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jueves, 22 de julio de 2010

La carga de los tres reyes

Dicen los sabios que aquellos que desconocen la Historia están condenados a repetirla :-)
Y eso sí que es un asunto kármico: doy fe.

En los últimos años unos cuántos, interesados obviamente en abonar nuestro desconocimiento, nos han arrebatado piezas singulares de nuestra propia historia como raza, como país. Ellos sabrán lo que pretenden.., y a vuestra inteligencia dejo la reflexión, si gustáis.

Cuando hice el Camino de Santiago, hace apenas dos semanas, escuché con la boca pequeña y casi con miedo, referirse a alguno o alguna a nuestro Santo Patrón (porque lo es, y de España: enterénse, algunos peregrinos de otras "naciones" a los que escuché decir verdaderas absurdeces en el transcurso de la ruta) como "Santiago Matamoros".

Yo soy gente de paz. Cualquiera que me conozca, lo sabe. Pero también he sido un guerrero... Pequeño, sí: pero guerrero al fin y al cabo.

Y también fui soldado: y sé lo que es eso.

Repito: el que no conoce la Historia, está condenado a repetirla. ¡No permitáis que os roben vuestra memoria!

Reproduzco este texto de Pérez Reverte, que me han pasado y que procede de su algo más que recomendable blog "Patente de Corso": un espacio en el que el escritor y periodista proclama valientemente grandes verdades, en contra de la moda al uso, e insinúa otras cosas que a algunos (a muchos, y por intereses más bien poco nobles: poderoso caballero, Don Dinero) les gustaría silenciar. Y a mi no me place que se silencie a la gente. Me da mal rollo: eso sí que me recuerda a la Inquisición y otras lides. Inquisición que, por cierto, aquí en España, fue una de las más benévolas de todo el continente europeo, y parte del americano.

¿Me oís, benditos historiadores anglosajones? Por si las moscas. Lo que es justo es justo, y lo que no lo es, llamésmole de otra forma.., pero por favor, no le llamemos "buen rollito" ni "alianza de civilizaciones": que eso es otra cosa :-)
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"Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212, en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga, y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura
".
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Gracias por ser tan "esforzado" y arriesgar tu vida en nuestro nombre, Alfonso VIII (Alfonso de Castilla, "nación" a la que pertenezco); gracias, Pedro de Aragón (con tus milicianos de la "nación" catalano-aragonesa); y gracias Sancho VII de Navarra (con tus "nacionales" navarricos a cuestas, y aunque te costara algo más que un pelín ayudar al resto de la comunidad cristiana peninsular). Gracias a todos los que combatieron, sufrieron y murieron en aquella batalla específica. Demasiado a menudo olvidamos el precio que se ha tenido que pagar para gozar de la libertad y el bienestar del que ahora disponemos en Europa. Y si no, que se lo pregunten a cualquier "nacional" de alguno los países del mal llamado "Tercer Mundo"; que os cuenten.., que os cuenten lo bien que sienta no poderte mover arriba y abajo por tu propio país, a lo ancho o a lo largo, como te le plazca, sin correr el riesgo de que te violen, te maten o te dejen sin entrañas, a ti o a alguien de tu familia. ¡Que sé de lo que me hablo! ¡Y todavía nos preguntamos por qué se vienen aquí! ¡Menuda panda de hipócritas (además de ignorantes) somos!

Gracias por defender nuestro modo de vida, nuestra fe (el que la tenga ahora, y el que la tuviera en aquel entonces); nuestro territorio; nuestras costumbres; y en definitiva, nuestra integridad y libertad, porque de eso realmente se trataba. Malos tiempos aquellos, en verdad.., ¡y nos quejamos ahora de la crisis!

Y gracias, igualmente, a esos voluntarios franceses (a pesar de su chovinismo aparente, los franceses son un pueblo muy cooperante, bajo mi punto de vista particular), así como a los monjes-soldado de los recios monasterios españoles de entonces: templarios, calatravos, santiaguistas y demás.

"Milicias como las de Madrid fueron casi aniquiladas", afirma Pérez Reverte... No me extraña: los madrileños siempre hemos sido un pueblo feroz, poco tolerante con los invasores y los intrusos, amigo de los que vienen en son de paz, enemigo acérrimo de los que quieren imponernos sus leyes a golpe de sangre. ¿Escucháis, amigos de confundir las churras con las merinas? Leeros un poquito la historia, que los madrileños siempre fuimos de los primeros en lanzarnos a las trincheras, con la faca entre los dientes, para defender al resto de las "naciones". ¡Por si los acasos!

... Que no me gustan a mi los velos ni los burkas.., hace mucho calor en esta bendita Península para tales zarandajas.

Me gustan tan poco como otras ideologías más cercanas, pero igual de mentirosas y fanáticas. ¡Ya sabéis de lo que os hablo!

Dicen que ahora no hay guerra.., dicen, dicen. Dicen que ahora hay que ser tolerantes, y yo lo firmo y lo defiendo con toda mi convicción.

Pero, ¿seguirán diciendo lo mismo, según varíen, o no, las circustancias, los que alientan la ignorancia para perpetuar su dominio?

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