es que usualmente siempre acabo averigüando qué es lo que me ocurre "en las traseras", a nivel inconsciente.., mientras que los demás se quedan en el rechazo, en el trauma, en la imposibilidad o en la resignación.

Pero servidora, con un Plutón/Marte/Mercurio/Sol conjuntos en la Casa XII.., ¡ni de coña! ¡Ja!

Así que aplico.., me aplico a mi misma la Mordedura Tajante, que tan encarecidamente recomiendo a mis clientes cuando me preguntan qué deben hacer para cambiar su vida.., ¡y adelante, como los de Alicante!

Muchas veces, en la vida, no es posible mirar hacia otro lado y esconderse... Muchas veces no vale con meter la cabeza en la tierra, como decían que hacen los avestruces, ni existe la opción de salir corriendo. Es bastante habitual que no tengamos otro remedio que hacer caso a estos "mandatos internos" que parten desde adentro, desde la soberanía más absoluta de nuestro Ser Espiritual y que, aunque nos parezca mentira, son los que verdaderamente importan.

... Que la cosa da miedo, está claro. Pero, ¿acaso no da más miedo el permanecer indefinidamente en una cárcel del alma que quizá, y sólo quizá, con un poquito de coraje, de voluntad y de energía, podríamos romper?

Ahí lo dejo, para que lo reflexionéis, si gustáis... Mientras tanto, ¡muchos besotes, y buen comienzo de curso a todos y a todas!

¡Un abrazo!