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sábado, 10 de septiembre de 2011

La avispa y el peón del rey de negras.




















Al lado de la cama hay un ajedrez de piedra, y esta mañana, al ir a poner la colcha, la extendí en el aire con tanto ímpetu que casi me lo llevé por delante. Dos fichas se fueron al suelo: el peón del rey de negras y el alfil, también negro. Me quedé mirándolas extasiada, recibiendo su mensaje. Cada vez que me pasa alguna "tontería" de éstas, aparentemente insignificante para casi todo el mundo, pero me da por quedarme así, como suspendida en el tiempo, normalmente quiere decir que algún mensaje importante estoy recibiendo desde "el Otro Lado". ¡Y bien clarito y alto que lo recibí y comprendí esta vez, por cierto!

No me hizo ni puñetera gracia que el alfil y el peón se fueran al suelo, pero no fue propósito. Sin embargo, he reflexionado mucho últimamente sobre el tipo de karma que podría producir el hacer cosas a propósito, o el no hacerlas. No estoy tan segura de que ser más o menos "inocentes" pueda eximirnos de toda la responsabilidad, ni siquiera de la mitad de la responsabilidad. Y esto se debe al estado de conciencia que he adquirido: no quiero con esto decir que yo sea un espíritu supra-elevado de los círculos celestiales, no, ni de coña. Lo que quiero decir es que la cabeza se me ha puesto de tal modo, que no puedo olvidar algunas cosas que he visto y he vivido por más que quiera, y que por tanto, debo obrar en consecuencia. ¡A eso me refiero con la frase lapidaria del estado de conciencia!

Cuando uno se acostumbra a ver y sobre todo, a "sentir" la realidad en multidimensión, esto es lo que pasa. Que el viento, una nube, una mariposa que pasa, o la caída del peón del rey de negras puede darte mucha, mucha información. Este fenómeno, que muchos denominan "sincronías", responde al hecho de que el Universo, realmente, es Uno, y a que está constituido por la misma sustancia. Cuando uno se acostumbra a vivir en multidimensión, al menos un porcentaje determinado de su tiempo, recibe señales y mensajes a menudo. Y es capaz de averigüar cosas increíbles sobre sucesos que estén sucediendo a miles de kilómetros de distancia. ¡Y no es magia!

Ayer maté a una avispa, y me arrepiento. Usted dirá que la cosa no tiene importancia, pero yo creo que, sin exagerar, sin ponerme dramática ni obsesiva, sí la tiene. Alguna importancia debe de tener, cuando ciertos monjes budistas tibetanos caminan barriendo el suelo ante ellos, para no aplastar ni a una hormiga. En agosto salvé a un bicho de ésos de morir ahogado en la piscina. Simplemente, yo nadaba por ahí, vi a la avispa ahogándose, y la saqué del agua con cuidado porque era absurdo que yo estuviera ahí, viendo como moría, sin hacer nada. Luego me tiré la media hora que pasó secándose en la orilla maravillándome de la genial aeroarquitectura de su cuerpo, de la maravilla de su diseño inmitable. Pero ayer me cargué una de ellas con saña. Estaba amenazando a alguien que me importa, me levanté, salió de mi aquel viejo instinto asesino profundo, la derribé en el suelo, y como la jodía no se moría, la aplasté varias veces con el pie, y como no espichaba, le puse una piedra encima. Sin más, pero me quedé muy tocada. "Es la primera vez en la vida que te veo matar algo", me dijeron, y es cierto: porque hace años, pero aaaaaños, que yo no levanto mi mano para matar a ninguna cosa que tenga vida. Si puedo evitarlo, lo evito, y sí, sé que eso entra en contradicción a lo mejor con el hecho de que no soy vegetariana, pero es que matar para comer adquiere para mí otra dimensión distinta, no sé.

¿Esto es porque soy o quiero ser la santidad en persona, o porque me gusta darme importancia? Ni una cosa ni la otra. Es porque sé muy bien las consecuencias de arrebatar la vida a otro ser. Es porque tengo conciencia de la violencia y de las deudas de sangre. Es porque toda vida debe ser reverenciada y respetada en primera instancia, porque si yo no tengo el don de crear una avispa, tampoco tengo por qué tener la potestad de destruirla.

Si el vuelo de una mariposa puede generar un huracán al otro lado del mundo, la muerte o la vida de un insecto volador, a saber... Y como desconozco esa Ley en toda su justicia y gravedad, en todo su significado, prefiero tratar de no inflingirla. Sobre todo porque después vinieron más avispas, y me di cuenta de que habían existido siempre otras alternativas. Por ejemplo, poner una lata abierta con caldo de mejillones para espantarlas, porque detestan el escabeche (me enteré ayer, por el método de probarlo, claro. Mi intención es que las demás se hartaran de comer caldo y nos dejaran en paz, pero más bien salieron despavoridas).

Nadie tiene derecho a derribar al alfil, ni al peón del rey de negras, aunque sea negro y haya gente a la que no le guste el negro ni una miajita siquiera... Nadie tiene derecho a eliminar con saña a un insecto, ni siquiera aunque vaya a picar a alguien que te importa (cosa que no era tampoco segura, por cierto). Como alguien muy sabio me explicó una vez, todo es relativo, misterioso e inusitado, como en el cuento del ratoncito y la mierda:

"Un ratoncito que iba tiritando por el campo en pleno invierno, de repente se encontró con una vaca justo en el peor momento, y ésta le cagó encima. El pobre ratón hizo un esfuerzo terrible por sacar la cabeza de la mierda, y al fin pudo respirar.

Luego de un rato, se dio cuenta de que era más bien agradable y placentero estar ahí dentro, ya que el excremento estaba caliente, y afuera estaba helando y hacia mucho, mucho frío. Pero de repente, un ave de rapiña que por allí volaba lo vio en condiciones adversas, se dirigió en picado hacia él, lo mató y se lo comió, haciendo del indefenso ratoncillo un festín
".

¿Moraleja? No todo el que te cubre de mierda es tu enemigo; no te quejes cuando estés rodeado de mierda, porque siempre puedes estar peor; y finalmente, no todo el que te saca cuando estás de mierda hasta el cuello, te está haciendo un favor. En consecuencia, no puedo tomarme la justicia por mi mano ni siquiera para matar a una condenada avispa; en consecuencia, tengo que tener más cuidado cada vez que, impulsivamente, tire la colcha por los aires para hacer la cama.

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen", que dijo aquél, según cuentan...

¡Buen fin de semana, amigos!

1 comentario:

Anónimo dijo...

creo que en ajedrez............ se llama la salida del pastor.......
peon de rey,,,,,,,,,,,, para dar salida a alfil..........
son jugadas de posicion..........
pues negras mueven despues de blancas....
es siempre la mejor opcion para iniciar un juego de apertura de movimientos.......pues reina alfil y peos estan pretejidos y dominan tablero con un simple movimiento de peon........
besitusssssss