Coaching transpersonal


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jueves, 22 de marzo de 2012

La doble cara de la envidia

























Es curioso cómo tendemos siempre a proyectar sobre los demás la parte más oscura que se esconde en el interior de nosotros mismos... Aprendí esa dura, dura lección en el último curso de Registros Akáshicos que superé hace poco. Me costó muchísimo asumirlo, la verdad, pero lo hice. ¡Y a conciencia!

Y no sólo eso: también asumí que lo que uno proyecta puede ser, también, la necesidad de pulir y dejar atrás una serie de defectos de carácter que nos plantean problemas de diversa índole, aunque no seamos completamente conscientes de ello. La forma de conseguirlo es plantearnos en la "vida real" toda una serie de conflictos más o menos inconscientes, que toman la forma de diferentes luchas de poder, intrigas, cabreos, movidas, enfrentamientos y disputas varias con el de enfrente.

Antes se llamaban pecados capitales; yo prefiero considerarlos vicios morales. Para los psicólogos y terapeutas holísticos, se trata de sentimientos destructivos que, al final, acaban haciendo daño a la persona que los emite. Algunos, inconfesables, no los reconoceríamos ni sometiéndonos a tortura: está demostrado que nos consideramos mucho, mucho más virtuosos de lo que somos en realidad. Y eso se debe a una cuestión de mera supervivencia: nuestra propia autoestima depende de la imagen que nos representamos acerca de nosotros mismos.., pero si se nos caen "los palos del sombrajo", y nos vemos obligados a aceptar el tipo de "monstruíto" que seguramente reside en nuestro interior, entonces, ¿qué, eh? No nos salva ni El Guerra... Esto se ve claramente en el hecho de que, por lo general, los vicios, pecados o como queramos denominarlos, llamados "carnales" (como la lujuria, la gula o la pereza), son tratados por la sociedad de forma mucho más condescendiente que los llamados "espirituales": sobre todo, la ira y la envidia.

Tengo que aclarar que, en cuanto a estos dos pecados, la Naturaleza me ha dotado extraordinariamente para el primero (que debo controlar si no quiero que, literalmente, me mate) y más bien poco o nulamente para el segundo... Sin embargo, desde un punto de vista holístico, la envidia es, según me cuentan otros terapeutas con mucho recorrido ya, el más perverso e imperdonable. Es el que tiene mayor poder corrosivo, tanto para el que lo emite como para el objeto de su envidia. Además, este vicio está entrelazado con todos los demás de mil y tortuosas maneras. Y por si fuera poco, ni siquiera deja espacio al placer, ya que el único placer que encuentra la persona que envidia es la destrucción y el mal del envidiado mismo.

Me sorprendió muchísimo cuando hice el último curso de Shoden (reiki nivel 1 en el sistema japonés tradicional), y mi maestro, Joan Piquer, empezó a hablarnos de técnicas para "la autoprotección psíquica"... La verdad, nunca me ha dado por la autoprotección psíquica en toda mi vida, y me alucinó cuando él empezó a recalcarnos muchísimo sobre esta cuestión. De hecho, mi profe da un Curso de Autodefensa Psíquica aparte de sus cursos de reiki: tal es la importancia que él otorga a todo esto de neutralizar la mala onda, porque según nos contó, lo ha experimentado en carne propia, y de parte de algunos compañeros reikistas, ¡nada menos! ¡Joder con los espiritualoides, como dicen ya varios amigos míos, con muy buen criterio!

En realidad, los ataques psíquicos (conscientes o no) debidos a la envidia tienen mucho que ver con la valoración ruinosa que a sí mismo se autootorga el envidioso... ¿Qué es la envidia? Pues una especie de tristeza, incomodidad o malestar del envidioso, al pensar que no posee el bien, físico o no físico, que supuestamente sí que tiene el envidiado. Si la cosa avanza, se llega a un punto en el que se desea, incluso, que el envidiado "no posea el bien". Entonces, estaríamos hablando ya de envidia malsana, en contraposición con la "envidia sana", que es cuando tenemos más bien admiración por el envidiado. Todo este círculo de envidias, deseos insatisfechos y bajas pasiones tiene mucho que ver con la manía del ser humano por compararse con el prójimo para evaluar su propio bienestar.

Para que a uno le envidien, pues, no es necesario que exista una superioridad real con respecto al envidiado: sólo hace falta que el envidioso sí lo crea superior. Así pues, la raíz del problema radica en la autoestima del envidioso, muy doblegada, pero este particular el envidioso no está dispuesto a reconocerlo, ni siquiera a sí mismo. Por eso también la envidia se oculta y se niega tenazmente. La envidia es una de las pasiones más cobardes y vergonzosas, que el envidioso se niega, por lo general, a admitir. Sin embargo, asumirla representaría el primer paso en la curación espiritual del envidioso, que podría abandonar, así, sus accesos de cólera, su descontento pasivo, su agobiante afán de competitividad constante y su tendencia a la calumnia, de una forma rápida, sana, serena y muy efectiva para su alma.

Hay que saber, por cierto, que el perfil del envidiado también obedece a una serie de constantes... En general, suele ser de una edad similar al envidioso; desea lo mismo que el envidioso, es decir, suele tener los mismos o parecidos objetivos; y tiene algo que el envidioso ve factible poseer o alcanzar.

Como no me he hecho el curso de defensa psíquica con Joan, ni me dedico a los rituales contra la envidia y otros procesos raros relacionados con las tormentas espirituales que sacuden nuestra existencia, no puedo ofreceros hoy recetas mágicas para que extirpéis este auténtico cáncer moral de vuestras vidas... Ahora, lo que sí puedo recomendaros es que miréis con lupa, con mucho ojito, a vuestro alrededor, porque el insano dios de doble faz puede ocultarse donde menos lo esperéis, y saltar cuando tengáis la guardia más baja. Para empezar, debéis poner límites claros y precisos a vuestro "abusador interno" (sí, sí, ése que permite que os mancilléis continuamente, ya sea a manos de otras personas, como de vosotros mismos). Mientras yo no deje de manipular, no podré parar en seco al "amigo" que me envuelve con su manipulación. Como se explica claramente en este interesante artículo sobre las "amistades peligrosas", que posteo aquí: "mientras no confronte cada una de mis máscaras y cada una de las voces de mi ego, no podré más que someterme a la dinámica reflejo de amigos que me recuerdan mi carencia y no mi ser. Cada uno de mis amigos buenos o malos son una oportunidad para confrontar, para dejar de ser confluente, para exigirme y también para ayudarme a desarrollar valores que nos permitan alcanzar una ética de la amistad gracias a la cual crezcamos los dos, en vez de seguir huyendo".

En fin... Sólo puedo desear: "así sea". Y eso sí, os posteo este pequeño "ritual" de primavera (esta vez sí) que encontré en este enlace, para todos aquellos que gustéis de conjuros y otras magias (ya sabéis que no es mi caso, salvo en circustancias muy, muy especiales). ¡Espero que os guste y que, simbólicamente, os ayude a llevar luz a vuestras relaciones con todos nuestros semejantes!

Material necesario para el ritual de primavera
  • - Una lata
  • - Papel ya usado cortado en 40 tiras
  • - Lápiz, bolígrafo o rotulador para escribir
  • - Cerilla o mechero
  • - Una judía, frijol o habichuela (también sirve una lenteja o un garbanzo)
  • - Tres puñados de tierra fértil
  • - Un cuarto de vaso de agua
 Realización:
  • Toma un periódico en desuso o un papel que ya no vayas a usar y corta cuarenta pequeñas tiras de papel.
  • Piensa en diez personas y escribe el nombre de cada una en una tira.
  • Ahora toma las otras 30 tiras y escribe en ellas lo malo que sueles decir de esas personas.
  • Toma la lata y llénala con dos puñados de tierra fértil.
  • Toma una judía –fríjol, habichuela, etc- y envuélvela en las diez tiras con los nombres de las personas.
  • Moja la judía envuelta en las tiras con los nombres de personas en agua y deposítala encima de la tierra fértil de la lata.
  • Quema las treinta tiras con las maledicencias y echa sus cenizas encima de la judía en la lata.
  • Echa otro puñado de tierra y riégala un poco.
  • Ponla en un lugar visible de tu vida cotidiana y espera que germine.
Esa germinación expresa la vida que sale de aquellas partes de nuestra vida que acallamos, que corregimos, que abandonamos, que vencemos por amor. Continuamente en nuestra vida hay aspectos de nuestro hacer que hay que abandonar para dejar paso al amor.

CONVERSIÓN POR AMOR.


2 comentarios:

fedra dijo...

Super interesante el artículo, la envidia es una de las conductas más interesantes para ayudarnos a aumentar nuestra auto estima. No x el envidioso ni por nuestra superioridad, sino porque de llegarnos, pone de manifiesto nuestra propia debilidad, no la del otro. Muy interesante.

Andrómeda72 dijo...

Mira: otra nueva forma de interpretarlo! Sabes qué me pasa a mi? Que la envidia me deja siempre en una situación de perplejidad casi absoluta! Además, lo curioso es q detecto q las personas envidiosas se creen q no se les nota.., y es q se les ve a kms! Como dice mi amiga Yoli, muchas veces creemos q estamos ocultando nuestros verdaderos sentimientos, cuando están bien, pero que bieeeen, a la vista de todos. Tiene hasta gracia!