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martes, 20 de enero de 2009

¿Quién es el cabrón que se ha comido mi queso?

A instancias mías (ya que le he animado porque me parece sumamente interesante la línea que va tomando en los últimos tiempos su pensamiento), Castor vs Póllux me envía esta reflexión sobre las cositas agradables que están ocurriendo en nuestro país, España.., es decir, la tan traída y llevada crisis económica. Espero no aburrir a todos aquellos que me leéis desde otras latitudes: más que nada, porque este asunto, vía globalización, me da al corazón y al alma que va a afectarnos a todos. Transcribo directamente su correo electrónico. El título también es de su cosecha. ¡Que lo disfrutéis!
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"Menudo cuento

Érase una vez que se era, una economía en perfecto equilibrio, en la que la demanda era igual a la oferta y los empresarios, buscando su propio beneficio, de forma indirecta lograban mejorar el nivel de vida de todos.

Y este maravilloso milagro se debía a lo que un señor, que se llamaba Adam Smith, llamó “la mano invisible”. Claro, que este señor la había diñado en una época en la que lo más parecido a Internet y la globalización eran los trenes a vapor… Vamos, que ha llovido un poco desde entonces. Ha llovido, hemos sufrido pertinaces sequías y hasta nos ha dado tiempo a que cambie el clima, oigan.

Pues bien: este cuento tan de buen rollito, me lo contaron a mi también hace bastantes años, en la Universidad. Allí me explicaron que, para que este sarao funcionara, necesitaba que cada uno cumpliera su papel como Dios manda, es decir:

- El empresario, a buscar beneficios, para lo cual tenía que pedir prestado dinero a los bancos con el que invertir en sus negocios.

- Las familias (o lo que es lo mismo, currantes y currantas), con una mano a ahorrar, para poder meter su dinerito en el banco, y prestárselo luego a las empresas.., y con la otra mano a consumir: o lo que es igual, a comprar lo que las empresas fabricaban, porque sin demanda no hay negocio que tire para adelante.

Luego, también existía un tercer sector, que era el sector público; pero ése no contaba, porque era como el lobo feroz, que se comía a la abuelita y todos los impuestos que recaudase. Es lo que tiene el haber estudiado en una Universidad donde el liberalismo económico era casi religión… Y eso que el rector era socialista de carnet de los de toda la vida…. Cosas veredes, amigo Sancho.

El caso es que así vivíamos tan felices y contentos, disfrutando de un crecimiento de la economía como el que nunca antes habíamos vivido. Todo era algarabía y felicidad, hasta que de repente empezó a oírse una palabra terrible: “CRISIS”.

De repente, donde antes había derroche, desenfreno, Audis A4 y minipisos a cojón y medio, hoy hay parados y miedo, mucho miedo. Tanto, que ayer mismo un famoso periódico hizo una entrevista sobre el tema al Vicepresidente Económico del país de Nunca Jamás, el nunca suficientemente valorado Don Pedro Solbes. Transcribo dicha entrevista… Bueno, quizás la transcripción no sea literal, pero les juro ante lo más sagrado que en esencia, lo que venía a decirse era esto:

Periodista: “Buenas señor Solbes…. Y usted, ¿qué opina de la economía?
El Vice: “Errrrhhhhhggggg…. Pues, así, de pronto, diría que errrhhhhhggggg…. Vamos, que pintan bastos y van a caer andanadas de hostias, así, como que nos las van a dar todas en el mismo lado… ¿Cómo diría yo?… Nos van a dar la del pulpo, la nuestra y la del vecino”.
Periodista: “ Pero, pero, pero, ¿¿¿¿¿ y la década de crecimiento económico??? ¿Cuando éramos la envidia cochina de toda Europa?....
El Vice: “Buenooooohhhhgggggg…. Digamos que, Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita, ¿sabeusté?.

El periodista (que ha estudiado una asignatura cuatrimestral de Economía y ha oído que llueve pero no sabe por dónde): ¿Y la mano invisible?... ¿Qué ha pasado con ella?
El Vice: “Sin tener datos oficiales y definitivos, pero basándome en la experiencia de los últimos meses, eeehhhhhh… Yo diría que la mano invisible, y concretamente el dedo índice, está a punto de hacerle a usted, en estos precisos instantes, una exploración rectal”.
El periodista (que a la vez que descubre nuevos placeres antes insospechados, se siente feliz porque, al ser becario y salir casi gratis, no se encuentra en la lista de los tres mil despedidos del grupo PRISA): “Bueno, para finalizar la entrevista, querría preguntarle por qué no se han exigido garantías a la banca, para que todo el dinero recibido del Estado (antes conocido como lobo feroz) fuera repartido en forma de créditos?
El vice: “Si no le importa, a esa pregunta no voy a reponder”.
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La tarta de queso

No sé a ustedes ni al periodista, pero a mi, todo esto me huele chungo, muy chungo… “Algo huele a podrido en Inglaterra”, pero en versión global. No sé por qué, pero me acuerdo de la mierda de libro ése, que trataba de unos ratones que se dedicaban a mangarse el queso los unos a los otros, y que tenía como moraleja algo así como: “te van a joder vivo, te van a robar el queso y encima.., te tiene que gustar”… Olé y olé.., pues algo así hay en todo esto.

El caso es que hace poco, como se suele decir, tuve una revelación:

Salía el viernes del trabajo, cuando una visión resplandeciente, brillante, cegadora, se presentó ante mi y me dijo: “¿Quo Vadis, Domine?”… Yo, atemorizado y con un hilo de voz respondí: “A pedir un préstamo”. Y entonces la visión se acercó, hasta que pude verla con claridad. Era Anne Igartiburu, que me dijo: “Eso esta hecho, hombre: aquí tienes tu crédito para comprarte un pisito en Marina D`or, Ciudad de vacaciones, a pagar en cómodos plazos durante el resto de tus días, y los de los hijos de tus hijos.”

Yo, feliz como una perdiz; y como me sobraba el dinero, me fui directo al Media Markt donde, para celebrarlo, me compré una televisión con pantalla panorámica y Dolby Surround, y acto seguido me fui a ponerme ciego de marisco con la parienta. Fue justo después, en plena resaca de albariño y orujo, cuando lo vi todo claro:

Una década de crecimiento económico, así, año arriba, año abajo... Los beneficios de las empresas creciendo año tras año… Y sin embargo, la capacidad adquisitiva de las familias exactamente igual que al principio del periodo. ¿Y cómo coño tengo yo esta resaca? ¿Y mi chalet en la playa, y mi pantalla panorámica?

Muy fácil. Voy a comparar la economía con la tarta de Santiago que me metí ayer entre pecho y espalda. Durante este tiempo (la etapa de bonanza económica), la tarta ha ido creciendo y creciendo, gracias a que la demanda y el consumo ha ido también creciendo sin parar. Cada uno de nosotros queríamos más tarta, más televisiones y más chalets. Los empresarios, para satisfacer esa demanda, produjeron más y más, aumentando la oferta y de paso, sus beneficios.

Según “la mano invisible”, ese aumento de la economía debería haber beneficiado a todos; es decir, el empresario busca que su trozo de tarta sea cada vez mayor, y con eso lo que consigue es que la propia tarta crezca, y con ella, el trozo que se come el trabajador…

… Pero no ha sido así: en estos años, el trozo de tarta del trabajador ha seguido exactamente igual; su capacidad de compra no ha aumentado ni lo mas mínimo.

Y si las familias no tienen más dinero, no demandan más, no consumen más y el sistema no funciona; así que tenía que hacerse algo para que esa demanda aumentase, a pesar de que su trozo de tarta estuviera fosilizado desde tiempos de Carracuca.

La solución fue darnos créditos. Prestarnos dinero para que siguiéramos comprando.

Resumiendo: toda la riqueza que se ha creado durante estos años ha beneficiado en exclusiva a las empresas.., mientras que a las familias se les ha dado préstamos, con los que ha existido la sensación de mejora económica, traducida en un mayor consumo, que era el que tiraba del carro.

El problema es que los beneficios del sector empresarial no van a devolverlos, porque son legalmente suyos; es su trozo de tarta.., mientras que el trozo de tarta que nos hemos comido nosotros, ha sido prestado… Y más tarde o más temprano, tocará devolverlo.

Por cierto, la tarta era de queso…. Y me temo que me la han robado.
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Una de piratas

A estas alturas, ya nos hemos dado cuenta de que algunos se lo han llevado crudo, mientras que nosotros estábamos viéndolas venir. Y así nos hemos quedado: con cara de gilipollas.

Estaba claro que esto no era sostenible, porque las familias, como me decían en la Universidad, además de consumir, tienen que ahorrar, para poder prestar a las empresas; y en este tiempo, precisamente lo que han hecho ha sido exactamente todo lo contrario: pedir prestado.

Mucho me temo que la “crisis financiera” (no confundir con la real, que es aquella en la que la mano invisible nos va a dar por culo a todos) no es más que lo que los inversores en bolsa suelen llamar “recogida de beneficios”. A mi, personalmente, que he crecido con las novelas de Emilio Salgari, me recuerda más bien al Olones, pirata y hereje, cuando después de saquear Maracaibo dijo: “Vamos colegas: levando anclas que aquí ya no queda nada que rascar, y el último en salir que apague las luces y cierre la puerta”.

Vamos, un asalto a mano armada: y nosotros sin enterarnos.

Lo peor es que, como hemos dicho, los créditos hay que devolverlos y ahora (y en los próximos años más todavía) nos vamos a encontrar con mucha gente cogida por las gónadas.

¿Servirá esta crisis para cambiar el funcionamiento de este sistema? Noooooo; evidentemente, ningún político ni nadie va a decir: si lo que hay que hacer es aumentar la demanda, aumenten el poder adquisitivo de los que tienen que consumir, o sea los currantes; den un trozo de su pastel a las familias. ¡Menudo ataque de risa!… Todo lo contrario: como los piratas del Caribe, éstos no pueden dejar que la gallina de los huevos de oro la palme, ni pueden permitir que se acabe el chollo; serán condescendientes con los pobres y derrochadores ciudadanos, y para que puedan devolver sus deudas, les darán nuevos créditos. Y así, tenemos aseguradas nuevas generaciones de dóciles trabajadores atemorizados por no pagar sus deudas, pero que seguirán consumiendo.., como es su deber.

Eso, hace siglos, se llamaba esclavitud.
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¿Y ahora?

Hasta ahora he estado hablando de “familias” y “empresas”. A los primeros, quien más quien menos, les tenemos identificados: vamos, los currantes de distinta raza y condición, pero.., ¿quiénes son los segundos?.... Evidentemente, no me refiero al frutero de la esquina (por muy digno empresario que sea, que lo es ;-), sino a las empresas de la Nueva Economía, del mundo globalizado.

Antes, las empresas eran propiedad de la familia XXXXX (donde van las X poner algún apellido, a ser posible que suene a burguesía catalana, o similar); pero ahora, ¿de quién son propiedad?

Tenemos la empresa ACME, cuyo capital está dividido en acciones, que son propiedad de las empresas Cañones S.A. y Mantequilla S.A. A su vez las acciones de ambas empresas son propiedad de CAINASA y ABELSA, que por su lado, pertenecen a la ya mencionada ACME y a la banca USURA, mayoritariamente participada por Cañones S.A.

¿Quién es el dueño?... Está claro que nadie. Algo que hace mucho existe en Derecho, como son las personas jurídicas, en contraposición con las personas físicas: esto, en la Nueva Economía ha dejado de ser una ficción legal, para convertirse en una realidad. Las grandes empresas que manejan la economía han cobrado autonomía, y ellas son las principales beneficiarias del actual sistema. Ellas se están comiendo nuestro queso.

Una vez dicho esto, sólo queda preguntarse, ¿y ahora qué?, ¿Qué hacemos?, ¿Cómo se resuelve este sarao?

Pues la verdad, no tengo la menor idea. Les dejo a ustedes pensando... Y mientras tanto, a ver si se me vuelve a aparecer Anne, y tengo otra revelación".

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