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lunes, 16 de febrero de 2009

Una muerte en la montaña

Eran las 11 y algo de la mañana, y nosotros estábamos allí...

Sí: habíamos decidido ir a esquiar. Estábamos en la pista de esquí de fondo de Cotos, en Guadarrama, porque tuvimos suerte y encontramos un aparcamiento libre, absolutamente de chiripa. Habíamos dormido en Rascafría. Me habían preguntado si me apetecería ese domingo hacer algo de cumbre, con piolet y crampones. Me negué: no me apetecía; prefería esquiar los dos días del fin de semana, aprovechando el sol, el buen tiempo y la nieve aún abundante.

Oímos los helicópteros mucho antes de verlos... El de la Comunidad de Madrid de rescate, el rojo, iba y venía como un insecto dramático, fijo en ocasiones sobre el embudo final, cercano al bosque de pinos, de los Tubos de Cabezas de Hierro. Los dos amarillos del SAMUR, mucho más pesados y menos operativos, aterrizaron pronto sobre las pistas de esquí de fondo, expectantes. Es una de las mejores bases para los helicópteros, me explicaron, porque es llana y está cerca de todo el principal meollo de la sierra madrileña. Tuvimos que protegernos del fuerte viento que levantaban al aterrizar.

... Y es que en toda mi vida montañera, jamás he visto tal afluencia de público a estas cumbres. Hablamos con un esquiador de travesía, y había visto a gente haciendo cosas raras por las canales de Peñalara. Gente sin preparación ni equipo.., de ésos subían muchos, se les veía dispuestos a conquistar la montaña. Nosotros vimos las enormes cornisas de nieve cercanas a la Maliciosa. Vimos cómo brillaban las cumbres, como podéis apreciar en la foto. La nieve enseguida evoluciona. Las grietas, a veces, no se ven. El hielo, cuando pega el sol, es traicionero. Había, además, riesgo de aludes. El buen día no pudo engañarnos: no me sentía motivada para subir. Preferí quedarme en tierra, esquiando.

Tenía 40 años.., y mucha vida por delante.

Tengo una foto donde se ve cómo intentan reanimarla, sin éxito. No he querido ponerla: por respeto, y porque no. Enseguida supimos que no había nada que hacer, porque con el compañero, de 51 años, los equipos de rescate se aplicaron a fondo, y le sacaron adelante. Impecablemente, el helicóptero rojo iba y venía, tratando de encontrarles, hasta que lo consiguió. Una espera dramática. Estamos hablando de canales muy empinadas, con caídas de entre 300 y hasta 500 metros. Estaban descendiendo de Cabezas de Hierro (a veces, siempre pienso, hay que prestar especial atención a los nombres en el monte). Casi una hora y media de búsqueda.

Lo más triste de todo: minutos antes de este suceso, con resultado de muerte, ya había habido otro accidente. Misma zona, Cabezas de Hierro. No me canso de repetirlo, no me cansaré: ojo con los Tubos. Ojo con hacernos los "machos", los unos y las otras. Guadarrama no tendrá 4000 metros, pero todos los años muere gente. Todos los años. Así que nada de tonterías con la sierra madrileña...

Vi dentro del helicóptero rojo al profesional que los sacaba de la montaña... Con el arnés cuajado de ganchos, de cintas, de equipación de escalada... Me sentí muy mal, en un momento dado.., y lo único que se me ocurrió fue llamar a casa para avisarles de que yo, al menos, estaba sana y viva. Había cobertura suficiente en Cotos. Mi familia no se entera, a veces, de si voy a esquiar o a escalar, o a hacer montañismo, trekking o qué. Sobre todo, mi madre. Y sabía que iba a salir el tema, probablemente, en las noticias.

Efectivamente: y el tema salió.

Tened cuidado con la montaña. Mucho cuidado. Aprended en ella de gente prudente y con experiencia. Y si no os veis capacitados para seguir adelante, tanto mejor: dad media vuelta sin reparos. Mejor una cumbre invicta, que una familia destrozada. Mejor un pico por conquistar, que perder la vida.

No quiero pensar cómo se encontrarán ahora mismo los compañeros de la montañera fallecida.., del club que ayer pretendía descender esas cumbres por tan peligrosa ruta... Eran unas 20 personas las que constituían la excursión. No quiero ni imaginar, ahora, su estado de ánimo.

La montaña es la vida y es, a la vez, la muerte. Es la existencia en su estado más puro. Por eso, quizá, nos atrae tanto a los amamos la vida con todo el ardor de nuestro corazón.

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