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miércoles, 3 de marzo de 2010

Cabalgar con el viento, flotar con las nubes...

"Para conocer la flor de ciruelo,
tanto el propio corazón
como la propia nariz"

"Ume o shiri
kokoro mo onore
hana mo onore"

Haiku tradicional japonés
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Zen es el nombre en japonés de una traducción del budismo Mahayana, cuya práctica se inició en China con el nombre de Chan. Es una de las escuelas budistas más conocidas y apreciadas en Occidente; las principales ramas del Zen estrictamente japonés son Rinzai, Soto y Obaku.

Hay una gran cantidad de cuentos zen que tratan de transmitirnos lo esencial de su interesante filosofía de vida... Hoy he decidido publicar éste: una narración tradicional que figura publicada en el libro "Culto Zen: el poder de la simplicidad", de Adriana Bielba e Igor Zabaleta, publicado por la editorial EDIMAT Libros, y que desde aquí os recomiendo.
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"Lie Tse consideraba un auténtico maestro al inmortal anciano Shang, y un auténtico amigo al sabio Pai-kao-tse.

Tras acabar su formación con ellos, regresó a su hogar montado en el viento y flotando sobre las nubes.

Un hombre llamado Yin-sheng se enteró de la hazaña de Lie Tse y y quiso aprender su extraordinaria habilidad para cabalgar sobre el viento. Así pues, acudió a Lie Tse y y le pidió que le dejase ser discípulo suyo. Tan determinado estaba Yin-sheng a aprender a volar que se quedó en casa de Lie Tse asediando al maestro con sus continuas preguntas.

Esta situación se alargó durante varios meses, a pesar de que Lie Tse se limitaba a ignorarlo.

Yin-sheng empezó a impacientarse cada vez más, hasta que un día se marchó, completamente enfadado. Pero cuando llegó a su casa y se calmó, se dio cuenta de lo estúpido e impulsivo que había sido, así que acudió a Lie Tse y le pidió que le permitiese de nuevo ser discípulo suyo. Lie Tse se limitó a preguntarle:

"- ¿Por qué viniste, te fuiste y a continuación regresaste?"

Yin-sheng le respondió:
"- Cuando vine por primera vez a que me enseñases, me ignoraste. Así que me aburrí y me fui. A continuación, me di cuenta de que había sido demasiado impaciente y temerario, y por ello volví y te pedí que me aceptases de nuevo como discípulo".

Lie Tse le contestó:
"Pensé que eras inteligente, pero ahora veo que eres muy tonto. Escucha por todo lo que tuve que pasar yo cuando aprendía de mis maestros".

"Cuando pedí al anciano Shang que fuera mi maestro y a Pai-kao-tse que fuera mi amigo, decidí esforzarme para disciplinar al máximo mi cuerpo y mi mente.

Después de tres años, aún temía dejarme llevar por conceptos sobre lo correcto y lo equivocado, y no me atrevía a pronunciar palabras que pudieran ofender o agradar. Fue sólo entonces cuando mi maestro me hizo un mínimo caso por primera vez.

Cinco años después, yo pensaba que libremente sobre lo correcto y lo equivocado, y hablaba con libertad sobre la aprobación y la desaprobación. Mi maestro me sonrió.

Siete años después, mis pensamientos me llegaban de forma natural sin ningún concepto sobre lo correcto o lo incorrecto, y las palabras acudían de forma natural sin ninguna intención de agradar u ofender. Por primera vez, mi maestro me invitó a sentarme a su lado.

Nueve años después, en cualquier cosa que venía a mi mente o salía de mi boca no había nada correcto o equivocado, que agradase u ofendiese. Ni siquiera mantenía la idea de que el anciano Shang era mi maestro, y Pai-kao-tse era mi amigo.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no existía ninguna barrera entre lo que había dentro y lo que había fuera. Mi cuerpo se iluminó con una brillante luz. Oía con mis ojos y veía con mis oídos. Utilizaba mi nariz como boca y mi boca como nariz. Viví el mundo con la totalidad de mis sentidos cuando mi espíritu se unió y mi forma se disolvió. No había ninguna distinción entre músculos y huesos. Mi cuerpo dejó de ser pesado y me sentí como una hoja flotante. Sin saberlo, estaba siendo transportado por el viento. A la deriva, de un lado para otro, no sabía si yo cabalgaba el viento o el viento cabalgaba sobre mí".

Una vez concluido su relato, el Maestro miró a Yin-sheng y dijo:
"Tú has estado aquí menos de una hora y ya estabas insatisfecho de no haber sido enseñado. Observa tu condición. Las partes de tu cuerpo no cooperan; los vapores del cielo y de la tierra no entran en tu cuerpo; tus articulaciones y huesos son tan pesados que ni siquiera puedes moverte. ¿Y tú quieres aprender cómo cabalgar sobre el viento?".

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