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lunes, 26 de septiembre de 2011

Los frutos de la nueva estación

Desconectados de la Tierra no somos nadie, no somos nada... En estos días inciertos, donde todo navega en medio de una confusión sin límites, mientras las primeras hojas caen de los árboles, encuentro que la gente se haya demasiado imbuída por una extraña tristeza.

Propongo, para ponernos un poco a tono, el llevar a cabo algún tipo de ritual relacionado con la paz, la tranquilidad del espíritu, el reconocimiento de los dones otorgados por la Madre Tierra, en forma de frutos de otoño, que probablemente hayamos estado sembrando, simbólicamente, durante todo el año.

Para llevar a cabo este ritual, con el fin de reconocernos como auténticos hijos del planeta, dignos de recibir toda la abundancia que la Tierra destila, podemos hacernos con:

- 4 velas blancas
- Una copa
- Una amatista
- Una espada, puñal corto, o abrecartas
- Incienso, preferiblemente de mirra

Hay que poner las velas formando un círculo, y en el centro de éste, la copa, la amatista, la espada y la varita de incienso... Se enciende ésta última (con una cerilla), así como las 4 velas. Se llena la copa de agua (mejor cogerla en el monte, o en la naturaleza, en algún sitio del que sepamos que es pura y limpia), y se hace una reverencia a la gema de amatista.

A continuación, refiriéndose a cada uno de los cuatro elementos que representan la copa, la gema, la espada y el incienso, se recita:

"Adiós, Sol, luz siempre renaciente,
Dios oculto que siempre permaneces,
y que ahora viajas hacia las tierras de la Eterna Juventud,
a través de las puertas de la muerte,
para morar en tu trono,
juez de los hombres...

Caudillo de las huestes del aire,
invisible alrededor del Círculo.

Así vive en mi la Semilla secreta,
la semilla del grano recién madurado:
la semilla de la carne,
oculta en la Tierra, maravillosa semilla de las estrellas.

En el grano está la vida, que es la luz del hombre.
La que nunca nació y la que nunca muere.
Por lo tanto, que no lloren los sabios:
lo que nunca se ha ido regresará".

Se deja que las velas se consuman (muy importante: para esto hay que hacerlo de forma controlada), haciendo una petición de aquellos bienes y dones que quieras obtener en este otoño, y se recogen cuidadosamente los restos del incienso, la amatista, la copa y la espada hasta que termine el año, escondiéndolos en un papel rojizo... Si observas cuidadosamente a lo largo de estos tres últimos meses, verás cómo va llegando a tu vida la cosecha que de esta forma has ido sembrando.

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