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martes, 17 de diciembre de 2013

¿Qué pasa con mi hígado, doctor?















Hace un tiempo largo ya que deseaba escribir algo sobre este tema... ¡Mucho tiempo! Se me pasó por la cabeza que, quizá, había esperado demasiado.., pero luego recordé que, simplemente, todo sucede cuando tiene que suceder. ¡Así es, y así ha de ser!
 
El hígado es un órgano importante, y muchas veces poco comprendido y estimado, de nuestro cuerpo. He hecho una especie de "pequeña encuesta" por ahí, y la verdad es que me he sorprendido: la gente de a pie no es capaz de darte una respuesta coherente aproximada de para qué funciona exactamente el hígado. Es cierto que cumple múltiples funciones en nuestro organismo (participa en la digestión, actúa como desintoxicante, almacena energía y es importantísimo en la composición de la sangre), pero ello no es óbice para que tengamos tantos problemas para identificar qué es lo que lleva a cabo por nosotros.
 
Astrológicamente asociado al planeta Júpiter, el hígado es afectado, en todo momento, por la "falta de dosificación". Esto quiere decir que el exceso lo supera: el exceso de comida, el exceso de bebida, de drogas, o simplemente del deseo de conseguir cosas a toda costa. Si nos pasamos de la raya es que tenemos problemas para valorar en su justa medida (los enfermos de hígado deberían preguntarse en qué órdenes de la vida han perdido la capacidad para valorar con precisión).., pero si llegamos al extremo, es posible que el asunto tenga que ver con un superego muy desarrollado, que ahonda cada vez más en el concepto de "separación" con respecto a la Fuente de Todo Cuanto Existe. Alimentar tu ego enferma, porque te separa de lo que realmente eres. Un superego tan sólo puede existir en la más profunda, inmensa y desamparada de las soledades.
 
Pero no es todo: un hígado enfermo puede denotar que el sujeto no es capaz de distinguir lo que es bueno de lo que es nocivo o tóxico para él. ¡Puede que se deje invadir por sentimientos o requerimientos de personas que lo dañan, más que lo sanan! Más aún: holísticamente, el hígado es el recipiente de la rabia, de la cólera, del enfado, la tristeza y la amargura reprimidas durante demasiado tiempo... Ahí también podemos obtener una serie de claves importantes, porque cuando reprimimos demasiado nuestros sentimientos negativos, podemos enfermar y no darnos cuenta de que el cuerpo físico "somatiza" todas las manifestaciones extremas de nuestro más profundo dolor.
 
De hecho, la melancolía y el dolor profundos dañan el hígado terriblemente, en ocasiones de forma casi irreversible. Cuando nos sentimos humillados, desplazados o impotentes, el hígado está siendo sometido a un género elevado de estrés que puede desembocar en una enfermedad hepática. Es imprescindible entonces efectuar un cambio a nivel emocional, y también de estilo de vida. También es fundamental que la persona afectada aprenda a exteriorizar todas esas emociones, en vez de "tragárselas", porque cuando la energía del hígado está en equilibrio se tiende a ser prudente, creativo, sereno, de carácter constructivo y conciliador, y nos llevamos bien con los demás.
 
Es posible que, según las reglas de la memoria celular, una persona que haya recibido en alguna teórica vida pasada alguna herida, corte, magulladura o daño severo a la altura del tercer chakra en el abdomen, también desarrolle con el tiempo en el presente una enfermedad relacionada con el hígado.
 
Según la medicina china, los meridianos del hígado y de la vesícula biliar están asociados a la toma de decisiones... La incapacidad para tomar decisiones, o el deseo excesivo de control sobre una situación que realmente nos supera, producen tales sensaciones de enojo y frustración, que la enfermedad del hígado es el siguiente paso si no se cumplen nuestras más íntimas expectativas, ni aprendemos a superarlo. Por otra parte, cuando seguimos una dieta alta en grasa animal, damos trabajo excesivo a nuestro hígado y vesícula biliar. Eso aumenta nuestro estrés y nos hace más susceptibles a enojarnos. También nos volvemos impacientes y perdemos la perspectiva del valor de lo que queremos, dañando a otras personas y perdiendo el sentido de prioridad. El hígado empieza a hacer mal su trabajo y a desarrollar enfermedades.
 
Hay que reconocer un hecho concluyente, y muy importante: existe una poderosa relación entre el estrés, las lágrimas y el hígado. Son las lágrimas la única forma que tiene el cuerpo de deshacerse de las hormonas del estrés de forma completa. Si las lágrimas se contienen después de una dosis de adrenalina, es el hígado el que tiene que lidiar con estas hormonas. La frustración, de esta forma, se acumula peligrosamente, y no hay manera de gestionarla adecuadamente.., excepto en ocasiones, autogenerándose una enfermedad biliar.
 
Respetándote a ti mismo, a ti misma, puedes hacer que tu hígado funcione en óptimas condiciones... Si tienes que soltar tu rabia, tu enfado, tu cólera, tu frustración y tu enojo.., o bien tus sentimientos ocultos de dolor, tristeza y desengaño, hazlo (de una forma controlada, eso sí, pero hazlo). No permitas que la carga emocional te supere, y haz un esfuerzo por abrirte, por compartir, aunque eso sea difícil o aunque incluso parezca imposible. Dejar de lado el "confort" del estado de víctima, asumir la responsabilidad de amarnos profundamente a nosotros mismos, y tomar las riendas de nuestras propias emociones (sean éstas cuales sean) nos colocará en una posición de fuerza y de bienestar con respecto al mundo real.
 
Cuida tu hígado.., ¡tu cuerpo, tu mente, y tu espíritu te lo agradecerán!
 
¡¡¡Besotes!!!
 

2 comentarios:

La Alquimista dijo...

Sabes... tengo una razon por la cusl no havias publicado esto antes... justamente hoy estaba pensando en que queria saber mas sobre el higado... y al ver que ese era el tema me he quedado anonadada...
Muchas gracias por compartir la informacion!

fatima martin alonso dijo...

De nada Alquimista, me alegro que te guste y sobre todo, te sirva! Y por cierto.., ¡bonito Nick! ;-D