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jueves, 30 de julio de 2009

Caminando por el Alto Atlas- IV-I/Réquiem por un paraíso perdido (otro más)

De nuevo con todos vosotros/as, después de la experiencia televisiva que tuve ayer (hacía muchos, muchos años que no retomaba el tema de la tele; estuvimos en Tele5 Horacio Ruiz y yo, en el programa Rojo y Negro, para hablar sobre el tema de regresiones a vidas pasadas). Continúo con mi crónica del viaje a Marruecos, con la segunda entrega de nuestra estancia en el mágico Lago de Ifni.

Esta instantánea que veis está tomada desde lo alto del complejo de morrenas glaciares que ya habíamos recorrido en la aproximación al campamento del lago. Luego hay que bordear por la derecha, según se ve, por un abrupto "acantilado" pétreo de caprichosas formas (incluídos pequeños túneles), y que nos permite divisar una panorámica más cercana del bonito lago de Ifni. En la foto incluso, poniendo un poco de atención, se ve el caminito que asciende por la derecha (sabéis que podéis aumentar de tamaño la fotografía, simplemente pulsando sobre ella). Durante todo el viaje, me resultó increíble el darme cuenta de la agilidad de las mulas sobrepasando todos estos "accidentes" geográficos: se movían con más ligereza que todos nosotros juntos.

Si os pudiérais fijar con atención, justo en el borde de la orilla derecha según se mira, cerquita del agua, se ven unas minúsculas construcciones... Son unos cobertizos (¿recordáis la foto del capítulo anterior?) de madera, muy bien construidos a pesar de ser más bien rústicos, y que cuentan con las paredes de hormigón, de obra, para guarecerlos de la interperie... Refugio de pastores, de "caravanas" de trekking en los últimos tiempos, y de las propias gentes de los valles cuando van en peregrinación al lago, tuvimos la grandísima suerte de llegar los primeros y poder "alojarnos" en el más grande y mejor acondicionado de todos ellos. A estos "portales de Belén" les ponen los beréberes unas alfombras por el suelo, tres o cuatro lonas colgando por la parte que queda desguarnecida para resguardarlos del calor, y "voilá": el descanso reparador ya está servido, bien al fresco.

Verdaderamente, en esta jornada fue cuando más nos tocamos las narices de todo el trekking, hay que reconocerlo :-) Llegamos sobre las 14:00 (después de haber remoloneado todo lo que quisimos y aún más por el camino), y tras el té de rigor y quitarnos las botas polvorientas, tuvimos todo el tiempo libre del mundo para tomarnos el tradicional refresco de manzana (sí, sí: había una tiendecita, cómo no, con un señor muy "castizo" que Ibrahim juraba que era descendiente de un maño de Zaragoza; ¡lo que nos pudimos reír con aquello!).

Tuvimos todo el resto del día para pasear por la zona, para dar buena cuenta de una deliciosa ensalada, admirar a los curiosos y minúsculos carneros de la zona, que pastaban en semi-libertad, disfrutar con las exhibiciones de las cabras sobre los riscos (algunas consistentes en cabriolas verdaderamente imposibles), e incluso bañarnos en el lago (aunque teóricamente, está prohibido). Además, aquel día fue el primero que pudimos disfrutar de los famosos "pestiños beréberes": unos bollitos que hacía nuestro cocinero allí mismo, sobre la marcha, mezcla de churro y pestiño, ríquisimos, deliciosos, que se tomaban solos, con mermelada, miel o el equivalente marroquí de la famosa Nocilla. ¡Estaban estupendos, ñammmmmm, nunca nos cansábamos de comerlos y ponernos ciegos con ellos!

Al atardecer nos fuimos a bañar, como os digo... El agua estaba fría, llena de algas de agua dulce y de algunos bichitos curiosos, como culebrillas y demás, pero nada realmente peligroso. Únicamente había que tener la precaución de no tragarla, por aquello de las amebas que luego se alojan en el estómago o el intestino in secula seculorum. Yo me metí casi vestida al agua, con pantalones incluidos (también por lavarlos, de paso, porque estaban llenos de mierda XDDD).., pero sobre todo porque los beréberes están fatal (como Colmillitos XDDD), y pasaba de comentarios y miraditas descaradas. No le ocurría lo mismo a una inglesa de rubios y largos cabellos con la que nos encontramos posteriormente varias veces por el camino, y a la que apodamos "Sunsilk" (como el champú) porque (conocedora seguramente del atractivo que para el marroquí ejercen los cabellos rubios) no dejaba de exhibirlos continuamente... Ésta también se metió vestida al lago con una especie de ajustada camiseta y pantalón negros.., que cuando salió del agua se ajustaron más aún a sus formas, pareciendo un auténtico mono de látex. Excuso decir las exclamaciones de los muleros y guías que la increparon cuando saltaba corriendo entre las piedras, completamente mojada, prácticamente todos ellos al borde mismo del infarto XDDDD.

Realmente, aparte del espectáculo gratuito, el baño fue ideal.., nos quitó el calor acumulado a lo largo de todo el día y pudimos disfrutar más aún de un poco merecido pero gustoso descanso. Nadie nos dijo nada por meternos en el agua: los beréberes son así de discretos y de generosos con sus clientes ;-)

Al anochecer, muchas risas dentro del "portal de Belén" con Ibrahim, nuestro guía, que no dejaba lugar a dudas en cuanto a su inteligencia; algo que para mí quedaba demostrado claramente por su increíble don de lenguas. Empezó a competir con el amigo Javi sobre cuál de los dos hablaba mejor el catalán, y acabó ganando el beréber por puntos XDDDD. Fue una sobremesa nocturna de las mejores que hemos tenido en el Alto Atlas. ¿Cómo es posible que esta gente aprenda tan pronto, y de forma tan natural, a defenderse tan bien en casi cualquier lengua humana hablada en el mundo?

Al anochecer, un privilegio: tan grande, tan grande, que todos y todas, sin excepción, salimos del recinto para admirar el cielo... Un cielo como ya no tenemos la fortuna de admirar aquí, herido como está por la contaminación lumínica de las ciudades. Miríadas y miríadas de estrellas, de constelaciones: el paraíso para un astrólogo. Los satélites trazaban rutas que se podían seguir a simple vista, como recorriendo los hilos de una telaraña invisible. Vi constelaciones nuevas que no puedo ver en nuestros cielos, y otras que adoptaban otro espacio distinto en el cielo marroquí. El lago reflejaba la luz del Cosmos como un enorme espejo de dura obsidiana negra.

No me extraña que los lugareños digan, entre susurros, que el lago de Ifni está encantado... No me extraña ni lo más mínimo. Realmente, verdaderamente, fue un lugar que encontré completamente mágico, lleno de un misterio ancestral y reservado como el de los antiguos lugares de cultos antiguos, que suelen estar revestidos de una fuerza telúrica tal que todos, sin excepción y si escucháramos atentamente, podríamos detectar.

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Tengo que aprovechar para decir lo que siento con respecto a un tema que me está doliendo mucho. Hoy, que voy a ver de nuevo "La princesa Mononoke", un anime de los mejores y más ecológicos que uno se pueda imaginar, tengo que decir esto.

Desde el pasado martes, Ávila arde. Una zona espectacular, que comprende la cara sur de Gredos y el valle del Tiétar, lleva ardiendo desde el 28 de julio, sin que al parecer nadie pueda hacer nada por evitarlo. Conozco esta zona porque la he pateado, y os juro que era un vergel, un paraíso. Para muestra, un botón.

Antes de ayer, el sol llameaba como una naranja de puro fuego sobre Madrid. A casi 200 kilómetros de distancia, podíamos ver el frente de llamas avanzar sobre la sierra, y el humo del apocalíptico incendio alcanzaba poblaciones muy alejadas, como me confirmaron varios amigos de Alcalá de Henares. Un puto infierno: una devastación gratuita, que simplemente ha sido provocada en alas de vaya usted a saber qué tipo de especulación. Ahora sólo quedan las impresiones y las quejas de los políticos escurriendo el bulto, los gritos de los ecologistas echándose las manos a la cabeza, y los lloriqueos de los lugareños, muchos de ellos más preocupados porque el fuego no llegue a sus maravillosos chalets que por otra cosa.

... Debe ser que les va a encantar, a partir de ahora, tener un chalet en medio de una montaña absolutamente abrasada... Manda carajo la peña, por Dios, y luego decimos de los que vienen, qué país.

Pero así es: ya no queda nada de toda esa belleza que podéis observar en las fotografías. Jamás, en el tiempo que me quede de esta vida, podré volver a disfrutar de estos parajes, que eran, os lo reitero, de una belleza increíble. Jamás podré volver a saborear las fresas silvestres que crecían libres a lo largo de los caminos. Jamás podré volver a reírme con aquel pequeño ratoncillo que vivía bajo el refugio de piedra que habéis podido ver. Es muy posible que hoy, él esté también muerto.

Cuando mi jefa me dijo antes de ayer que creía que iba a pasar algo muy gordo en el planeta, le contesté: "Te digo lo mismo que me responden muchos a quienes les hablo en plan denuncia de la pérdida de los glaciares o de la contaminación del mar: "me importa un carajo". Así, directamente. Por eso te digo ahora que me importa un carajo el destino de la raza humana. Sencillamente, igual nos lo merecemos. Yo, personalmente, no temo a la muerte. El resto, si eso que dices es cierto, que se encomiende a Dios.., o al diablo, si lo cree más oportuno. Ellos sabrán con quién tienen cuentas pendientes".

Jamás volveré a acercarme a esa zona. Nunca fui partidaria de visitar tumbas en los devastados cementerios... Jamás volveré a dejarme ni un duro, aunque sea el importe de una humilde coca-cola, en ese lugar "turístico".., porque sé bien quién tiene la culpa de todo esto. La culpa de que exista la especulación la tenemos todos, señoras y señores: por nuestra apatía, por nuestro mirar a otro lado, por nuestro encogernos de hombros. Así que quédense ahí, con sus magníficos chalets en medio de una montaña agonizante, en medio de un paraíso destruido. Por mi parte, que les aproveche: a ustedes y a las generaciones venideras, incluidos sus hijos y sus nietos, si los tienen.., y si es que están aquí para contarlo después de ustedes, claro está.

Mis raíces son abulenses: al menos la mitad de mi sangre proviene de esa provincia, Ávila.

Y conozco al paisano de allá como me conozco a mí misma. Por eso digo lo que digo.

Ya lo insinuaba Machado, como pudo expresar en su famoso poema "El dios ibero", aquello a propósito del dios adusto de la tierra parda:

"Mas hoy... ¡Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares"

¡Saludos!

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