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miércoles, 13 de mayo de 2009

Saga de Astrea 27- fanfic Caballeros del Zodíaco

...Ayer, el músico de cristal nos dejó para siempre... Antonio Vega, frágil, poeta, increíble alma perceptiva, dios neptuniano de los acordes, se marchó, víctima de una neumonía y de un cáncer de pulmón, a los 51 años. Atrás quedan todavía canciones como "La chica de ayer", "Lucha de gigantes", "Lo que tú y yo sabemos", "Elixir de juventud", "Se dejaba llevar" o "Océano de sol".., y la maravillosa, espectacular, "El sitio de mi recreo".

Descansa en paz, Antonio, tú que fuiste un hito en el camino de la juventud para muchos de los que ahora lloramos tu muerte. Descansa por fin en paz donde siempre quisiste estar: sumergido en las aguas oscuras del amor y la muerte, que nunca pudiste del todo olvidar.

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El otro día escribí este breve poema, y como le he comentado hoy a Valois, quiero postearlo aquí, con algunos arreglos. La he titulado "El Fauno":

"Cuando te veo y logro que el Viejo no me ate,

yo lloro sangre, en cambio, por sentir tus cuerdas

atenazando el ámbar de mi vientre,

y segando mis noches y mis días

con tu lava de siglos...


Tu cuerpo, pura nocturnidad blanca,

pura luna encarnada en el ardiente seno

de la oscuridad granate.., de las sombras...


¡Oh, que a través de tu aliento de tormenta

es como conocí qué significa

encarnarse!

Cuerpo de ángel, alma de ambrosía:

déjame ya acabar, goteando lentamente

como la sangre mía, sobre tu carne abierta".


Y ahora, la conclusión de la historia de Aldebarán, el Caballero de Tauro.., que por ser muy larga, no terminé el otro día. Volveré a estar con vosotros/as el próximo lunes, día 18 de mayo. Mientras tanto pasadlo bien, amigos, amigas, con todo mi amor.

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Su alma se fue desvaneciendo poco a poco
mientras oía a la nieve caer levemente sobre el universo,
como el descenso final
sobre los vivos y los muertos”.
James Joyce

“Te has quedado aquí, de pie, para proteger esta Casa aún después de muerto… Tu fidelidad, tu resistencia, tu honor han sido admirables. Jamás en esta vida conocí a nadie como tú: jamás lo volveré a conocer. Oh, Aldebarán, mi amigo, mi más cercano y querido compañero: he perdido tanto ya, que por vez primera, mirar al futuro con esperanza se me antoja intolerable”.

Mu alzó por fin la vista del suelo. Una luz diminuta, como la pequeña linterna de un hada, jugueteó alrededor suyo. El lemuriano, delicadamente, la atrapó entre sus dedos sensibles, y la observó con reverencia.

- Éste es el único rescoldo, la única llama viva que queda de tu energía cósmica, Aldebarán... ¿Quién te ha vencido? ¿Cómo es posible que se haya desplomado así tu fortaleza? ¿Te atacaron los tres, Saga y los demás, al unísono y a traición?- se preguntó el Caballero de Aries, en voz alta.

Una risa sarcástica y ominosa interrumpió sus divagaciones.

- Ellos no fueron los únicos que pasaron por aquí, Caballero de Aries… El que propinó el golpe de gracia a Aldebarán fui yo.

Mu se revolvió aparatosamente. Sus ojos lanzaban llamaradas de pura ira incontenible.

- ¿Sabes? Ni siquiera opuso resistencia- añadió aquel ser despreciable, que se regodeaba en su propia victoria- Fue un rival absolutamente ridículo. Yo soy Niobe de Deep, la Estrella Oscura… Qué fácil fue todo para mí.
- Aldebarán…- pronunció Mu, nuevamente… Despacio, masticando las sílabas, como si no acabara de creerse aquella desgracia, o como si deseara acicatear su propia cólera a propósito.

La risa de Niobe resonó por toda la Casa Segunda. Mu apretó el puño con fuerza: el mismo puño en el que guardaba aquella luz diminuta que era el último recuerdo del cosmos de Tauro.

- Sois los Espectros, los Espectros de Hades… El Señor del Infierno está decidido a acabar con todos nosotros, ¿verdad? No se trata tan sólo de los antiguos Caballeros: es una invasión en toda regla. O quizá el dios del Inframundo haya decidido hacer limpieza en su repugnante reino. Ah.., posiblemente se trate de eso: el Hades escupe con rabia a todos sus gusanos.
- ¡Silencio!- advirtió aquella criatura oscura y contrahecha, cubierta con una armadura que despedía reflejos metálicos- Yo te haré disfrutar, con todo placer, del mismo final que sufrió Tauro.

Mu vio como el Espectro adoptaba lo que parecía ser una posición de ataque, pero en principio no sintió absolutamente nada. Segundos después, empezó a percibir un hedor brutal, que calaba hasta los huesos y que lo envolvía completamente: el olor que desprendería la misma muerte, si oliese a algo. El lemuriano empezó a flaquear, y sus sentidos se embotaron. Se sintió paralizado, como si el alma se le escapara lentamente, y él asistiera a su propio funeral desde un lugar remoto. Oyó a lo lejos la risa estentórea de aquel ser, de Niobe de Deep, que parecía experimentar un satisfacción inmensa con todo aquello. Mu desapareció, y el Espectro avanzó unos pasos, sin poder ocultar su soberbia.

- Hasta nunca, Mu de Aries… Qué débiles resultaron ser los Caballeros Dorados… ¡En poco tiempo ya he aniquilado a dos de ellos!

Niobe avanzó resuelto, pero de repente, se topó con un obstáculo: un muro que parecía fabricado en puro diamante, y que había sido, hasta el momento, invisible a sus ojos.

- Pero.., ¿qué es esto?

La Estrella Oscura palpó la fría superficie, y apenas un segundo después, unos ojos aparecieron justo delante de su cara. Unos ojos que se abrieron, airados. Unas pupilas que ardían con una cólera verde, con un fuego abrasador preñado de resolución y de poder. Niobe sintió, por vez primera, la puñalada aguda de un miedo indomable. La pared de cristal se quebró en mil pedazos, enviando al Espectro metros y metros más allá; se desplomó contra una columna, aturdido por aquel golpe rápido y certero.

- Eso es el Muro de Cristal, Niobe… Nada, ni siquiera tu fragancia mortal, puede penetrarlo sin mi permiso- aclaró el lemuriano, fríamente.

Mu pasó de largo frente al caído y siguió adelante, sin molestarse en cubrirse las espaldas.

- ¡Espera! ¿Dónde crees que vas, Aries? ¡Esta batalla aún no ha concluido!
- Resulta absurdo, además de estúpido, combatir con alguien que ya está muerto, ¿no te parece, Niobe?- contestó Mu, displicente.
- ¿De qué estás hablando?
- ¿En serio crees que venciste a Aldebarán?- Mu seguía apretando el puño con fiereza; pero su contención era perfecta, y tan sólo un leve temblor en la voz evidenciaba la ira y el dolor que, a la par, sentía- Mientras tú estabas seguro de haberle derrotado con tu hedor repulsivo, la verdad es que él destrozó todo tu cuerpo con su último ataque, el Gran Cuerno- el lemuriano echó a correr, alejándose.
- ¡Tonterías! ¡No es verdad! ¡No es cierto!- Mu pronto escuchó una ligera explosión en la distancia: el cuerpo de Niobe, en efecto, se desintegraba, y enseguida aquella voz miserable no fue más que un sonido oscuro, que se diluyó finalmente entre todos los demás ecos del Santuario.
El Caballero de Oro de Aries traspasó la Casa Segunda y salió al exterior del recinto sagrado... Abrió por fin el puño, dejando libre aquella luz clara, aquel retazo de un alma generosa que había guardado, como un tesoro, todo ese rato junto a su pecho.

- Aldebarán: me salvaste la vida, al recibir mi intuición tu advertencia silenciosa... Pude sentir el último rastro de tu esencia en la Armadura de Tauro, y ello me permitió estar en guardia y bloquear su ataque- musitó el Caballero, mirando hacia las estrellas.

Y entonces, Mu dejó también en libertad todo su dolor, toda su rabia, toda su frustración contenida a la fuerza durante tantos, tantos años… Lloró lágrimas dulces y lentas, lágrimas interminables, y esas lágrimas se vertían tanto por su compañero, como por él. Un río que no se acababa nunca: así era el llanto de Aries. Así era el llanto que nadie, nadie, había visto jamás brotar. El diminuto resplandor se elevó en el aire, como una luciérnaga, abandonando al lemuriano, y se perdió rápidamente de vista, en el cielo azul oscuro, aterciopelado, prosiguiendo su viaje; rumbo a casa.

- Yo te juro que tu sacrificio no será en vano, Aldebarán... Ten por seguro que nunca abandonaré nuestra misión. Mi hermano, mi amigo: conviértete en una estrella.., y vela por nosotros.., vela por mí.., para siempre".

2 comentarios:

Corsario Sideral dijo...

Hola wapa!

Mira que nuevamente pasando muy a gusto como todos los días, me encuentro con una joyita como este post. Una delicia poética Andrómeda.

Esta parte de Saint Seiya es de lo más triste entre toda la serie. Aldebarán, menospreciado por Kurumada y de seguro por muchos fans de la serie, era el santo con el espíritu más genuinamente humano y cercano de entre todos los personajes.

Gracias por todo, Andrómeda

Andrómeda72 dijo...

Uy, sé: anda que cuando sale el bueno de Aldebarán con la florecilla y la niña, aghhhhh.., ¡a mi se me caían lagrimones como puñossss!

Gracias a ti, Harlock.., ya sabes, a mandar, hermanito :-)