Coaching transpersonal


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miércoles, 23 de julio de 2014

La Hoja bajo la Raíz


















Me gusta Juego de Tronos y me gustan los árboles... Por eso subí esta foto, no porque tenga que ver del todo con el tema que me ocupa. ¿O quizá sí? Me gusta Ned Stark y me gusta el frío y el invierno... Y sobre todo, aunque mucha gente os dirá que soy de naturaleza jovial y generosa, tendréis en adelante que tener en cuenta que me gustan las cosas serias, muy serias. Tengo en un elevado concepto el sentido del honor, del deber y de la justicia, y esa afición mía puede hacer que aparezca en ocasiones como fría y distante, como los mismos hijos de Invernalia. Detesto los juegos de manos absurdos y desgastantes; detesto a la gente que no va de frente y que enreda; y por encima de todo, detesto a los traidores.

Todo esto lo he escrito para explicar un poco por qué me gusta esta foto y por qué me gusta este personaje... Pero no es ahí a donde yo quería llegar. Os voy a contar una experiencia extraña que tuve el otro día, y en la que hablo acerca del un árbol y acerca de una espada. Cada cual que se quede con aquello que esta especie de cuento raro le sugiera desde el fondo de su mismo corazón. ¡El mensaje será claro, inequívoco, y solamente será para ti!


"Caminé hacia el ocaso lentamente, con la mente en blanco casi... Necesitaba estar a solas. Dicen los mayas que en el horizonte que muere reside la Casa del Jaguar, ese animal chamánico de inmenso poder que, desde el Occidente, guarda las llaves del Inframundo que pertenece a la memoria de los tiempos pretéritos... También dicen los ancianos sabios que el jaguar nos enseña a caminar por la vida sin miedo, sin rabia y sin adversarios, es decir, con coraje, con amor y con compasión. El jaguar tiene una enorme y difícil tarea: recordarnos cómo superar nuestro miedo y transformarlo en un aliado.., cómo recuperar nuestra autoestima y nuestro poder personal. El jaguar nos muestra la forma de integrar la luz y la sombra, y nos enseña que se puede tener humildad sin agachar la cabeza. Es un espíritu que jamás retrocede: es valiente hasta el límite, más allá de cualquier posible acechanza, porque ha vuelto mil veces de la muerte, y no le tiene miedo.

Aquella tarde el cielo estaba rojo, malva y dorado, y los árboles, susurrantes, emitían una energía intensa, pero a la vez sutil y dulce... Insectos como joyas voladoras y semillas indeterminadas flotaban cansinamente a mi alrededor. Podía oler cada aroma campestre con exactitud, y escuchar el sonido leve de la hierba que pisaban mis pies. Nada, absolutamente nada parecía romper la paz de ese instante. Una melancolía extraña se me coló de rondón en el pecho cuando miré directamente al sol que moría allá lejos, entre los cerros redondeados. 

Repentinamente sentí una fatiga increíble, como si todo el peso de múltiples siglos se agolpara semejante a una losa sobre mis espaldas. Me detuve, siempre observando al sol agonizando lentamente en la lejanía. Parecía hipnotizada por esa luz fluctuante que nos dejaba el mundo a oscuras, sin compasión y sin ningún tipo de esperanza. Miré a la tierra: la áspera tierra reseca del verano, que todavía ofrecía a mis pies cansados un atisbo de briznas de hierbas casi liofilizadas. Me senté con cuidado: tal era la sequedad de la hierba que mordía en las piernas como una serpiente. El sol apenas era una raya roja despuntando entre los cerros. "Un eclipse", pensé, sin saber muy bien lo que quería decir.

Bajé la cabeza hasta casi hundirla en mi pecho. Las fuerzas me habían abandonado. No tenía ánimo ni para suspirar, así que permanecí así unos minutos, como si yo también me hubiera resecado, como si me hubiera convertido en un sarmiento más de aquellos que, retorcidos, honraban a la tierra todavía con el recuerdo ya lejano de una tibia primavera. Y, como hacen algunos indios aborígenes, me sumí en ese estupor de la nada, del vacío, del Tao: no era yo ni era más que vacío, más que el Todo, indeferenciada de la Tierra mi madre y del Cielo mi padre... Una, integrada, solemnemente quieta e indiferente: como una estatua de sal al pie de un camino pedregoso.

Quién sabe cuál fue poder o la presencia que me inspiró entonces para alargar mi mano derecha en aquel momento de suprema calma y quietud, pero el caso es que lo hice; y lo cierto es que mi mano agarró, como si supiera que siempre había estado ahí, el mango negro de un cuchillo afilado que estaba clavado íntegramente en la tierra, al lado de una especie de poste de un metro. Fue todo tan rápido, que tengo la sensación de que lo vi antes de mirarlo.., pero eso no fue lo extraño. Lo realmente extraño es que, cuando lo desclavé del terreno, obtuve la gracia de la Visión nuevamente: y en medio de ese relámpago fulminante que siempre me acompaña, como abriéndome la frente por la mitad, observé que el cuchillo tomaba la apariencia de un nihontō, cuya hoja estaba clavada en la tierra todavía... Y que el poste de madera que estaba a su lado aparecía en mi imaginación como si fuera la leyenda vertical de una tumba japonesa muy, muy antigua, situada en lo más profundo de un bosque húmedo y lleno de penumbra.

Dios sabe que intenté leer la escritura que en la tumba "vi", y que me figuré como medio descolorida por una apariencia de sol o de lluvia del pasado más remoto... Pero no lo logré.., o bien no quise lograrlo. ¡Nunca se sabe lo que hay debajo de aquello que nuestro inconsciente protege! A lo mejor no me interesaba enterarme realmente de quién yacía allí, o quizá la visión fue tan repentina y tan drástica, tan extraña, tan absurda, que me cohibí y se me cerraron los canales de la intuición. ¡Es lo más probable! El caso es que me levanté como un resorte, como si fuera uno de ésos títeres sin alma que aparecen en todos los escenarios de The Walking Dead, y cuchillo en mano (menos mal que no había nadie cerca), volví a echar a andar como si me hubieran puesto unas nuevas pilas... Caminé varios metros, en dirección incierta, completamente ida y trastornada por lo que había visto y sentido.., hasta que casi me topé de bruces con un árbol: un alcornoque de bellísima estampa, sombra fresca y hojas de envés plateado, como las escamas de un esquivo dragón nocturno...

Me arrodillé. Sí, me arrodillé sobre la tierra y lo clavé: hundí la hoja del cuchillo muy profundamente, hasta el puño, bajo las raíces de aquel árbol que tantas cosas me ha susurrado siempre en mis sueños...Árbol sufrido, terco, resistente, hecho prácticamente de la misma materia espiritual que la anciana Iberia. Árbol fiel y reservado, que no se prodiga, que aguanta los embates del tiempo y del clima como un estoico luchador de tiempos remotos. Milenario árbol que apenas se reproduce activamente hoy en día, viejo compañero de nuestra herencia más arcaica, señor de las dehesas donde pastan los jabalíes, los venados y los puercos. Primo hermano de la encina, el alcornoque es, si cabe, aún más humilde: épico, recio, fibroso, pulcro. Es como Ned Stark, por decirlo de alguna manera: algo así.

Así que de rodillas, y apoyada con las dos manos sobre el tronco del alcornoque, me quedé: igual que si me hubiera dado un pasmo o un "parraque"... Decenas de hormigas negras como la noche empezaron a circular por mis brazos, quizá pensando que yo era parte del mismo árbol. Ni me importó, ni ellas me dañaron: paralelamente empecé a musitar, o a salmodiar, y ni siquiera sé en qué lengua, frases muy largas y profundas, que me salían directamente del alma, del corazón y de las tripas... Verbo nacido de la experiencia del Espíritu que brota a borbotones, ligero y fresco como una fuente en un prado. Hablé y hablé para mi misma, sin descanso, con voz serena, baja pero firme. Con los ojos cerrados, hecha una con el árbol, mientras el cuchillo descansaba nuevamente hundido en la tierra, quizá ya para siempre.

Al cabo de unos minutos interminables, recuerdo que me alcé muy atenta y alerta, como si hubiera despertado de un largo sueño... El sol ya se había ocultado completamente tras el horizonte, y la oscuridad se adueñaba del mundo poco a poco, cada vez más. No miré atrás: dejé el árbol como el que olvida un preciado tesoro tras de su espalda, y me perdí entre los pinos, rumbo a las luces que veía muy cercanas, a tan sólo algunos metros, allí donde se encontraban los demás.

... Y en aquel momento tuve la plena consciencia de que, por primera vez en esta vida, y tal vez en muchas otras, había sellado energética y espiritualmente un juramento...".

martes, 8 de julio de 2014

Memoria ancestral.., memoria celular

Aparecen en mi consulta a menudo, así que no soy ajena a este tipo de experiencias, de síntomas... Quiero decir que, además, yo misma las he experimentado (y las experimento) en mis propias carnes. Estamos muy acostumbrados a "obviar el cuerpo": es algo tan nuestro, tan habitual, tan normal, que no tenemos en cuenta la importancia de la realidad espiritual que lo mantiene y sustenta. La presencia del cuerpo la tomamos como un hecho irrefutable: no nos damos cuenta de que el cuerpo es una dimensión más de la manifestación espiritual completa que somos. 

Y así nos va: de vez en cuando, surgen con violencia, con fuerza. Se manifiestan en forma de enfermedades repentinas y raras, dolencias inexplicables para la ciencia médica, lesiones "muy oportunas", heridas que duelen y que no existen, etc. ¡Todas esas cosas un poquito extrañas son muy, muy habituales en mi trabajo de cada día, y hoy quiero hablar sobre ellas! 

... Me estoy refiriendo a los fenómenos que producen en nuestra mente, cuerpo y espíritu nuestras memorias celulares.

El universo físico que experimentamos está completamente influenciado por nuestro sistema de creencias. Y en la memoria de nuestras células, como en una plancha de plomo, está grabada la suma de todas las experiencias que hemos tenido alguna vez en dicho universo físico. Cada parte del Todo (y una célula es una parte del Todo que ya, como individuos, somos) contiene todos los datos de la manifestación holística que nos es propia. Por decirlo de forma más directa: cada persona es como un conjunto de acciones, elecciones y circunstancias acumuladas en su propia y personal cuota de espacio-tiempo. Como si se tratara de una "taquilla" que contiene todos los datos de múltiples vidas asociadas, el resultado es un SER que íntegramente opera según las creencias que ha acumulado en sí mismo, a través de sus variados papeles y experiencias vitales.

Las células de tu cuerpo tienen memoria. Son capaces de registrar todo lo que has vivido en múltiples experiencias de vida. Toda esa información, almacenada en nuestra memoria celular, en la forma de emociones, conceptos y paradigmas entremezclados, genera una especie de carga bioeléctrica que permanece. Cuando en la "vida actual", nos ponemos en contacto con alguna cosa que guarda un parecido, o que tiene relación con la temática "guardada", este asunto dispara como un resorte una cascada de neuroquímicos que nos hacen sentir exactamente de la misma forma que nos sentimos en el momento en el que se guardó la información.

Reprimimos muchísimas cosas: traumas, conflictos, experiencias cumbre, pesares, pérdidas, asuntos sin resolver, etc... Todas estas cuestones nos generan altos niveles de estrés, y por ese mismo motivo, lo habitual es que las sepultemos bien profundo, donde no puedan hacernos tanto daño. Generalmente, van a parar a lo hondo de nuestro inconsciente, donde reside el conocimiento de las memorias de nuestro pasado y de nuestros antepasados. 

Físicamente, cuando existe algo que nos "gatilla" esas represiones internas, se activa en nosotros una reacción defensiva inconsciente... Fisiológicamente, esto se traduce en una anulación de la parte frontal del cerebro (la responsable de las acciones creativas destinadas a la vida corriente); por ese motivo, la persona pasa a estar condicionada por la programación del "cerebro posterior", que nos ayuda a defendernos en situaciones de miedo, amenaza, dolor, etc. Ante una situación de peligro real, el proceso es apropiado, adecuado y útil; pero si no existe ese peligro, si todo se trata de una especie de "recuerdo", más o menos inconsciente según los casos (yo recuerdo cosas que aún a día de hoy no puedo dominar), quedamos absolutamente condicionados a las respuestas instintivas de nuestro Ser interior.., produciendo con el tiempo incluso un desequilibrio físico.

Llevo años diciéndolo: todo esto, que pasa a formar parte de esa especie de "pozo sin fondo" de contenidos espirituales a los que normalmente no tenemos acceso, y que yo llamo "La Sombra", debe ser integrado, y no reprimido. Yo, y las circustancias que me hicieron sufrir, deben ser identificadas, integradas, asumidas y sanadas. La Memoria Celular son nuestros "karmas" actuales o acumulados según la Ley de Acción-Reacción: ante la misma (¡o parecida!) acción, nuestro Ser repite la misma reacción de una forma completamente inconsciente, desde lo más profundo de nuestras entrañas. E incluso aunque hayamos "visto" de qué problema se trata, mediante regresión y otras técnicas.., aunque hayamos comprendido y aprendido perfectamente que ante esa acción no nos funciona el reaccionar de esa forma absurda e incomprensible.., ¡tendemos a hacerlo!

El presente es todo cuanto tenemos. No podemos vivir condicionados por memorias celulares de los hechos que ocurrieron en un pasado remoto, que ni siquiera existe. Hay que tomarse muy, muy en serio todos esos patrones inconscientes de conducta improductiva que nos impiden la creatividad, el crecimiento, la autoexpresión de lo que realmente somos.

¡Muchos besotes a todos y a todas!

 

jueves, 3 de julio de 2014

Larimar: mirando hacia dentro

Estaba esta mañana, antes de ponerme a la tarea, leyendo un artículo de una compañera de fatigas en Facebook (la comunidad Facebook de Trece Lunas), acerca de la necesidad de mirar hacia dentro de vez en cuando (ella lo enfocaba desde el punto de vista de la energía femenina, pero nos pasa a todos). En #DPOP14 nos insistieron mucho, y a menudo, sobre el hecho de permanecer en la tristeza el tiempo que fuera necesario para fortalecerse uno mismo. Y sin embargo, es el estado o emoción del que la gente con más rapidez quiere despojarse. Parece que, efectivamente, tiene muy mala prensa la tristeza, y que nadie quiere detenerse en ella. Es como si tuvieras que salir de ahí a toda velocidad porque resulta políticamente incorrecto estar triste.

En #Civesm nos lo explicaron muy, muy bien: la tristeza es una emoción que suele seguir a la ira. ¡Doy fe! Es un estado que se manifiesta a consecuencia de algún tipo de pérdida de un vínculo... Por supuesto, y dentro de esta acepción, incluye el sentimiento de ser dejado de lado, o la sensación de "no pertenecer". Puede darse también porque uno no sabe lo que le pasa, o porque no es capaz de comunicar sus verdaderos sentimientos al otro, o porque hemos perdido a algún ser querido. La tristeza ejerce su dominio cuando tenemos sueños, esperanzas e ilusiones rotas, o a consecuencia de algún tipo de fracaso, o porque perdemos nuestra autoestima.

¿Cómo actuamos ante la tristeza? Fundamentalmente, existen dos formas humanas de hacerlo: o bien nos acercamos a algún prójimo en busca de consuelo y/o auxilio, o bien nos retraemos en nuestro mundo para hacernos cargo de nuestra pérdida. De una forma o de otra, afrontar el dolor es lo que hay que hacer, así que ahora os cuento una reflexión personal con respecto a esto, asociada a la recomendación de una piedra muy apropiada para estos casos: el Larimar.

El coaching se enseña que la corporalidad de la tristeza es muy evidente: hombros echados hacia delante, párpados entrecerrados, cabeza baja, pesadez de movimientos, piernas juntas... La persona evidencia cierto cansancio, apatía, a veces pérdida de apetito, pesimismo y exceso o falta de sueño. Insisto: no es malo permanecer durante el tiempo necesario en esta especie de "recogimiento" (cuando la cosa se cronifica eso ya es depresión, que es muchísimo más peligrosa), porque la tristeza nos avisa de la necesidad de volver al interior (al alma) para amarnos a nosotros mismos y recuperar la sensación de plenitud propia tras una pérdida.

Analizando y analizándome, llegué el otro día a la conclusión de que lo que estoy necesitando en estos momentos es un buen Larimar cerca del corazón.

El larimar es una piedra preciosa y mística, del color del agua del mar caribeño, infinitamente suave, consoladora y delicada... También conocida con el nombre de Pectolita Azul, es ideal para trabajar temas relacionados con las profundidades del espíritu por su relación con la actividad volcánica (Plutón) de la que procede. En este caso particular, ya que estamos hablando de tristeza, recomiendo situarla en forma de colgante, sobre el corazón. Otorga calma y equilibrio en medio del recogimiento que conlleva la pérdida, y sana los traumas que nos afectan.

Ante un duelo, ante algún tipo de tristeza o de pérdida, el larimar actúa estimulando, devolviéndote tu creatividad perdida. También otorga fortaleza (esto es muy curioso, porque nadie diría, viéndola, que se trata de una piedra especialmente fuerte). Y sobre todo, es especialmente necesaria ante las conductas de autosabotaje, porque te lleva a franquear tus propios límites. El larimar restaura la feminidad innata de las mujeres desde el emponderamiento, pero también es muy buena para los hombres (rescata, sana y pone en marcha su lado femenino).

¿Qué tipo de problemas te puede provocar la pérdida, y su correspondiente estado de ánimo, la tristeza? Pues puede apartarte de tu camino, evitando que cojas las riendas de tu vida desde tu propia esencia (cuando das mucho o das más a los demás de lo que debieras, y los demás no te restauran, reconocen o agradecen esa energía); también puede alterarte y ponerte "rabiosa", porque en el fondo las pérdidas de energía, al basarse en una injusticia inmanifestada muchas veces, te hacen caer en la ira; por supuesto, puede desequilibrarte y hacerte perder tu armonía (estás reclamando algo que no se te concede); y finalmente, puede tirar por tierra tu parte femenina intuitiva y creativa, que es muy vulnerable al rechazo hacia su propio reconocimiento y aceptación por parte de la parte masculina.

¿Alguna habéis experimentado alguna vez estos síntomas? ¡Apuesto a que sí!

 El larimar no sólo calma, consuela y sostiene: el larimar sana. Cura estas heridas del corazón que nos llevan, indefectiblemente, a la tristeza. Te permite "pasar" de los que de ti pasan, y te facilita el reconectarte con el inmenso amor que te debes a ti mismo.

... Conclusión: me resulta muy, muy evidente que en estos días en los que Mercurio todavía está estacionario, se hace preciso tomar la escoba y, con muchas ganas y dedicación, ponerse una a barrer el templo interior hasta que no quede ni un átomo de basura (cosas de mi Ascendente en Virgo, que me digo yo).

Pues en ello estamos.

¡Un besote!


martes, 1 de julio de 2014

Ira

Una de las cosas más interesantes que pude aprender en la pasada edición del curso #DPOP14 ("Desarrollo Personal y Orientación Profesional"), de @CIVSEM, es la actitud adecuada para gestionar un sentimiento que puede llegar a ser tan destructivo, terrible e ingobernable como la ira.

Durante bastante tiempo he tenido problemas con la gestión de la ira (de la mía propia)... Obviamente no es un sentimiento de los llamados "políticamente correctos" (lo es mucho más la tristeza, por ejemplo); sin embargo, no se puede negar que ES UN SENTIMIENTO HUMANO, que experimentamos todos en mayor o menor medida, en alguna ocasión.

En Civsem, nuestros coaches nos explicaron que la ira es un sentimiento absolutamente legítimo... Y eso es muy importante, porque estoy más que acostumbrada a ver cómo la gente se asusta ante ella. ¡Eso, cuando no la niega directamente! En los círculos esotéricos, holísticos o de la mal llamada "New Age", es muy habitual el intentar, directamente, prescindir de ella. Pero eso, como vamos a ver, es un error: ¡un terrible error!

La ira es un sentimiento: ni mejor ni peor que otros sentimientos que experimentamos a lo largo de nuestra existencia. Pero lo más importante, y lo que hay que tener en cuenta, es que la ira TIENE MUCHO QUE VER CON LA TRISTEZA. De hecho, podemos afirmar que prácticamente tienen el mismo origen: una pérdida, es decir, algo que nos ha hecho daño. La ira y la tristeza son primas hermanas, con una salvedad: la primera es de polaridad masculina, y la segunda, femenina. En estos momentos, además del movimiento de Mercurio, que lleva retrógrado casi un mes, y que ya está alcanzando la posición que ocupaba antes, nos enfrentamos a un aspecto zodiacal que puede descontrolarnos completamente (sobre todo a aquellos que, como yo, poseen un fuerte componente plutoniano en su carta astral): la oposición Sol-Plutón, que será exacta el próximo día 5 de julio.

Esta relación tensa con el Sol, planeta masculino por antonomasia, nos puede hacer saltar de repente, sacar los pies del tiesto como si fuéramos Tormenta (la de los #XMen), y comportarnos desaforadamente y con violencia. Si nos da por alimentar esa actitud, podemos convertirnos en poco tiempo en una fuerza muy, muy destructiva (como Fénix, también de los #XMen XDXD). Una vez que se produce el sentimiento, lo que se me ha enseñado en el curso es a observarlo: hay que ver cuál es la pérdida que se esconde (sí: la pérdida; no me he confundido) detrás de esa explosión de enojo furioso.

... Servidora a tardado dos (¡dos!) días en descubrirlo...

El Sol en oposición a Plutón nos trae de frente y sin escudo que nos valga el tema de los conflictos interiores con la autoridad... Si alguna vez has tenido que hacer algo que estuviera en contra de tus deseos, creencias o aspiraciones, ¡ya debes saber de lo que hablo! Probablemente, de ahí parte ese sentimiento interno de pérdida que posees: esa herida que te duele de vez en cuando, porque si, por cualquier circustancia, en el momento en el que se produjo tu conflicto con una determinada autoridad, tú no estabas en situación de defenderte, no te quedó otro remedio que someterte y obedecer.

¡Pérdida!

... Nuestros pensamientos son el viento que alimenta el huracán de nuestras iras... Tu inconsciente puede haberse quedado trabado en ese instante de pérdida.., y el sentimiento de amargura permanecerá en ti hasta que no tomes medidas. Pero lo más importante es que no importa lo fuertemente que la ira se haya podido instalar en tu interior: en el momento en el que tomamos consciencia de ella, podemos revertirla. Porque el poder real que posees, como ser humano, es de elección: si eliges no enojarte, si eliges cambiar tu vibración, los vientos de los pensamientos que alimentan la ira cesan de soplar.., y nuestra resonancia emocional cambia por completo.

Hay que prestar mucha atención estos días a lo que está pasando... Lo más habitual es que aparezcan roces con personas que se oponen a tu voluntad, y que aparentemente obstaculizan tu crecimiento personal. En realidad, insconscientemente lo que subyace es tu gran batalla interna: es la expresión pura de tus esfuerzos por soltarte, por acabar con todos esos temores acerca de que los demás quieren dominarte y controlarte. No te das cuenta, pero estás planteando demasiadas exigencias a tu prójimo: con esa actitud, es normal que los demás te teman, y que por consiguiente se aparten de ti y mantengan la distancia, porque no van a arriesgarse a un encontronazo. El resto del mundo va a defenderse ante tus exigencias de dominio, y no permitirá contactos estrechos en los que tú lleves las riendas y el control de las situaciones.

Atención a la oposición Sol-Plutón en el ámbito de lo masculino: van a aparecer dos escenarios posibles... En el primero, tú eres el que "manejas el cotarro" (o más bien, ¡lo intentas!). ¡Asumirás un rol altamente dominante! En el segundo escenario, te verás bajo el dominio de una personalidad fascinante y poderosa. ¡Y mucho ojo a nuestros pensamientos! Durante esta semana, ellos insistirán una y otra vez en que regresemos a lo que "hizo" que nos enojáramos. ¡Pero es una trampa! Eso sí: durante estos días tenemos una oportunidad de oro para aprender a controlar nuestro "volcán interior", para gestionar nuestros sentimientos internos en otra dirección, para buscar de forma activa nuevas perspectivas a través del amor compasivo y la aceptación de lo que estamos experimentando...

¿Tenemos derecho a enojarnos, a caer en la ira? Sí, por supuesto. Y es por eso que, como he dicho al principio, no sirve de nada autoconvencernos de que no tenemos ningún derecho a enojarnos. ¡Intentar ahogar lo que sentimos no nos servirá! Muy al contrario, hay que profundizar, afrontar, analizar la situación: hay que tratar por todos los medios de entrar en el terreno de la calma, de la neutralidad interna, para saber responder apropiadamente (entonces sí) a cualquier situación.

... Soy consciente (muy consciente) de que es mucho más fácil decirlo que hacerlo...

Mes de julio de 2014: estamos entrando en la recta final de un baile de planetas que nos ha traído de cabeza durante bastantes (¡bastaaaaantes!) meses... El Sol, en esta ocasión, retará explícitamente a dos titanes: Plutón (el Ave Fénix de la mitología) y Urano (también conocido como "el Loco" XDXD).

Conflicto y tensión son las palabras que van a definir estos días. De alguna manera, un nuevo orden personal y colectivo se está fraguando. La necesidad de cambio, las luchas de poder que se manifestarán, el nerviosismo de Urano intentando cambiar los esquemas, romper con lo que nos limita.., todo, todo el escenario está servido para que produzca una fuerte conclusión de las experiencias que nos han producido unas tensiones insoportables en pasadas ocasiones. La famosa cuadratura
Urano-Plutón (que nos ha traído a mal traer en los últimos meses) estará vigente hasta 2015, y también en julio nos traerá mucha energía y grandes oportunidades de cambio… Verdaderamente, podemos aprender a gestionar la ira igual que aprendemos a gestionar cualquier emoción: primero tienes que reconocerla, luego aceptarla, y por último, descargarla de la manera que sea más fácil para ti.