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viernes, 31 de julio de 2009

Saga de Astrea 35-fanfic Caballeros del Zodíaco

Cada vez que me marcho, dejo un poco de mí atrás, en cada instante... Un pedacito de mi alma que se queda anclado al recuerdo, como los destellos brillantes que las luciérnagas dejan caer cada noche, cual pequeñas estrellas, al cruzar volando las noches veraniegas españolas...

... Esa melancolía me ha acompañado siempre, a lo largo del camino.., y no sé bien, todavía hoy, a qué se debe.

Yo creo que debe ser algo así como un símbolo de todas las pérdidas.
El día 10 vuelvo a estar con vosotros. Me marcho a Galicia, a la Costa Da Morte.

La morriña me embarga ya.., y eso que no soy gallega. La puñetera me embarga siempre a mi pesar.
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- Géminis…- musitó Shura, el Caballero de Oro de Capricornio, pronunciando lentamente las palabras.

Todo parecía tan en silencio.., tan en paz. Hasta allí no llegaban las acometidas de los dos rivales que continuaban combatiendo en la Primera Casa, en aquella pelea que habían dado en llamar “de los Mil Días”... Allí no se movía ni el aire. Como si hubieran traspasado una arcana dimensión que abriese las puertas a otros mundos.

Enfrente de los tres Espectros, antiguos Caballeros de Athenea, una figura firme, de pie. Silenciosa. No se veían sus ojos. Su porte transmitía la gravedad de las esfinges.

- Resulta difícil de creer que siga vivo- masculló Saga de Géminis.
- ¿Lo conoces? Parece que le ha gustado tu antigua armadura- inquirió con fría curiosidad Camus de Acuario, sin apartar la vista de aquella figura vestida, efectivamente, con la armadura dorada del signo de los Gemelos.
- Es el que una vez trató de inducirme al mal- fue la respuesta de Saga.

La figura silenciosa emitía un aura imponente. No se movía: más bien parecía un guerrero antiguo, una estatua clásica.

- Déjadmelo a mí. Vosotros adelantaros- concluyó Saga.
- Muy bien- respondió Shura- La Casa de Géminis era la tuya… Así que no creo que quedarte aquí te perjudique mucho.
- ¡Daros prisa!

Camus y Shura salieron corriendo… Pasaron por ambos lados del guerrero que aparentemente les cerraba el paso.., o lo que aquella aparición fuera. En todo caso, el supuesto oponente no se movió.

Saga avanzó hacia él, tras una pequeña vacilación.

- Hace 13 años.., cuando te encerré en la prisión de las rocas, en Cabo Sunion, donde el Egeo desboca su profunda voz, tu destino me era desconocido… Pensé que habías recibido el castigo divino, y que habías muerto hace tiempo.
- Saga…- respondió una voz que parecía venir de todas partes y de ninguna, y que parecía inquietantemente similar a la que acababa de hablar- Saga-repitió aquella voz-, el único que ha recibido ese castigo divino has sido tú.
- ¿Qué?
- Sucumbiste a la tentación de acabar con la Diosa y controlar, de esta manera, todo el Santuario… Fuiste castigado por los dioses, y por ello elegiste el suicidio. Ahora, sólo eres la marioneta de Hades, el dios de los Infiernos. Un mercenario a sueldo, un lebrel que sólo sabe guiar a los Espectros para que se ensucien las manos en la sangre de Athenea. Para mí, Saga, tú eres el mal encarnado.
- ¡Cállate! Fuiste tú quien sembró y abonó esa maldad dentro de mí. Tu odio era tal que deseabas la muerte de Athenea tanto como la mía- Saga apretó con fuerza los puños- ¿Con qué derecho vistes hoy esa armadura? ¿Por qué defiendes la Casa de Géminis? ¡Arráncate esa máscara, y respóndeme! ¿Con el permiso de quién estás aquí?
- Con el de la misma Diosa.
- No me hagas reír.., ¿crees que Athena te perdonaría, después de todo el daño que le causaste?
- Escúchame, Saga: en la prisión de piedra del cabo Sunion, al nivel del mar, mi vida no valía nada. Pronto la subida de la marea acabaría conmigo. ¡Pero ella salvó mi vida en infinidad de ocasiones! Cuando yo estaba ya sumido en la desesperación más oscura, ella siempre acudía a mí, desde la distancia.., poniendo mi fuerza al servicio de mi pobre existencia. ¡Y yo no pude flaquear, abandonarme y morir! A pesar de las terribles acometidas de Poseidón, yo sentía en todo momento el amor profundo de su energía cálida. Athena purificó toda la negrura que había en mi corazón. Por eso, de ahora en adelante, Athena y la Justicia serán las únicas razones por las que pelearé. No permitiré que el Mal atraviese esta Casa.
- ¡Jajaja! ¿Que no atraviese? Canon y Shura ya han pasado por aquí, ¿recuerdas?
- ¿Eso crees?
- ¿Eh?
- Deberías recordar que la Casa de Géminis se convierte en un laberinto por el poder de aquél que la defiende... La muerte debe haberte borrado la memoria, Saga. La Casa III es la entrada al Laberinto de Minos. Camus y Shura jamás podrán salir de aquí. Quedarán atrapados, eternamente errantes en su interior. Por siempre y para siempre.

Saga no se dejó impresionar por las palabras de su rival, a pesar de todo.

- Acepto que estés defendiendo a la desesperada la Tercera Casa.., pero jurar lealtad a la Diosa, después de todo lo que has hecho, me parece un sarcasmo.
- Tu alma ha sido invadida por el Mal… Nadie mejor que yo lo sabe.
- Acabaré con tu fingida lealtad, hermano- afirmó Saga, con voz tenebrosa- Cuando te derrote, el Laberinto cerrará sus puertas. Pero antes de eso, te arrebataré esa máscara y tu casco. ¡Quiero ver tu oscuro rostro después de 13 años!

Y el Espectro lanzó a la cabeza de su oponente una esfera de energía concentrada, que hubiera bastado para arrancársela de cuajo. De hecho, eso fue exactamente lo que ocurrió. El casco rodó por los suelos, dejando en su lugar un vacío incomprensible. Saga dudó apenas unos instantes.

- Si piensas que con esa ilusión vas a detenerme, ¡te equivocas completamente!

Volvió a emitir violentamente otro golpe de fuerza.., y la armadura entera estalló, pieza por pieza, desarmándose aparatosamente en cada uno de los pedazos que la componían.., como si dentro de ella no hubiera más que aire: el vacío.

Por primera vez desde que había hollado con sus plantas el Santuario, recién emergido del mundo de los Muertos, Saga se mostró estupefacto. Pero no le duró mucho la confusión.

- …¿Qué es esto?...- musitó para sí- Ah.., ¿estás tratando de imitarme, verdad? ¡Pero las arteras trampas de los Gemelos no lograrán confundirme! Recibe esto, ¡donde quiera que estés!

En ese instante, justo en ese preciso momento, Mu alcanzaba las puertas de la Casa Tercera…

Y entonces fue cuando Saga, afianzándose sobre sus piernas fuertes como las columnas de un templo, abrió los brazos todos lo que éstos daban de sí… Simultáneamente, en las palmas de sus manos abiertas aparecieron dos oscuras galaxias, como un criadero de novas recién nacidas, que pugnaban por estallar y lanzar hacia el exterior toda su energía, plenas de potencial y de poder. El cosmos de Saga ardió con la anti-luz oscura, mortal, de los agujeros negros… Subió alternativamente uno y otro brazo, los cúmulos de energía estelar siguieron su movimiento, y entonces, con un gesto brusco, juntó las manos, reunió ambos vórtices gemelos de energía y, creando un único meteoro mortal, lo proyectó hacia delante, prácticamente a la velocidad del sonido.

… Y ese ataque era el que el lemuriano había presenciado, directo como un cañonazo, limpio y terrible, justamente dirigido al corazón mismo del Santuario de Athenea…

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